24 enero 2012

La Escuela Económica Islámica

Las escuelas Capitalista y Comunista son idénticas en cuanto a su fracaso, y es precisamente por la misma causa, o sea, la visión materialista y la pugna individual que imponen ambas escuelas, por lo que dejan el camino libre para la aparición de esos antagonismos (sociales)....
Por: Muhammad Baqir Sadr.
Traducción: Feisal Morhell.

En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso

(I Parte) | Las Particularidades de la Economía Islámica

La economía islámica presenta dos particularidades fundamentales que se manifiestan tanto en sus objetivos como en los medios que ha dispuesto para su materialización: el realismo y el moralismo.

En cuanto al realismo, éste consiste en “...una economía real en sus objetivos, ya que procura en su régimen y normas los objetivos que armonizan con la realidad humana, teniendo en cuenta su naturaleza, tendencias y características generales, y tratando siempre de no ignorar el humanismo en sus consideraciones legislativas, ni de ceñirlo a ambientes extremadamente idealizados que se encuentren por sobre su facultad y capacidades. En lugar de ello, establece sus lineamientos económicos siempre en base a la visión realista del ser humano, y procura los objetivos reales que se corresponden con dicha visión”, [1] por lo que se esfuerza en materializar la justicia social, y proteger al ser humano de los diferentes tipos de pobreza y miseria; incluso se esfuerza por producir las condiciones adecuadas para su vida y para garantizar su honor y humanidad. Con eso, se diferencia del régimen capitalista que pretende la existencia de una ley natural -y espontánea- detrás de los móviles de la vida económica, para justificar las diferentes clases de codicia y explotación, y atribuir legalidad a esa situación corrupta.

Asimismo, se diferencia del régimen comunista, el cual ahoga al ser humano en un idealismo e imaginación ilimitada, mientras da albricias de la creación de esa sociedad inmaculada, y ese elevado modo de vida y paraíso terrenal.

Esto es en lo relacionado a los propósitos y metas. En cuanto a sus procedimientos y medios, el sistema económico islámico también es realista. “... Así como procura la propósitos reales y posibles de concretar, asimismo garantiza la materialización de esos propósitos de una forma segura, real y material, y no se contenta con garantizaciones en la forma de consejos y orientaciones como las que dan los sermoneadores y orientadores, puesto que quiere hacer efectivos esos objetivos de la mejor manera. Así, no se contenta con dele garla a la misericordia de la casualidad y el destino, y cuando, por ejemplo, procura originar la seguridad social en la sociedad, no se vale únicamente de métodos de orientación de los sentimientos, sino que afianza eso con la certificación jurídica que dispone la misma como de necesaria materialización en cualquier caso”. [2]
 
La segunda particularidad de la economía islámica es la del moralismo, el cual a su vez se ocupa no sólo de sus objetivos sino también de la vías para llegar a ellos.

La particularidad del moralismo “... está en que los objetivos del Islam que se quieren materializar en la vida económica. de la sociedad, no se basan en condiciones materiales y requisitos naturales independientes del ser humano mismo, como lo hace el marxismo al inspirar sus objetivos a partir de la situación y condiciones de las fuerzas de producción... sino que solamente considera objetivos en su condición de reflejante de los valores prácticos que desde el ángulo de la moral son de necesaria efectivización. Cuando dispone la garantización de la vida del trabajador, por ejemplo, no cree que proceda de las condiciones materiales de la producción”. [3] Y se hace patente la particularidad del moralismo -en lo que se refiere al método- en la fe del Islam en la necesidad de originar condiciones internas y personales en la acción de materializar los objetivos y metas de la economía islámica. Por eso, “el Islam se preocupa por el factor psíquico, a través de la manera que dispone para concretar sus objetivos y metas. Así, en el método que dispone para ello, no solo se preocupa del objetivo -que es el que se cumplan esas metas- sino que significa de una forma especial unir el factor interno y el personal de manera que esos objetivos se hagan efectivos”. [4] Es así que el Islam no se contenta con tomar parte de la riqueza del rico en beneficio del pobre (como sucede con la limosna obligatoria), sino que se encarga de crear el móvil moral y el factor de bondad en el alma del mismo rico, y dispone esa práctica como una “adoración religiosa” que no se distingue del resto de las formas de devoción -en lo que se refiere al concepto de adoración y acercamiento a Dios, Glorificado Sea-, lo cual lleva a mermar el fenómeno de escapar de pagar los impuestos y cumplir con las obligaciones fiscales.

El engaño de la Realidad Aplicada

La escuela económica islámica se ha plasmado en la realidad de las relaciones económicas que imperaban entre los miembros de la sociedad islámica en épocas de la profecía y períodos subsecuentes, y es por lo cual se hace necesario estudiarla en ese nivel de aplicación, al considerárselo un espejo que refleja esbozos de la economía islámica y de sus particularidades. Aquí comienza el problema al que se enfrenta el investigador islámico, ya que entonces se le hace necesario diferenciar entre su estudio de la escuela económica en los textos estipulantes (nass) de la ley islámica, y entre su estudio dentro del marco de la aplicación, puesto que "...los textos estipulantes de la ley islámica, en lo relacionado a la teoría, son más competentes que la realidad aplicada para concluir la disposición doctrinal, ya que la aplicación de un texto jurídico en una circunstancia determinada, puede no reflejar el grueso contenido de dicho texto, ni vislumbrar completamente sus alcances sociales, puesto que lo que inspira la aplicación y su contribución teórica se diferencia de la contribución ideológica brindada por los mismos textos jurídicos. La causa de esta diferencia es que la aplicación engaña a los sentidos que participan en el análisis, al estar la aplicación relacionada a condiciones circunstanciales determinadas...”. [1]

El mártir Muhammad Baqir As-Sadr, presenta ejemplos del engaño que es producto de la realidad aplicada, por lo que señala la necesidad de ser advertido y cauto, y abstenerse de tropezar en los laberintos de esa realidad engañosa. Entre esos ejemplos está: la libertad económica que el investigador puede llegar a suponer que gozaba la persona que vivía en la época de la legislación, desde que no había restricciones que limitaran su libertad y aprisionasen su actividad, por lo que era libre de explotar las riquezas naturales, los minerales y el resto de las mercedes. Ello es lo que deducen algunos que tienen tendencias capitalistas. Si el investigador se contenta con basarse en el estudio de esa realidad en particular sin referirse a los textos jurídicos, le habrá vencido su engaño, mientras que es capaz de verse a salvo del mismo refiriéndose a los textos jurídicos que expresan con superioridad y aptitud las particularidades y aspectos de la economía islámica, ya que dichos textos prohíben atribuirse la propiedad de los recursos naturales, y asimismo (prohíben) su explotación en una medida que rebase la necesidad personal, además de haber condicionado que en ese caso sea directamente la misma persona la que realice tal explotación.

Con esto se hace patente lo errado de esa “realidad aplicada” y su engaño, y se manifiesta la desproporción existente entre la teoría y la aplicación, cuya causa está en las condiciones en las que vivía la persona de la época de tal aplicación, y los tipos de medios que poseía, ya que el tenor no-capitalista de la economía islámica se encontraba hasta cierto punto encubierto en el ámbito de la aplicación, en correspondencia al reducido grado de los medios con los que contaba el ser humano y de su poder sobre la naturaleza. El tenor no-capitalista se manifiesta en forma progresiva en el ámbito de la aplicación correcta del Islam, en la medida que se elevan esos medios y se amplía ese poder. [2]


 
La Economía Islámica: una parte de un todo (II Parte)

La economía islámica es una expresión de la cosmovisión islámica para organizar la vida económica, la cual no está separada del conjunto de numerosas visiones islámicas que organizan otros aspectos de la vida del ser humano. Esas visiones representan en su conjunto la estructura islámica general que procura organizar los diferentes aspectos de la vida humana. Por ello, son homogéneas y armónicas, se complementan unas con otras, y se considera a la exclusión de cualquier parte de esa estructura general y su alejamiento de la escena de la vida, como un intento de aniquilar las oportunidades de éxito en el accionar del resto de las estructuras islámicas, como un obstáculo de su accionar, y como un barrera que impide que dé sus frutos y rendimiento esperados.

Partiendo de esa realidad, el mártir Muhammad Baqir As-Sadr hace hincapié en el importante papel que desempeñan las estructuras generales de los sistemas sociales para asignar sus lineamientos económicos. Por eso, considera un error que no demos la importancia correspondiente a la forma islámica general y que no tengamos en cuenta la naturaleza de la relación existente entre la economía y el resto de las partes del sistema, y la mutua influencia entre las mismas dentro de su estructura orgánica general. [1]
 
La estructura islámica general no está separada de las condiciones que le fueron dispuestas, sino que le fueron suministrados todos los elementos de permanencia y fuerza. Si la estructura islámica general consiste en el conjunto de estructuras sociales, económicas y políticas del Islam, entonces las condiciones dispuestas para estas estructuras -según lo delimita el Mártir As¬-Sadr- constan de los siguientes elementos:

Primero: La creencia. Es la regla central en el pensamiento islámico, la cual delimita la visión fundamental del musulmán '. respecto al universo de una forma general.

Segundo: Los conceptos, los cuales reflejan la opinión del Islam para explicar los asuntos en base a la visión general que es determinada por la creencia.

Tercero: Las emociones y sentimientos que el Islam debe desarrollar y transmitir, y que marchan paralelamente a esos conceptos, puesto que el concepto -en su condición de visión islámica respecto a un suceso en particular- hace surgir en el alma del musulmán sentimientos particulares frente a esa realidad, y delimita su orientación emocional hacia ello. Por eso, los sentimientos islámicos son producto de los conceptos islámicos, los que a su vez fueron dispuestos a la luz de la creencia islámica.

Esa relación y mutua influencia entre las condiciones y la estructura islámica general, y el profundo vínculo existente entre los elementos de esa estructura, representan la condición fundamental para el éxito del sistema social islámico, ya que “... cuando la sociedad islámica perfecciona su orden y estructura general, sólo entonces podemos esperar de la economía islámica, que presente su particular mensaje en relación a la vida económica, que garantice a la sociedad las causa de la felicidad y el bienestar, y que obtengamos de ella los mejores frutos”. [2]

22 enero 2012

Vamos a comprender mejor el sagrado Corán

Los rasgos para establecer la condición de Mensajero del Profeta del Islam son los que ya hemos expuesto. Las condiciones y señales evidentes que deben existir en cada portador de un mensaje celestial se muestran en nuestro Profeta.

Profecía y Mensaje están estrechamente vinculados al indicio que muestra la relación entre la demandante condición de profeta con el ámbito supra-natural. El milagro es la evidencia más clara y objetiva que desarma a aquellos que ilógicamente niegan la profecía, porque demuestra que la afirmación del profeta está basada en una realidad.

Todos los profetas tuvieron un único objetivo en el cumplimiento de su misión divina, sus enseñanzas eran de un tipo similar, sin perjuicio de las peculiaridades de la misión de cada uno, y las realidades que expusieron sobre el ámbito supra-natural sólo se diferencian en el grado de detalle. Es cierto que hay diferencias en cuanto a los actos de culto y las relaciones sociales; un principio común subyace a las diferentes formas que tienen en cuenta las características específicas de cada edad y representan un proceso evolutivo.

Parece que una de las razones de la variación en los milagros es que, en los tiempos de profetas anteriores, la gente se inclinaba a creer sólo en base a las observaciones materiales de los objetos visibles, aquellos que no contenían ningún contenido espiritual. Las directrices impuestas al pensamiento humano por los profetas y sabios de la época, encaminaron la atención de las personas hacia el ámbito privado, que a su vez era el factor más importante que los separaba de Dios, conduciendo sus mentes a estancarse. La destrucción de esa restringida manera de pensar, por lo tanto, fue un objetivo principal de los profetas.

Los mensajeros, la paz sea con ellos, fueron enviados por Dios para erradicar esta fuente de error, al confrontar a los videntes y adivinos con hechos de un tipo similar a los que éstos presentaban, pero disfrutando de una ventaja especial que los colocaba fuera de toda competencia.

Mediante el poder del milagro, los mensajeros negaron y destruyeron la causa principal de los actos humanos erróneos: la separación de los seres humanos de Dios y su deslumbramiento ante los actos realizados por los adivinos de la época, que esclavizaba sus espíritus. Mediante la demostración de sus propios milagros y el establecimiento de los principios reales de la religión divina, abrieron las puertas de la orientación, el crecimiento y el desarrollo hacia la perfección, vinculando a Dios todas las dimensiones y actividades de la vida humana. Todo ello expresa la verdadera naturaleza del milagro.

El Profeta del Islam comenzó a transmitir su mensaje celestial en medio de una sociedad donde las preocupaciones de la gente giraban exclusivamente en torno a un elocuente discurso, a una composición poética hermosa o a la excelencia literaria. Precisamente, esta concentración en un campo de actividad que no puede ser contado entre las preocupaciones básicas y vitales del ser humano, es un factor importante que explica la prolongación del estancamiento del pensamiento y la falta de atención a la fuente de la existencia.

En este contexto, Dios dota a su Profeta con un arma, el Corán, que aunque al parecer pertenecía a la misma categoría que las obras literarias de la época, tenía características singulares y sorprendentes que estaban más allá de la capacidad del ser humano para producirlas.

La dulzura de las palabras del Corán y la atracción ejercida por los versículos del libro de Dios, llenó los corazones de los árabes con una nueva sensación y percepción. Su profunda atención se fijó en esta confianza divina que había sido dirigida hacia ellos, en esta obra inimitable. Versados como estaban en las artes y sutilezas de la retórica, se dieron cuenta de que la extraordinaria elocuencia del Corán iba más allá del poder del hombre para producirla. Resultaba imposible que alguien pudiese escuchar el Corán y comprender su significado sin ser afectado profundamente por su poder de atracción. Desde el comienzo de la Revelación, el Corán fue, ya desde entonces, el factor más importante que encauza al ser humano hacia la religión de Dios.

Por otra parte, si el profeta del Islam hubiera realizado un milagro aparte del Corán, dada su estructura mental, no solo no habría tenido ningún sentido para la gente sino también habría abierto un camino para todo tipo de dudas y vacilaciones. No obstante los árabes de esa época, quienes fueron atendidas por el Corán nunca podrían tener duda acerca de su extraordinaria elocuencia, por lo que ellos eran muy conscientes de todos los misterios de la retórica ya que vivían entre ellos, maestros de la lengua y la composición literaria.

Al mismo tiempo, de ahí que el Corán ha llegado a ser un milagro eterno y dispuesto a propagar la ciencia y el aprendizaje entre los seres humanos, ha considerado también como un milagro científico. Se ha expuesto de manera más elocuente, realidades de una naturaleza metafísica junto con todo lo que alude (aunque son escasos) a la felicidad de la miseria del ser humano. Si bien para los no familiarizados con el idioma árabe, su prodigio casi no es sensible, se puede percibir su naturaleza milagrosa de los significados y contenidos.

La limitación en el tiempo de los milagros realizados por los profetas anteriores era una indicación de la transitoriedad de sus religiones así como de las leyes que trajeron. Por el contrario, el milagro que acredita la profecía de Muhammad (p), no puede ser temporal y limitado, porque su mensaje es universal y representa la culminación de todas las religiones anteriores; su profecía requiere un milagro eterno, una prueba brillante y elocuente de su inmortalidad.

Un mensaje permanente debe manifestar a la humanidad un milagro permanente, que avance con el tiempo, que de la misma manera que ofreció una prueba convincente a la gente del pasado, puede hacer lo mismo con la gente del futuro. Un milagro efímero que sea imperceptible para las generaciones futuras, no puede se considerado como una fuente de referencia válida o como criterio para el futuro.

Por esta razón, el Corán se presenta como un milagro permanente y duradero, como la manifestación final de la revelación de Dios. El propio Corán dice:
“La Palabra de tu Señor, el Corán, es completamente cierta y justa. Nadie puede alterar la Palabra de Dios. Él es Omnipotente, Omnisciente.” (6:115)

Desde el primer día, cuando presentó su religión como una facultad del pensamiento universal, cuya influencia no conocía límites geográficos ni étnicos, el profeta del Islam revela esta prueba de su naturaleza de Mensajero a toda la humanidad, como una prueba viviente que representaba el último capítulo de la historia de las misiones y de los movimientos proféticos.

El Corán no es un arma ideológica que puede ser usada temporalmente para elevar un sistema social de un nivel inferior a otro superior, en un periodo concreto de la historia, sino que presenta la ideología permanente del ser humano que vive en el orden social e intelectual del Islam.

El milagro que acompaña a la misión del amado Profeta del Islam pone fin a todos los mensajes anteriores, como si hubiesen sido transmitidos para un tiempo determinado. En su estilo único, el Corán proporciona al ser humano toda la orientación necesaria, ayudándonos del conocimiento de las circunstancias que llevaron a la revelación de algunos versículos, de la mención de relatos históricos, de las descripciones de los acontecimientos que tuvieron lugar durante la vida del Profeta o mediante varios símiles y ejemplos que afectan a las diferentes cuestiones de la vida humana. Así, el Corán conduce al ser humano hacia un grado superior. Tras analizar las historias y los hechos contenidos en el Corán, que incluyen además un modo distintivo de la sintaxis coránica, es posible deducir ciertos principios generales.

Aunque el descenso gradual y ordenado de la revelación coránica fue considerado como un defecto desde el punto de vista de las personas superficiales e ignorantes, de hecho, debería ser reconocido como un factor decisivo en el triunfo del mensaje del Profeta, dadas las condiciones de la época y los acontecimientos con los que se enfrentó.

Así como las enfermedades crónicas requieren un tratamiento a largo plazo, una lucha continua contra los factores que constantemente impiden al ser humano percibir las verdades de la existencia, y que se interponen en el camino de su crecimiento y desarrollo, debe cimentarse en una sólida base y en una organización social integral. Solamente entonces será capaz de alcanzar sus objetivos en un período de tiempo y guiar a los seres humanos a su último propósito: salvarse de la autoalienación.

Aquellas soluciones cuya eficacia no trascienda los eventos limitados por el tiempo y el espacio, no serán capaces de resolver los problemas del ser humano. El Islam representa el único sistema capaz de responder a esos problemas debido a la atención que presta a todos los fenómenos.

Para los musulmanes, milagro del Corán es una cuestión de fe religiosa; para los intelectuales e investigadores, se trata de una cuestión de creencia científica. El Corán posee una notable amplitud y riqueza, tanto en lo que atañe a su visión del mundo y a su contenido científico, como a su capacidad para guiar a la persona y la sociedad. Todavía hay muchos asuntos en el Corán que llaman a la investigación y esperan a ser descubiertos por una indagación adicional.

La extraordinaria riqueza del Corán

El Corán representa la principal fuente de todas las investigaciones relativas a la doctrina islámica de pensamiento. Además, en todos los siglos y en todas las partes del mundo, no solo puede servir como base para una sociedad desarrollada y libre, que permite a las capacidades y potencialidades ocultas del ser humano florecer en todas sus dimensiones, sino que establece una ruta de acceso hacia la sociedad ideal y el gobierno de Dios.

Más de catorce siglos han transcurrido desde la revelación del Corán. A lo largo de este período, la humanidad ha sufrido numerosos cambios, pasando por varias etapas de desarrollo y progreso, en las que ha alcanzado un conocimiento más completo de los misterios de la creación. Sin embargo, el Corán en ha mantenido todo momento su presencia orgullosa y digna en el escenario de la historia humana.

Cuando este primer milagro llegó a existir, en un tiempo en que las bases del pensamiento humano no se habían desarrollado completamente, sirvió para demostrar categóricamente la condición de Mensajero del Profeta del Islam. En la época actual, cuando el ser humano descubre en el Corán las indicaciones más y más evidentes de su concordancia con su propio progreso en la percepción, en el conocimiento y la civilización, el Corán sigue en pie como un milagro permanente, histórico, y como una prueba universal vital de la veracidad del Último profeta. El incremento del conocimiento humano y la apertura de nuevos horizontes de pensamiento nos han dado la oportunidad de beneficiarnos más plenamente del Corán que las generaciones pasadas.

Si el Corán hubiera sido capaz de establecerse sólo en un segmento de tiempo determinado y en un entorno espacial limitado, no podría avanzar milagrosamente junto con el tiempo. La razón de la vitalidad eterna y de la autenticidad del Corán es que siempre ha sido una fuente de guía espiritual y un orden frente a los avatares del tiempo.
La historia da testimonio de que la aparición del último profeta y su modo de actividad dentro de la sociedad marcaron el comienzo de una nueva etapa en el pensamiento humano, en el raciocinio, en el desarrollo y expansión de la voluntad y, además, en la independencia del ser humano. En su impulso hacia la madurez, el ser humano ha avanzado en sus investigaciones, desde la etapa de mera observación a la de pensamiento y, así, un examen profundo y exacto de los fenómenos ocupó el lugar de la asunción simplista. Todo esto está indicado por el hecho de que la aceptación, por parte de los seres humanos, de la verdadera fe ya no estaba basada en los milagros que involucran fenómenos sobrenaturales o extraordinarios, como fue el caso con la misión de los profetas anteriores.

Recurrir a la fe basada de conocimiento, lo que el Corán invita a los humanos en varias ocasiones, representa en sí mismo el milagro obrado por el mensaje celestial del Islam. La confianza en los milagros sensoriales no habría sido compatible con la naturaleza del mensaje divino final y con su objetivo de salvar al ser humano y fomentar el crecimiento de su intelecto. Dios, por tanto, prepara al ser humano a lo largo de miles de años, para recibir la versión final.

Nuestras investigaciones sobre el Corán sólo pueden ser útiles cuando vaciamos nuestra mente de todas las ideas y actitudes preexistentes, porque las convicciones fanáticas sobre el contenido del Corán producirán nada más que estancamiento mental e inmovilidad. Esta es una trampa que cualquier investigador consciente debe evitar.

Es una realidad innegable que el Corán es demasiado elevado como para ser un libro producto de las ideas y opiniones de un grupo de académicos. Aún más imposible resulta que lo haya producido una sola persona o que haya sido recogido por ella a partir de otras fuentes, máxime tratándose de una persona que era iletrada, que ni siquiera había estudiado y que había crecido en el medio ambiente degenerado de la Península Arábiga de aquel momento, un ambiente que era totalmente ajeno a la ciencia y a la filosofía.

Si tenemos en cuenta el sistema y programa ejecutivo propuesto por el Corán para la elevación del ser humano y compararlo con las leyes y los sistemas del pasado, nos damos cuenta de que no solo no ha pedido prestado nada de ellos, sino también no se parecía a ellos. Representa un fenómeno totalmente nuevo, original y sin precedentes en su carácter fundamental, y entre sus nobles objetivos son la transformación de las sociedades humanas y su reestructuración sobre la base de la justicia, la igualdad y la libertad de las masas oprimidas y marginadas.

El Corán habla detallamente de la historia de los profetas anteriores y de sus comunidades, refiriéndose constantemente a los acontecimientos que ocurrieron durante sus misiones. Cuando nos enfrentamos a los relatos contenidos en el Corán, los acontecimientos se nos presentan en contacto directo con la realidad, de una manera sin precedentes. Todas las referencias que abarcan, directas e indirectas, nos familiarizan con la esencia misma de la Verdad. Es, pues, totalmente imposible que las narraciones del Corán sean tomadas de la Toráh o de los Evangelios. El Corán cuenta siempre las historias de profetas en un marco positivo, cambiándolos y modificándolos a fin de purgarlos de toda ignominia y los elementos contrarios al monoteísmo puro, a la razón y al pensamiento religioso. Una copia habría dado lugar a la mera imitación, y habría sido completamente negativa.

El Dr. Maurice Bucaille, erudito francés, dice lo siguiente: "En Occidente, los Judíos, cristianos y ateos son unánimes en afirmar (sin una pizca de evidencia) que Mahoma escribió el Corán o lo había escrito como una imitación de la Biblia. Se afirma que los relatos de la historia religiosa en el Corán reanudan las historias bíblicas. Esta actitud es tan atolondrada como afirmar que Jesús engañó a sus contemporáneos inspirándose en el Antiguo Testamento durante su predicación: el pleno Evangelio de Mateo se basa en esta continuación del Antiguo Testamento.

La existencia de una enorme diferencia entre la descripción bíblica y los datos del Corán acerca de la creación, nos hace subrayar una vez más que las acusaciones formuladas contra Muhammad (p) desde los inicios del Islam, en el sentido de que copiaba las descripciones bíblicas, son totalmente gratuitas. En cuanto a la creación se refiere, esta acusación es totalmente infundada. ¿Cómo podría un hombre que vivió hace 1.400 años hacer correcciones en la descripción existente de tal manera que se eliminasen los materiales científicamente inexactos, afirmando por su propia iniciativa  aquello que la ciencia habría  sido capaz de modificar desde aquel tiempo? Esta hipótesis es completamente insostenible. La descripción de la creación ofrecida en el Corán es muy diferente a la de la Biblia."

Teniendo en cuenta estos factores, ninguna persona amante de la verdad puede concebir un origen que no sea la revelación divina para el Corán, el cual no es sólo un libro sino también una prueba de la condición del Mensajero y una manifestación de los milagros que apoyaron al Profeta.

El Corán, lo que llegó a ser el milagro profundo, brillante y eterno del Mensajero de Dios, permite que las enseñanzas y leyes del Islam preserven su validez a través del tiempo. Los mandamientos e instrucciones divinas se reflejaron en frases y oraciones que se tienen por milagrosas, expresando así la voluntad de Dios para la preservación de la religión frente a los asaltos de enemigos rencorosos y de la frustración de sus conspiraciones.

A través de la permanencia y de la estabilidad del molde en el que los mandamientos de Dios forman un único conjunto, estos enemigos que se posicionarían en su contra con el fin de distorsionarlos, fallan permanentemente en el logro de su objetivo: las enseñanzas eternas y las leyes de Dios van a perdurar en el tiempo, inmunes al cambio o a la distorsión.

Otro aspecto milagroso del Corán que ha tenido un gran efecto, es la transformación revolucionaria que ha producido en la civilización humana. Una cuestión que llama la mayor atención en el estudio del Islam es el hecho de que no recibió la ayuda de factores externos a sí mismo cuando empezó a crear el núcleo de una sociedad universal a partir de un pueblo disperso y desunido que carecía de toda ciencia y del pensamiento libre y que ni siquiera trataba de unificar sus tribus constituyentes. Y con ese comienzo, además, funda una civilización única, grande y espiritual. Todos los factores para alterar el mundo, para proponer una legislación internacional bajo el lema de la unidad entre razas, pueblos y clases sociales, para crear un movimiento de salvación del pensamiento y de ennoblecimiento de la sabiduría, se derivan del texto del Corán, de la cultura que surgió a partir de este libro y del orden islámico. El Islam nunca se basó en un gobierno o un poder situado fuera de la sociedad creada por él mismo.

Incluso los agresores que atacaron a los países islámicos y triunfaron sobre los musulmanes, gracias a su superioridad militar, perdieron su dominio al final, cuando se enfrentaron con el poder espiritual del Islam, adoptando la religión de la gente que habían conquistado. La historia de las naciones no registra ningún otro ejemplo de un agresor victorioso, adoptando la religión del pueblo derrotado.

Referencia: Sayyid Muytaba Mousavi Lari
Traducido por: Amir Abbas Mousaví

Aniversario del Martirio del Santo Profeta del Islam Hazrat Muhammad, Imam Hassan e Imam Reza (P)

El día 28 de Safar corresponde al aniversario del martirio del Santo Profeta del Islam, Hazrat Muhammad al-Mustafa (Bpd) y de Imam Hassan (P), el último día del mes de Safar es el aniversario del martirio de Imam Reza (P). En esta triste ocasión de luto por la conmemoración del martirio del Santo Profeta del Islam, Hazrat Muhammad, de Imam Hassan (P) y de Imam Reza (P) expresamos nuestro dolor y sinceras condolencias a los millones de musulmanes de la Ummah y a todos los amantes de Ahlul Bait (P) en el mundo.

Aniversario del Martirio del Santo Profeta del Islam Hazrat Muhammad, Imam Hassan e Imam Reza (P)

Biografía del Profeta Muhammad (Bpd)

Nombre:  Muhammad
Título:      Al-Mustâfâ, Al-Amîn, Ar-Rasûl
Kunyat:  Abul Qasim
Nació:   El 17 del mes de Rabi’al-Auwal del año 53 antes de la Hégira (4 de mayo de 570 d.C.)
Su padre:Abdul.lah Ibn Abdul Muttâlib
Su madre:Âminah Bint Wahab
Murió:    El día 28 del mes de Safar del onceavo año después de la Hégira (23 mayo de 632 d.C.) a la edad de los 63 años.

EL NACIMIENTO Y LA INFANCIA DE MUHAMMAD (BP)
El nacimiento de la luz
La Ciudad de La Meca se había sumergido en la oscuridad y la envolvía un gran silencio. No se veían señales de vida ni actividad, únicamente la luna, como era costumbre, ascendía despacio por detrás de las negras montañas que rodeaban la ciudad, y extendía sus suaves y delicados rayos sobre los sencillos edificios y sobre el camino pedregoso que conducía a ésta.
Poco a poco llegó la media noche, una brisa suave y agradable cubrió el ardiente territorio el Hiÿâz y por un corto tiempo lo invitó a descansar, tan sólo se dejaba ver el brillo de las estrellas que iluminaban y brindaban placer a los ciudadanos.
Las aves madrugadoras así como las que pasan en vela la noche con voces placenteras alegraban las almas en ese ambiente paradisíaco, tal y como si se secretearan con su enamorado.
La orilla del horizonte de La Meca se encontraba en el umbral de la aurora, sin embargo, aun reinaba un silencio ambiguo sobre la ciudad.
Todos se encontraban dormidos, sólo Âminah Bint Wahab estaba despierta y sentía los dolores, dolores de la espera que poco a poco se volvían más y más intensos.
Repentinamente vio entrar en su habitación a unas damas agradablemente perfumadas, desconocidas y luminosas. Se encontraba atónita. ¿Cómo era posible que aquellas damas entraran en su aposento sin ella darse cuenta?[1]
Rompió el alba. No pasado mucho tiempo Âminah dio a luz a su querido niño, y por fin en la madrugada[2] del diecisiete del mes de Rabi’al-Auwal del año 53 antes de la Hégira (4 de mayo de 570 d.C.), se iluminaron sus ojos al ver a su esperado hijo.
Todos en la casa se felicitaron al enterarse del nacimiento del pequeño. El nacimiento de Muhammad había encendido el dormitorio de Âminah, obscurecido por el reciente fallecimiento de su esposo ‘Abdul.lah Ibn ‘Abdul Muttalib (545-570 d.C.), que al regreso de un viaje a Ash-Shâm (Siria) murió en Medina, en donde fue enterrado, dejando a Âminah sola y desconsolada.[3]
Muhammad (BP), el niño milagroso
Muhammad, llegó al mundo acompañado de extraordinarios acontecimientos tanto en el cielo como en la tierra, especialmente en el Medio Oriente que en ese entonces era el centro de la civilización. Fueron estos acontecimientos los que hicieron que el mundo se enterara rápidamente de la nueva noticia y puesto que este niño terminaría con las viejas costumbres y supersticiones y traería nuevas bases y fundamentos para la evolución y progreso de la humanidad, desde el primer día de su nacimiento hizo sonar la campana del “despertar”.
El palacio de Anûshîrvân (el sasánida Cosroes I el Grande que reinó entre 531-579 d.C.), que suponía su poder y monarquía sería eterno e impresionaba a quien lo miraba, la noche del nacimiento de Muhammad (BP) tembló y catorce[4] almenas de sus murallas se derrumbaron. Así también se apagó en un instante el templo del Fuego de los persas[5], que había ardido permanentemente durante mil años.
Las cenizas de su ídolo adorado fueron el vivo testimonio de la verdad que emergía señalando un nuevo camino. Las señales prodigiosas se multiplicaban. Los lagos de “Sâveh” (al S.E. de Eshtehard y S.O. de Danesfahân, Irán) se secaron repentinamente[6] haciendo que las personas de entendimiento se asombraran ante tantas prodigiosas coincidencias y reflexionaran sobre su significado.

Halîmah, la nodriza del pequeño Muhammad (BP)

Entre los árabes, durante muchos años fue costumbre que al nacer un pequeño, lo entregaran a un ama de leche que fuera de alguna de las tribus que habitaban en los alrededores de la ciudad, para que creciera en el ambiente puro y natural del desierto, aprendiera a hablar árabe con acento original[7] y el estilo puro que se conservaba entre los beduinos.
Por ello, y dado que Âminah no tenía leche suficiente para amamantar a su pequeño, Abdul Muttalib Ibn Hashim, abuelo y tutor de Muhammad (BP), pensó que lo mejor sería contratar a una mujer segura, digna y honorable para que se encargara de su querido nieto, el único recuerdo de su hijo. ‘Abdul Muttalib después de buscar e investigar escogió a Halîmah Bint Abi Dhu’ayb, mujer casta y virtuosa de los “Banî Sa‘d (clan conocido por su valentía y clara lengua) de la tribu de los Banî Haûâzan. Halîmah llevó a Muhammad (BP) a su tribu y cuidaba de él como si fuese su hijo.
Hacía tiempo que el clan de los Banî Sa‘d carecía de víveres. El desierto seco y la falta de lluvias habían acentuado su pobreza y carestía; pero desde aquel día que Muhammad (BP) llegó a casa de Halîmah, trajo consigo para ellos bienestar y abundancia. La vida, llena de carencias que sufrían, se convirtió en una existencia llena de felicidad y prosperidad, y los rostros pálidos de ella y sus hijos se volvieron lozanos y brillantes. Su pecho que estaba secó se lleno de leche, y los pastizales de los borregos y camellos de esa región reverdecieron, manifestando claramente el contraste con su situación anterior y la actual de las tribus vecinas.
Muhammad (BP) crecía más rápido que los demás niños, era el más ágil corriendo y hablaba sin defectos de pronunciación. Por donde iba lo acompañaban la abundancia y la bendición y los que estaban cerca de él fácilmente se daban cuenta de ello, inclusive lo confesaban; de tal forma que Hâriz, el esposo de Halîmah le dijo a ésta:
“¿Te has dado cuenta? Muhammad (BP) es un niño con una bienaventuranza especial. Y nosotros hemos tenido la buena suerte de tomarlo como ahijado”.[8]
Muhammad (BP) en un diluvio de acontecimientos
Apenas habían transcurrido seis primaveras[9] de la vida del generoso Muhammad (BP) cuando su madre Âminah lo llevó de viaje para visitar a sus familiares y la tumba de su esposo ‘Abdul.lah en el año 46 antes de la Hégira (577 d.C.).
Después de permanecer unos días en Medina en casa de su familia, y de visitar largamente la tumba de su amado esposo, en el camino de regreso, antes de llegar a La Meca su amada madre enfermó y falleció en un lugar llamado Abvâ’[10]  región que se encuentre entre La Meca y la Ciudad de Medina— donde fue enterrada con ayuda de una de sus sirvientas. Tras lo sucedido, llevaron al pequeño Muhammad (BP) con su abuelo, de vuelta a La Meca.
Fue así como Muhammad (BP), a esa edad en que un niño está más sediento de amor y afecto, perdió a sus padres.

El rostro de Muhammad (BP).

Así como el nacimiento del Mensajero del Islam y los acontecimientos que sucedieron después de éste fueron extraordinarios, su infancia, su forma sorprendente adulta de expresarse y su formal comportamiento, lo hacían un ser excepcional entre los demás niños de su edad. ‘Abdul Muttalib, que conocía todo ello, mostraba a su nieto un sorprendente respeto.[11]
Abû Tâlib, tío de Muhammad (BP) decía: “Nunca he oído de Muhammad (BP) decir una mentira, ni visto acto indebido o tontería en él, nunca se ríe sin razón ni dice palabras sin sentido y la mayoría del tiempo lo pasa tranquilamente, alejado del bullicio y pasatiempos de los otros niños”.[12]
Cuando Muhammad (BP) cumplió los siete años, los judíos dijeron: “Hemos leído en nuestros Libros que el Profeta del Islam no ingiere de las comidas prohibidas y se abstiene de aquellas que duda, no está de más que le hagamos una prueba a este sorprendente niño, para saber a qué atenernos con él”.
Los judíos robaron un pollo y lo regalaron a Abû Tâlib. Todos en la casa comieron de éste ya que ignoraban que había sido robado. No obstante Muhammad (BP) ni siquiera lo tocó. Cuando le preguntaron la causa dijo:
“Dios, me cuida de aquello que es prohibido, y este pollo es alimento prohibido”.
En otra ocasión los judíos compraron un pollo al vecino, prometiendo que más tarde se lo pagarían, pero con la intención de no hacerlo, y lo llevaron de regalo a casa de ‘Abdul Muttalib. Esta vez, al igual que la anterior, Muhammad (BP) tampoco comió y dijo que tenía duda de que fuese lícita. Cuando los judíos se enteraron, quedaron atónitos y dijeron que ese niño poseía dignidad, conocimiento y posición muy alta y privilegiada.[13]
‘Abdul Muttalib, el jefe de Quraîsh, no trataba a Muhammad (BP) como a los demás niños, sino que tenía para él un trato y consideración muy especiales.
Cuando preparaban un lugar especial para ‘Abdul Muttalib —ya que era el guardián de la casa de Dios— cerca de la Ka‘bah, y sus hijos lo rodeaban, su gran personalidad impedía que alguien se acercase, sin embargo Muhammad (BP) no se dejaba dominar por esa suntuosidad, y directamente se dirigía al lugar especial donde se encontraba ‘Abdul Muttalib y se sentaba junto a él, acto que ninguno de sus hijos o de sus otros nietos se atrevía a hacer. Así, cuando los hijos de ‘Abdul Muttalib trataban de impedírselo, éste les decía: “¡Dejen pasar a mi hijo! ¡Juro por Dios, que él es dueño de una posición muy elevada!”
Entonces Muhammad (BP) se sentaba al lado del “Señor del Quraîsh” y se ponía a conversar con él.[14]

REMINISCENCIAS DE LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA DE MUHAMMAD (BP)

Protección y apoyo de ‘Abdul Muttalib
Muhammad (BP) pasó su infancia huérfano y bajo la protección de su abuelo ‘Abdul Muttalib y después de que éste falleció en el año 44 antes de la Hégira (579 d.C.), estuvo bajo la tutoría de su bondadoso tío Abû Tâlib, quien además se convirtió en el guardián de la Ka‘bah.
Parece que esta terrible prueba de perder a sus padres en la infancia, así como las lecciones de humildad, tolerancia y paciencia frente a cualquier acontecimiento eran necesarias para solidificar las bases de la gran personalidad de Muhammad (BP) y para soportar la carga de la Misión Profética que años después estaría bajo su responsabilidad.
Muhammad (BP), poco a poco iba creciendo y se acercaba al período de la adolescencia, que es el período de jovialidad de los instintos y el vigor interno. No obstante haber quedado privado de la bondad de su madre y la gracia y cariño de su padre, Abû Tâlib como obligación moral y por las enfáticas recomendaciones de su padre ‘Abdul Muttalib, lo cuidaba y protegía. Muhammad (BP), en realidad tenía para él un triple significado: el de ser un niño, el recuerdo de su hermano ‘Abdul.lah y de su padre ‘Abdul Muttalib, así también el ser parte de su sangre, por lo que Muhammad (BP) se integró a la familia de Abû Tâlib como un hijo más. Abû Tâlib para Muhammad (BP) era un padre cariñoso, un tío fiel y un maestro benévolo y compasivo. Entre tío y sobrino, existía tanta simpatía que podemos decir que las raíces de sus vidas y existencias estaban unidas fuertemente las unas con las otras. Este cariño tan grande fue la causa por la cual Abû Tâlib nunca se alejó de su sobrino Muhammad (BP) y lo llevó consigo a los bazares árabes, tales como “'Ukâdz”, “Muynah” y “Dhil-Muyâz”. Incluso cuando quiso ir a comerciar a Ash-Shâm, con una caravana de La Meca, no soportó la idea de alejarse de él durante un tiempo y como resultado lo llevó consigo.
Vemos pues, como Muhammad (BP), con doce años de edad montado sobre su camello, iniciaba un largo viaje en dirección a Yazrib (Medina) y Ash-Shâm.[15]
Entrevista de Buhaîrâ con Muhammad (BP)
Era el año 40 antes de la Hégira (583 d.C.). El monje Buhaîrâ se encontraba en su ermita, cercana a la ciudad de “Bosrâ” (en las proximidades de Damasco, capital del reino de los árabes gassaníes probizantinos), cuando de repente vio que se acercaba una caravana y cosa extraordinaria que una nube se iba desplazando en el cielo a su paso, proporcionándoles sombra, siempre al mismo ritmo de la caravana. Más sorprendente aún, cuando la caravana interrumpió su camino para descansar y aprovisionares de agua, la nube se detuvo también. Buhaîrâ salió de su ermita y solicitó a su ayudante: “¡Id a ese grupo y decidles que todos ellos son mis invitados!”
Todos acudieron a la comida a excepción de el joven Muhammad (BP) que se quedó, por encargo de su tío Abû Tâlib al cuidado del equipaje. Buhaîrâ examinó el rostro de todos y cada uno de los miembros de la caravana, sin poder descubrir en ninguno de ellos las señales que esperaba reconocer en aquél, a la espera del cuál los monjes se sucedían uno tras otro en la pequeña ermita de Bosrâ. Entonces preguntó: “¿Es que todos los miembros de la caravana se encuentran aquí?”
Contestaron: “Sí, excepto el joven que entre nosotros tiene menos edad”.
Buhaîrâ dijo: “Decidle que venga”. Fueron en busca de Muhammad (BP); cuando llegó, el monje quedó atónito mirándolo ya que la nube lo acompañaba. Después de terminar de comer le dijo: “¿Puedo hacerte una pregunta? ¡Jura por Lât y 'Uzza[16] que contestarás a ésta!”
A lo cual el joven Muhammad (BP) respondió: “Lo más odiado por mí, son esos dos nombres por los cuales me pides que jure”.
Ante esta contundente y clara respuesta Buhaîrâ dijo: “Jura pues por Dios que me responderás”.
“¡Haz tu pregunta!” Le respondió Muhammad.
Buhaîrâ después de una corta entrevista con el niño Muhammad (BP) y habiendo confirmado en su persona las señales de la profecía que sus Libros Sagrados relataban, le besó las manos y luego se tiró al suelo y le besó los pies y dijo: “Un gran futuro te espera, si estoy vivo para ese entonces, pelearé a tu lado en contra de tus enemigos, tú eres el más importante de los hombres entre los seres humanos”.
Entonces, volteando su rostro hacia los de la caravana preguntó en voz alta: “¿Quién es el padre de este joven?” Todos señalando a Abû Tâlib dijeron: “¡Es hijo de él!”
“¡No! ¡El padre de este joven no puede estar vivo!” exclamó Buhaîrâ, a lo cual Abû Tâlib afirmó: “Estás en lo cierto, él es mi sobrino”.
“Este joven tiene un futuro muy brillante e importante -continuó diciendo Buhaîrâ-, si los judíos ven lo mismo que yo estoy viendo en él sin duda lo matarán, ¡ten mucho cuidado que no lo dañen!”
“¿Por qué causa será odiado por los judíos?”, preguntó extrañado Abû Tâlib.
“En el futuro será un Profeta y el Ángel de la Revelación se presentará frente a él”, afirmó Buhaîrâ.
Ante esto Abû Tâlib repuso: “¡Dios no lo abandonará, Él lo cuidará de los enemigos y de los judíos!”[17]

Pastoreo y meditación de Muhammad (BP)

Aunque Abû Tâlib era uno de los hombres importantes del Quraîsh, no contaba con ingresos suficientes para sostener a su familia. Muhammad, que había llegado a la edad de la adolescencia, por naturaleza tenía deseos de trabajar para sostenerse a sí mismo y, de esa forma, quitar un peso de los hombros de su querido tío, pero ¿qué trabajo sería adecuado a su mentalidad?
Ya que Muhammad (BP), en el futuro, sería el Enviado Divino, y magno líder que debería enfrentarse con gente sin educación ni moral, pelear en contra de las supersticiones e ideas erróneas de la era pagana y establecer los pilares de la justicia y las verdaderas leyes de la vida del ser humano, vio conveniente aceptar el trabajo de pastoreo. Él llevaba a los borregos y otros animales domésticos de sus familiares y demás gente de La Meca a pastar en los campos de las afueras de la ciudad y cuidaba de ellos, el sueldo que recibía lo entregaba a su tío Abû Tâlib como una ayuda.[18] Realizando esta labor también de un ambiente limpio, lejos de todos los ruidos, disputas y polémicas de la gente de la ciudad. En las tareas del pastoreo adquirió una sabiduría muy útil, que se manifestaría más adelante en la época de la Misión Profética y durante su gobierno. De cualquier forma, en esta época de su vida hizo acopio de todas las virtudes: generosidad, buen temperamento, magnanimidad, paciencia e indulgencia al prójimo, veracidad y honestidad, y se alejó de los defectos éticos y morales. Era eminente entre la gente y alguien en quien se podía confiar y por ello le llamaban “Muhammad Al-Amîn” o sea, “Muhammad el Confiable”.[19]
Castidad y pureza de Muhammad (BP)
Cuando los instintos y fuerzas ocultas del hombre tratan de manifestarse, como resultado de la pubertad, cuando el niño pasa de la época de la infancia a la época de las pasiones y excitaciones y cree estar en un mundo diferente; es en este delicado momento cuando las perturbaciones, desviaciones, incontinencias y desenfreno atacan a los adolescentes. Si no se les presta una atención especial, o ellos mismos no tratan de protegerse y no someterse a los instintos en forma descontrolada, caerán en un abismo espantoso de perdición, que difícilmente les permitirá volver a ver, un día, el color de la felicidad y la dicha.
Muhammad (BP) vivía en una sociedad corrompida, en donde su ambiente estaba contaminado por los diferentes defectos éticos y morales, así como por los pecados. No sólo los jóvenes, sino que incluso los viejos de Al-Hiÿâz practicaban la inmoralidad sexual, llegando a tal extremo que en las calles y callejuelas colocaban banderas como señal de los centros de corrupción y como una invitación para aquellos que andaban en busca de la obscenidad; y en un ambiente tal Muhammad (BP), pasó de la infancia a la adolescencia y, a pesar de que a la edad de veinticinco años aún no había contraído matrimonio, las malas costumbres reinantes no influyeron en él, y nunca se le vio un acto incorrecto; sino que tanto sus amigos como sus enemigos lo presentaron como un ejemplo de virtudes y moralidad.
Un poeta que se encontraba al tanto del matrimonio de éste honorable con la gran dama del Quraîsh “Jadîÿah”, cuando describe y elogia a Muhammad (BP) lo hace con esa cualidad, tan sobresaliente en él, que fue la modestia. El mencionado compositor dice a Jadîÿah:
“¡Oh, Jadîÿah! tú llegaste a un nivel muy alto entre las gentes
Y sobresaliste de entre todos,
 Contrajiste matrimonio con Muhammad
Y, como él, las mujeres de todo el universo no han dado a luz otro.
La buena moral, grandeza y modestia de este benévolo se encuentra y encontrarán para siempre juntas”.[20]
Otro de los poetas dijo:
“Si comparamos a Ahmad con toda la creación, él es superior, y sus virtudes son claras y evidentes para los del Quraîsh”.[21]



________________________________________
[1] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p. 325.
[2] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p. 250.
[3] Kâmil at-Taûârîj, seg.parte, p.10; Tabaqât, t.I, p.61; Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p. 125.
[4] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p.257.
[5] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, pp.258-263.
[6] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, pp.258-263.
[7] Sîrah Halabîîah, t.I, p.99.
[8] Extraído del Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p.331 y 395; Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p. 159-160; Sîrah Halabîîah, t.I, p. 99.
[9] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, pp.402 y 406.
[10] Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p. 168.
[11] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, pp. 366, 382, y 402.
[12] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, pp. 366, 382, y 402.
[13] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p. 336.
[14] Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p. 142; Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p. 168.
[15] Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p. 180.
[16] Lât y ‘Uzza, dos de los ídolos que adoraban los árabes pre-islámicos y cuando era necesario juraban por ellos.
[17] Extraído de Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p. 181; I‘lâmul Warâ, p. 26; Bihâr Al-Anwâr, t.XV, pp.193 y 204.
[18] Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p. 167, nota de pie.
[19] Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p.183.
[20] Bihâr Al-Anwâr, t.XVI, p. 74.
 [21] Bihâr Al-Anwâr,  t.XVI, p. 75.

Wahabismo No es Islam

Peligrosos extremistas wahabíes; se hacen llamar "salafis".
Los Wahabis son uno de los grupos que se llaman a sí mismos musulmanes mientras, de hecho, se esfuerzan en demoler el Islam. Los heréticos principios del Wahabismo no se extendieron entre los musulmanes por la fuerza del razonamiento y la convicción sino mediante la crueldad y el derramamiento de sangre. El Emir de Dar’iyya, Muhammad ibn Sa’ud fue el más insensible ante toda la sangre derramada en ese camino. Ese hombre, antepasado de los actuales emires de Arabia llamada "Saudí" era del clan de los Banu Hanifa y uno de los descendientes de aquellos que creyeron en Musailamah al-Kaddab como profeta, tras la muerte de Mensajero de Dios.

Wahabismo No es Islam

Ayub Sabri Pasha [m. 1308 (1890)], Contralmirante en tiempos del trigésimo cuarto sultán Otomano, ‘Abdel Hamid Jan II (1258-1336 (1842-1890)), enterrado en la capilla del sultán Mahmud, en Estambul, escribió un libreto en el que habló sobre el Wahabismo con todo detalle (Mir’at al-Haramain, vol. III, pp. 99; cinco volúmenes en turco, Matba’a-i Bahriye, Istambul, 1301-1306).

Lo que sigue es traducción, en su mayor parte, del libro de Ayub Sabri Pasha.

El Wahabismo fue establecido por Muhammad ibn ‘Abdel Wahab. Nació en Huraimila, en el Nayd, Arabia, en 1111 (1699) y murió en 1206 (1791). Viajó a Basora, Bagdad, Irán, India y Damasco, por intereses comerciales y viajeros. En esos viajes conoció los heréticos libros escritos por Ahmad ibn Taimiiah de Harrán (661-728 (1263-1328), el contenido de los cuales es incompatible con las creencias de la Gente de la Sunnah (Ahl us-Sunnah).

Como era muy astuto y charlatán, comenzó a ser conocido como "el Sheij del Nayd". Para aumentar su fama, acudió a las conferencias de los sabios hambalis en Medina y, posteriormente, en Damasco y, tras su regreso al Nayd, escribió muchos libros.

Su libro, Kitâb at-Tawhid, fue refutado por los sabios de Meca con muchas y preciosas respuestas, aportando contundente documentación que fue recopilada en una colección titulada Saif ul-Yabbar, en 1221 y posteriormente impresa en Pakistán. Fue reproducida por Isik Kitabevi en Estambul, en 1395 (1975).

Kitâb at-Tawhid fue comentado por su nieto ‘Abd ur-Rahmán y, con sus comentarios interpolados, fue publicado en Egipto con el título Fatj al-Mayid, por un wahabi llamado Muhammad Hamid.

Las ideas de Muhammad ibn ‘Abdel Wahab engañaron a los aldeanos habitantes de Dar’iyya y al jefe de estos, Muhammad ibn Sa’ud. El número de aquellos que aceptaron sus ideas, que el denominó "Wahabismo", se incrementó, por lo que decidió auto denominarse "Juez" y nombrar "Emir" a Muhammad ibn Sa’ud, estableciendo como ley que solamente sus descendientes pudieran sucederles.

El padre de Muhammad ‘abd el Wahab, que era un buen musulmán sunnita y los ‘ulamá de Medina comprendieron, por las palabras de Muhammad, que pretendía iniciar un movimiento herético, y advirtieron a todo el mundo que no hablasen con él. A pesar de lo cual, proclamo el Wahabismo como un movimiento renovador, en 1150 (1737). Para justificar sus desviaciones, habló mal de los juicios (iytihad) de los ‘ulamá, llegando a considerar kufar a Ahl us-Sunnah, es decir, encubridores; los que, a sabiendas, ocultan la Verdad revelada. Dijo que aquel que visitase la tumba de un profeta o de un wali, y se dirigiese al él diciendo: "¡Ia Nabi ul-lah (¡Oh profeta de Dios), o, por ejemplo, "¡Ia ‘Abdel Qader!, devendría mushrik (politeísta).

Según el punto de vista wahabi, el que diga que alguien cercano a Dios no puede ser un politeísta, será un kafir. Por ejemplo, si alguien dijese: "Tal o cual medicina alivian el dolor" o "Dios acepto mi oración junto a la tumba de tal profeta o tal wali" devendría incrédulo.

Para probar su idea, aportó como documentos la aleya: "iiaka nasta’in" (Sólo de Ti esperamos ayuda) de la surat ul-Fátiha, y las aleyas que hablan de tawakkul (confianza en Dios). Aquellos que conocen el verdadero significado de "Tawhid" pueden entender que los Wahabis, que se consideran a sí mismos muwahhidun (unitarios), no son más que otro grupo de los que, bajo la máscara de tawhid, pretenden destruir a la gente del tawhid y reformar el mismo Islam.

Al final de la segunda parte de su libro Al usul al-‘arba fi tardid al-Wahhabiiah, Hadrat Hakim as-Sirhindí al-Muyaddidí, escribe: "Los Wahabis y la gente que no siguen un madhab (una de las escuelas aceptadas), no pueden comprender el significado de "mayaz" (alegórico, simbólico) y de "isti’ara" (metáfora). Mayaz es el uso de una palabra, no en su sentido obvio y literal, sino más bien en un sentido alegórico o figurado, relacionado con su significado. Allah Ta’ala declara en muchas aleyas del Sagrado Corán que Él es el Real Hacedor de cada acto y que el hombre es sólo un hacedor mayazí.

En la aleya 57 de la sura al-An’am y en la sura de Iusuf, Él dice:
"El juicio (hukm) pertenece sólo a Allah"
es decir, Allah Ta’ala es el único Juez (Hakím). Pero en la aleya 64 de la surat un-Nisá, Él dice:
"Ellos no serán considerados verdaderos creyentes mientras no le tomen (al Profeta) como juez de lo que disputan entre ellos."
La aleya precedente establece que Allah Ta’ala es el único juez verdadero y en la siguiente establece que un hombre puede ser juez.
Todo musulmán sabe que Allah Ta’ala es quien solamente da la vida y la quita, como dice en la aleya 56 de la sura Iusuf: "Él sólo es quien da y toma la vida" y en la aleya 42 de la sura az-Zumar dice:
"Allah es el único que hace morir al hombre cuando llega el momento de su muerte",
pero en la aleya 12 de la sura as-Sayda dice:
"El ángel que está encargado de tomar la vida, toma tu vida.".
Estos son ejemplo de un uso figurado (mayazí) de las palabras.
La aleya 80 de la sura ash-Shu’ará dice:
"Cuando me enfermo, sólo Él me da la cura."
Y en la aleya 49 de la sura Ale Imrán pone en palabras de Hadrat ‘Isa ibnu Mariam (a.s.) las siguientes palabras:
"Yo curo a aquel que es ciego y al leproso y yo hago a la muerte regresar a la vida con el permiso de Allah."
Él es el que da un hijo a un hombre, pero en la aleya 18 de la sura Mariam hace decir al ángel Gabriel (a.s.):
"Yo soy un enviado de tu Señor para regalarte un hijo puro"
El verdadero protector del hombre es Allah Ta’ala. En la aleya 257 de la surat ul-Bacara, se establece claramente que:
"Allah es el protector (wali)de los que creen"
y en la aleya 55 de la sura al-Máidah dice:
"Vuestros protectores son Allah y Su mensajero"
y en la aleya 5 de la sura al-Ahzab dice:
"El profeta es mejor protector de los creyentes que los creyentes de sí mismos."
Él no explica que el sentido de wali aplicado a un hombre es mayazí. De la misma forma el verdadero auxiliador es Él, pero Él llama auxiliador (mu’in) a un hombre, de manera figurada, como hace en la aleya segunda de la sura al-Máidah:
"Ayudaos (ta’áwanú) unos a otros a practicar la piedad (taqwa)".
Los Wahabis consideran politeísta (mushrik) a los musulmanes que llaman a alguien "siervo" de otro que no sea de Allah, por ejemplo, "Abd an-Nabí" o "Abd ar-Rasul", a pesar de que en la aleya 32 de la surat an.Nur dice:
"Casad a vuestras mujeres solteras y a aquellos pios de vuestros esclavos (‘ibadikum)".

El genuino Señor (rabb) es Allah Ta’ala, pero algún otro puede ser llamado señor figuradamente, como hace Allah Ta’ala decir a Iusuf (a.s.) dirigiendose al copero, en la aleya 32 de la sura de su mismo nombre:
"Recuerdame ante tu señor (rabbika)".

Al-Istihfah (pedir intercesión) es a lo que más se oponen los Wahabis. Ellos consideran politeísmo pedir protección a otro que no sea Allah. Por supuesto, como todos los musulmanes saben, istihfah es sólo para Allah, no obstante es lícito decir que alguien pide la intercesión de otro, ya que en la aleya 15 de la surat ul-Qasas se dice:
"el de su clan le pidió ayuda(astagázahu) (a Moisés) contra su enemigo"
y en un hadiz leemos que: "pidieron intercesión (istishfah) de Adán en el sitio de Mashar".
En un hadiz recogido en Al-Hisn al-Hasin se lee: "Aquel que necesite ayuda que diga: "¡Oh siervos de Allah, ayudadme!"

Pedir cura y ayuda de Rasulullah (s.) y a los awliiah no significa abandonar a Allah u olvidar que Él es el creador. Es como esperar que Allah envíe la lluvia por mediación de las nubes, envíe la cura por mediación de las medicinas o esperar la victoria de Allah usando cañones, bombas, helicópteros y aviones. Esos son causas. Allah Ta’ala lo ha creado todo mediante causas. Usar de estos medios no es hacer shirk (politeismo). Los profetas de Dios siempre se han servido de estos medios.

De la misma manera en que vamos a una fuente a beber el agua que Dios nos envía; a la panadería a por el pan que Allah ha creado y fabricamos armamento y entrenamos a nuestras tropas para que Allah nos de la victoria, enviamos nuestro corazón junto al alma de un profeta o un santo (wali), con la intención de que Allah acepte nuestra oración, gracias a la intercesión de ellos.

Usar la radio para escuchar los sonidos que Allah ha creado mediante ondas electromagnéticas, no significa abandonar a Allah por un cajón parlante, porque somos conscientes de que es Allah quien otorga su peculiaridad, su poder, al aparato de radio.

Un politeísta adora a los ídolos sin pensar en Allah. Un musulmán, cuando recurre a los medios y utiliza las causas para lograr unos efectos, no pierde de vista que es Allah Ta’ala quien otorga efectividad y peculiaridad a las cosas y a las criaturas. Cualquier cosa que desee la espera de Allah. Sabe que cualquier cosa que consiga procede de Allah.

Loa Wahabis utilizan cualquier medio que les conviene para alcanzar sus objetivos mundanos. Satisfacen sus deseos sensuales por cualquier medio, pero llaman politeísmo a procurarse los medios para ganar la otra vida. ¿Qué concepción del tawhid tan extraña es esa?

Debido a que las palabras de Muhammad ibn ‘Abdel Wahab favorecían la satisfacción de los deseos sensuales, captaron con facilidad a aquellos que no poseían conocimientos religiosos. Así, proclamaron que los sabios de Ahl us-Sunnah y los musulmanes que estaban en el camino recto, eran incrédulos.

Los emires de la familia Sa’ud fundaron el Wahabismo por deseo de incrementar su poder y extender sus territorios. Obligaron a los clanes árabes a convertirse en Wahabis y mataron a todos aquellos que no quisieron hacerlo. Los aldeanos, por miedo a la muerte, obedecieron al Emir de Dar’iyya, Muhammad ibn Sa’ud, transformándose en soldados que atacaron las propiedades, las vidas y la honra de los no-Wahabis.

El hermano de ‘Abdel Wahhab, Sheij Suleimán, fue uno de los sabios de Ahl us-Sunnah. Esta santa persona rebatió el Wahabismo y sus heréticos principios en su libro As sawa’iq al-ilahiyya fi r-raddi ‘alal wahawiiah, impreso por Nubbat al-Ahbar en Bagdad, el año1306 (1889) y reproducido por Isik Kitabevi, en Estambul, el año 1396 (1975).

Los maestros de Muhammad ibn ‘Abdel Wahab, que se dieron cuenta de cómo éste había abierto un camino para el liderazgo diabólico, también refutaron sus desviados escritos. Todo ello incrementó el resentimiento y la hostilidad de los Wahabis contra los musulmanes.

Los heréticos principios del Wahabismo no se extendieron entre los musulmanes por la fuerza del razonamiento y la convicción sino mediante la crueldad y el derramamiento de sangre. El Emir de Dar’iyya, Muhammad ibn Sa’ud fue el más insensible ante toda la sangre derramada en ese camino. Ese hombre, antepasado de los actuales emires de Arabia llamada "Saudí" era del clan de los Banu Hanifa y uno de los descendientes de aquellos que creyeron en Musailamah al-Kaddab como profeta, tras la muerte de Mensajero de Dios.

Los Wahabis hablan como si creyeran sinceramente en la Unicidad de Allah y como si los musulmanes llevasen seiscientos años siendo politeístas y ellos estuviesen tratando de salvarles del kufr. Para demostrar que están en lo cierto, se apoyan en la aleya 5 de la sura al-Ahqaf (46):
" y quién está más equivocado que aquellos que, en lugar de invocar a Allah, invocan a quienes no van a escucharles hasta el Día de la Resurrección, indiferentes a sus invocaciones."
Y en la aleya 106 de la sura de Iunus(10):
"No invoques en lugar de Allah a quien no puede beneficiarte ni perjudicarte. Si lo hicieras, entonces serías de los impíos."
Siendo así que todas las exégesis coránicas indican que estas dos aleyas , y sobre muchas otras semejantes, han sido enviadas contra los politeístas.
Los Wahabis, en su libro Kashf sah-Shubuhat, malinterpretan la tercera aleya de la sura az-Zumar, en la que se dice:
"Los que han tomado amigos en lugar de Él dicen: Sólo lo hacemos para que nos acerquen a Allah."
Esta aleya cita las palabras de los politeístas que adoran ídolos. Los Wahabis identifican a los musulmanes que piden la intercesión de su profeta y de sus santos ante Allah, con los idólatras e, intencionadamente, dicen que también los idólatras creen que sus ídolos no tienen poder para crear y que sólo Allah es el Creador.
En la interpretación de esta aleya, el libro Ruh al-Baián dice:
"Las criaturas humanas han sido creadas con la capacidad de reconocer al Creador, quien les ha creado a ellos y todo. Cada ser humano siente el deseo de adorar a su creador y de ser llevado a Su cercanía, aunque esta capacidad y deseo son anulados por el ego, el demonio y la capacidad de engaño de las malas compañías que hacen que ese deseo innato quede destruido, deviniendo la persona idólatra o incrédulo en el Creador y en el Último Día. Lo más valioso que tiene el hombre es el ma’arif (conocimiento gnóstico) que aporta seguridad en el tawhid (unidad y unicidad divinas). Su señales son la creencia en los profetas y en sus Libros" y su seguimiento, que es la manera de conseguir cercanía de Allah. Cuando Dios creó al hombre, conminó a Iblís a postrarse ante él, pero éste rehusó hacerlo, actuando con rebeldía y los filósofos devienen kufar (encubridores de la realidad, incrédulos) por que intentan aproximarse a Allh, no mediante el seguimiento de las enseñanzas proféticas, sino siguiendo únicamente a su propia razón. Los musulmanes para aproximarse a Allah se someten a las leyes de la shari’ah y con ello susu corazones se llenan de luz y el atributo divino de la hermosura (yamal) se manifiesta en sus espíritus; los politeístas introducen cambios en el mensaje divino, siguiendo las pasiones de su ego y, con ello, sus corazones y su espíritu se ocurecen. Allah al final de la aleya dice que ellos mienten cuando dicen que "adoramos a los ídolos por que ellos pueden interceder por nosotros".
Los Wahabis argumentan que Allah en la aleya 25 de la sura de Luqmán dice: "Si preguntas a los incrédulos ¿Quién ha creado los cielos y la tierra? Te dirán: "Ciertamente que ha sido Allah."
Y en la aleya 87 de la sura az-Zuhruf dice:
"Si preguntas a aquellos que adoran a otros distintos de Allah ¿Quién ha creado esto? Te dirán "Ciertamente, Allah lo ha creado"
y, por ello dicen: "También los idólatras saben que Allah es el único creador. Adoran ídolos que no podrán interceder por ellos en el Día del Juicio. Por ello devienen politeístas e incrédulos."Pero existen tafsires que hacen la exégesis de cada aleya coránica, en los que se evidencia que la utilización que los Wahabis hacen de las aleyas coránicas no es correcta. No se pueden usar contra los musulmanes aleyas que Allah dirige contra los politeístas, pues los muslmanes nunca hemos adorado a los profetas o a los auliiah de Allah, ni decimos que sean compañeros o socios de Allah. Sino que creemos que ellos son criaturas de Allah, seres humanos creados por Él y, por tanto, que no son dignos de adoración. Creemos que ellos son los seres más amados por Dios y que, por ese amor que Él les tiene, Allah puede tener compasión de nosotros, el resto de las criaturas. De Allah son el beneficio y el perjuicio. Sólo Él es digno de adoración. Los polireístas piensan que sus ídolos no son creados y por tanto son dignos de ser adorados y, por eso precisamente, los adoran. Eso es lo que les hace ser politeístas. No lo serían si dijesen que utilizan a esos ídolos para pedirles que intercedan por ellos ante Allah.

Eso sería superstición, una falsa creencia. Esa creencia se aleja de las creencias islámicas, pero no se denomina politeísmo.

Como se ve, la opinión que los Wahabis tienen de la gente de la Sunnah, como incrédulos idólatras, es totalmente equivocada. El libro Kashf ash-Shubuhat interpreta equivocadamente aleyas dirigidas a los idólatras, incrédulos y politeístas, recurre a los sofismas y concluye que Ahl us-Sunnah son politeístas, por lo que recomienda que se les mate y confisquen sus propiedades.

Hadraat ‘Abdullah ibn ‘Umar transmite un hadiz en el que el Mensajero de Dios(s.) dice:
"Han perdido el camino recto. Han aplicado a los musulmanes las aleyas que descendieron para los incrédulos."
Y otro en el que dice:
"Lo que más temo para mi nación (ummah) es que interpreten el Corán conforme a sus propias opiniones y lleguen a conclusiones fuera de lugar."
Otro de los que se dio cuenta del carácter herético de las ideas de Muhammad ibn ‘abd el-Wahhab y de lo dañinas que podrían llegar aser, fue Muhammad ibn Suleimán al Madaní, fallecido en Medina en 1194 (1779) uno de los grandes sabios de Medina. Era un faqih de la escuela shafi’í y escribió muchos libros, siendo muy famosos sus comentarios al libro de Hayyar al-Makkí, At-Tuhfa al-Muhtaj. En Al-Fatáwa, su obra en dos tomos refutando al Wahabismo, dice:
"¡Oh Muhammad ibn ‘Abdel Wahhab, .no calumnies a los musulmanes, por amor de Dios! Te lo advierto. Si alguien dice que algún otro que Allah es el Creador, llámale descreido, Pero aquellos que se adhieren a las causas (wasilah) y que creen que ambas, las causas y sus efectos, son creadas por Allah, no pueden ser llamados descreídos. Tu eres musulmán también. Es mejor llamar a un musulmán descreído que llamárselo a todos los musulmanes. Aquel que abandona la comunidad puede perderse con más facilidad. La aleya 114 de la surat un-Nisá confirma mis palabras:
a quien se oponga al Mensajero (Muhammad) después de habérsele manifestado claramente la dirección, y siga un camino diferente al de los creyentes, Le abandonamos en la medida en que él se desvía y le arrojaremos al fuego del Yahannam.

El pensamiento wahabi posee numeroso dogmas erróneos. Sus creencias están basadas en tres principios:
1º Creen que los actos de adoración (‘ibadat) están incluidos en los principios doctrinales y que, aquellos que no practiquen su fe, por ejemplo, la oración ritual, o el impuesto obligatorio, sabiendo que son actos obligatorios, deviene descreído (kafir) y debe ser matado y sus posesiones distribuidas entre los Wahabis.

Ash-Shahistaní escribió en su famosa obra Al-Milal wan-Nihal:
"Los sabios sunnis tienen dicho unánimemente que los actos de adoración no forman parte de los principios doctrinales. El que no practique los ritos obligatorios por pereza, aun sabiendo que son obligatorios, no deviene descreído por ello. Aunque, en el caso de aquellos que no practican la oración obligatoria, no existe unanimidad. La escuela Hambali considera que aquel que no realiza la oración obligatoria por pereza, deviene descreído." (versión turca, p. 63, El Cairo, 1070 a.H.)

La escuela Hambali considera descreído al musulmán que no realiza su oración obligatoria por pereza, pero no hace extensible esa valoración para el resto de los actos de adoración incumplidos. Por tanto, sería erróneo equiparar a los Wahabis con los Hambalis en este asunto. Aquellos que no pertenecen a ninguna de las cuatro escuelas no son gente de la Sunnah y, anteriormente, también hemos explicado cómo aquellos que no pertenecen a la gente de la Sunnah no pueden ser tampoco Hambalis.

2º Los Wahabis dicen que aquel que busca la intercesión (shafa’) ante los profetas o los amigos de Dios (awliah) o visita sus tumbas y reza junto a ellas, considerándolos intermediarios ante Dios y que el hecho de que estén muertos no tiene importancia, deviene un descreido.

Si el hecho de hablar a una persona muerta junto a su tumba fuese señal de ser un descreido, nuestro Profeta (s.) y los grandes ‘ulama y los amigos de Allah (awliah) nunca lo habrían hecho. En cambio, era costumbre de nuestro Profeta (s.) visitar el cementerio de Baqui en Medina y también a los mártires de Uhud. De hecho, en el libro de los Wahabis titulado Fath ul-Mayid, en la pág. 485, se reconoce que el Mensajero (s.) los saludaba y hablaba con ellos.

Nuestro Profeta (s.) siempre decía en sus oraciones: "Allah humma. Inni as’aluka bi haqqi sa’alima alaika." (¡Oh Dios mío, te ruego por el derecho que tienen ante Ti aquellas personas a las que Tú has otorgado siempre lo que Te han pedido) y recomendó a los musulmanes suplicar a Allah de esa misma manera.

Cuando el Mensajero (s.) enterró a Fátima la madre de ‘Ali Emir al-Muminín (a.s.) con sus propias benditas manos, dijo:
"Allahuma igfir li ummi Fátimata binta Asad wa wasi’ ‘alaiha ma halaha bi haqqi nabiika wa anbia il ladína min qablí. Innaka arhamur rahimín
(¡Oh Dios mios, perdona a mi madre (pues vivió muchos años con ella y la consideraba como su madre y decía que siempre cuido de él mejor que de sus propios hijos) Fátima hija de Asad y haz amplia su última morada. Acepta de mí esta oración por el derecho que tiene ante Ti tu Profeta y los profetas anteriores. Ciertamente, Tú eres el Más Misericordioso de los Misericordiosos.)

Segunda Parte
En un hadiz transmitido por An-Nasai y por At-Tirmidi se recoge que el Profeta (s.) ordenó a un hombre ciego que le había pedido que rezase por su curación, que hiciese la ablución y una oración de dos raka’ y , tras ella, que dijese:
"Allah humma, inni as’aluka wa atawahhahu ‘alaaika bi nabiika Muhammadi, nabi ir-rahma. Ia Muhammadu inni atawahhahu bika ila rabbi fi hayati hadihi li takdiya li. Allah humma fa shafi’hu fi ia".
En la que el Mensajero (s.) le encominda ponerle a él como intercesor para que, así, su oración sea aceptada.

Los compañeros solían usar esta súplica que también se recoge en el libro Al-Hisn al-Hasin con su cadena de transmisión y en su comentario se dice que el sentido de la súplica es: ¡Oh Dios mío yo me dirijo a Ti y Te pido a través de Tu mensajero Muhammad, el Mensajero de la Misericordia...

Estas súplicas muestran que es permisible poner como intermediarios a aquellos que Dios ama, y rezar a Dios diciendo: "¡Oh Dios mío, por el amor que Tu les tienes concédeme lo que Te pido!"

Sheij ‘Alî Mahfud (m. 1361(1942)) uno de los grandes sabios de la Universidad Al-Azhar, ponderó mucho a Ibn Taimiiah y a ‘Abdu en su libro Al-Ibda’, no obstante escribió:
"No es correcto decir que los awliia’ dirigen los asuntos mundanos tras su muerte, curando enfermedades, rescatando a quienes están a punto de ahogarse, ayudando a los que están frente al enemigo y encontrando las cosas perdidas. Es erróneo decir que, dado que los awliia’ tienen una gran posición espiritual, Allah les ha permitido realizar esas tareas, y de esa manera, ellos pueden hacer lo que deseen y que quien se refugia en ellos no está equivocado. Pero lo que sí es cierto es que, entre sus awliia’, Allah bendice a quienes Él quiere y por su generosidad (karamat) Él cura a los enfermos, rescata a los que están a punto de ahogarse, ayuda a quienes están frente al enemigo y hace que se encuentre las cosas perdidas. Es lógico y también el Corán nos lo enseña." Sheij ‘Alî Mahfud, Al-Ibda’, pág. 213, El Cairo 1956.

‘Abdullah ad-Dasuqi y Iusuf ad-Dajwi, profesores de la Universidad de Al-Azhar, escriben comentarios elogiosos sobre el libro, al final del mismo.

Hadrat ‘Abdel Gani an-Nabulusí escribió: "un hadiz qudsi que Al-Bujarí recogió de Abu Hurairah, dice que dijo el Profeta (s.): Dios Altísimo declaró: "mis siervos humanos no pueden acercarse a Mí con nada mejor que realizando sus deberes obligatorios (fard). Cuando se esfuerzan en la realización de actos de adoración suplementarios, eso me agrada tanto que Yo soy el que oye por sus oídos, ve por sus ojos, toma por medio de sus manos y camina por sus pies y les daré lo que me pidan. Si ellos confían en Mí, Yo les protegeré."

Los actos de adoración suplementarios aquí mencionados son, tal y como está recogido en Maraq al-Falah y en las anotaciones de At-Tantawi, la sunnah y los actos suplementarios de aquellos que hacen lo obligatorio. Este hadiz, pues, establece que: "Quien tras realizar los actos obligatorios, se esfuerza en actos de adoración suplementarios (nawáfil) obtendrá el amor de Dios y sus ruegos serán aceptados." ‘Abdel Gani an-Nabulusí, Al-Haqiqat an-Nadiyya, pág. 182, Estambul, 1290.

Estén vivos o muertos, cuando estas personas ruegan por otros a su Señor, éstos consiguen lo que desean. Ellos oyen aunque estén muertos. Igual que no lo hicieron cuando estaban vivos, no se pliegan ante los deseos de los que llegan a ellos con las manos vacías, pero ruegan por ellos. Por esa razón, un hadiz declara que:
"Cuando estés en un problema, pide ayuda a aquellos que moran en las tumbas."

De hecho, un musulmán continúa siendo un musulmán cuando esta muerto igual que lo era cuando estaba vivo. Los profetas continúan siendo profetas tras u fallecimiento igual que lo fueron mientras estaban vivos, pues es el alma de un hombre la que es musulmana y cuando el hombre muere su alma no cambia. Este hecho esta recogido en el libro ‘Umdat al-‘aqâ’id del Imam ‘Abdullah as-Nasafí, Londres, 1259 (1843) Así mismo, los awliia’ continúan siendo awliia’ después de muertos igual que cuando estaban vivos. Aquel que no lo cree es un ignorante.

Hemos probado en otra obra nuestra que los awliia’ poseen karamat tras su muerte igual que las poseyeron en vida. (Al-Hadiqa, pág. 230).

El maestro hanafi Ahmad ibn Sayyid Muhammad al-Makki al-Hamawi y los maestros shafi’i, Ahmad ibn Ahmad as-Suya’i y Muhammad ash-Shawbari al-Misri, escribieron libros en los que prueban que los awliia’ poseían karamat (poderes milagrosos), que su karamat continuaba después de sus fallecimiento y que tawassul (pedirles su intercesión ante Allah) e istigáza (suplica) ante sus tumbas, era permisible.

Estas tres obras fueron publicadas juntamente con Ad-durar as-sauniiah fir-raddi ‘alal wahabiiah de Hadrat Ahmad Zaimi Dahlan, en el Cairo, el año 1319 (1901) y en 1347 (1928). Reproducción fotográfica de Isik Kitabevi, Estambul, en 13396 (1976).

En un hadiz verdadero, que los maestros del hadiz Hudhaima, Ad-Dara Qutni y at-Tabaraní recogieron, ‘Abdullah ibn ‘Umar declara que escuchó decir al Profeta: Interceder por aquellos que visiten mi tumba será obligatorio para mí.

Imam Al-Manawi recoge también este hadiz en su libro Kumuz ad-Daqa’iq, añadiendo que el Mensajero de Allah (s.) dijo también: Tras mi muerte, visitar mi tumba será como visitarme cuando estaba vivo.
Los hadices:
Se ha vuelto lícito (halal) para mí interceder por aquellos que visiten mi tumba
recogido por Imam al-Bazzar y transmitido por ‘Abdullah ibn ‘Umar
Y:
En el Día del Juicio, yo intercederé por aquellos que vinieron a Medina a visitar mi tumba.
recogido en el Sahih de Muslim y transmitido también por ‘Abdullah ibn ‘Umar
Son hadices marfu’ y conocidos por la mayoría de los musulmanes.

At-Tabarani, ad-Dara Qutmi y ‘Abd ar-Rahman ibn al-Fawzi recogen el hadiz en el que se transmite que dijo el Profeta (s.):
Aquel que realice el Hayy y después visite mi tumba, será como si me hubiese visitado cuando estaba vivo.
Y ad-Dara Qutmi recoge este otro, alusivo a quienes, cuando hacen el Hayy, no visitan la tumba del Mensajero de Dios (s.) sin tener una excusa válida:
Aquel que realice el Hayy y no visite mi tumba, me habrá herido.

‘Abd al-‘Azir, rector de la Universidad islámica de Medina, escribió en su Tahqiq wa Isah: "Ninguno de los hadices arriba mencionados recomendando la visita al santuario del Profeta, tienen cadena de transmisión (isnad) o documentación alguna. El Sheij al-Islam Ibn Taimiiah dice que todos ellos son "mawdu".

Los rechaza como hacen todos los Wahabis, a pesar de que la cadena de transmisión de todos ellos esta recogida en el octavo volumen de los comentarios a Al-Mawahib de Az-Zarkami y al final del cuarto volumen de Wafa al-Wafa de As-Samhudi. En estos libros se recoge que estos hadices son correctos (hasan) y que los comentarios de Ibn Taimiiah carecen de fundamento.

El rector e instructor de la Universidad de Medina trata de ese modo de calumniar los escritos de los sabios (‘ulama’) de Ahl us-Sunnah y de extender los dogmas Wahabis por todo el mundo, con sus libros.

Los Wahabis, para hacer creer a los musulmanes y a los no musulmanes que ellos son los verdaderos musulmanes, siguen una nueva política: han fundado un centro islámico llamado Rabitat al-Alamía al-Islamía en Meca, reuniendo a los ignorantes y contratando hombres con estudios religiosos, escogiéndolos en cada país y pagándoles grandes sueldos. Gracias a la ignorancia de estos hombres sobre los libros de los maaestros de Ahl us-Sunnah, pueden utilizarlos como instrumentos de sus planes. Desde este centro ellos defienden en todo el mundo las tesis heréticas del Wahabismo, a las que califican de "fatwas de la unidad islámica mundial".

Existen muchos hadices relatando como Rasul ul-lah estaba vivo en su tumba en una clase de vida desconocida. Hay numerosas pruebas de que son hadices correctos. De ellos, los dos siguientes están recogidos en seis famosos libros de hadices:
"Yo oiré el salawat (Allah humma sal.li ’ala Muhammadin wa Ali Muhammad- Oh Allah, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad) recitado en la distancia"
"Si una persona recita salawat en mi tumba, Allah envía a un ángel que me informa de ello y yo intercederé por él el Día del Juicio."
Si un musulmán acude a la tumba de otro musulmán al que conocía cuando estaba vivo y le saluda, el musulmán fallecido le reconocerá y contestará a su saludo.
Un hadiz transmitido por Ibn Abid Dunya así lo recoge y añade: "y el muerto se siente feliz"
Si una persona saluda a los muertos que no conoce, estos le estarán agradecidos y le responderán a sus saludos. ¿Cómo es posible que, mientras los musulmanes y los mártires reconocen a quienes les saludan y les responden, Rasulullah (s.) no pueda hacerlo? Así como el sol en el firmamento ilumina el mundo entero, Rasulullah (s.) responde al mismo tiempo a todos los que le saludan. En un hadiz se recoge que dijo el mensajero: "Tras mi muerte, oiré como oigo cuando estoy vivo". Otro hadiz transmitido por Abu Ya’la dice: "Los profetas están vivos en sus tumbas y rezan la oración obligatoria."

Ibrahim ibn Bishar y Saied Ahmad ar-Rifa’i, y muchos awliiah dijeron que ellos habían escuchado la respuesta de Rasulullah (s.) cuando habían ido a su tumba y le habían saludado.

El gran maestro islámico Jahl ad-Din as-Suyut escribió el libro Sharaf al-muhkam en respuesta a una pregunta de si era cierto que Sayyid Ahmad ar-Rifa’i había besado la santa mano de Rasulullah. En este libro, él prueba mediante evidencias tradicionales que Rasulullah estaba vivo en su santuario y que el oía y respondía a los saludos. Y cuenta como en la noche del Mi’ray (viaje del Profeta a los cielos en cuerpo y alma) Rasulullah vio a Hadrat Moises rezando junto a su tumba.

Un hadiz relatado por Aisha relata que dijo el Mensajero de Dios (s.): "Sufro las consecuencias de la comida envenenada que ingerí en Jaibar. Por culpa de ese veneno mi aorta casi no funciona." Este hadiz demuestra que, además de la profecía, Allah a otorgado a Hadrat Muhammad (s.), el mejor de los seres creados, el maqam del martirio.

Allah dice en la surah Ale Imran, aleya 169: Y no consideréis que aquellos que fueron matados en el camino de Dios están muertos, sino que están vivos juntos y mantenidos junto a su Señor.

Sin duda, este gran profeta, que fue envenenado en la senda de Dios, se encuentra en lo alto de esta honorable posición que esta aleya menciona.

El hadiz transmitido por Ibn Hibban dice que dijo el Mensajero de Dios: El santo cuerpo de los profetas no se pudrirá jamás. Si un musulmán recita salawat para mí, un ángel me lo comunica y dice. Fulano el hijo de fulano te envía salawat y te saluda. Hadrat Abu Darda uno de los que estaban acompañando en ese momento al Mensajero de Dios (s.) le preguntó: ¿También te lo comunicará tras tu fallecimiento? Y el Profeta (s.) le contestó: Sí, también estaré informado de ello tras mi muerte, pues le está prohibido a la tierra descomponer el cadáver de los profetas. Ellos están vivos después de su fallecimiento y están protegidos.

El califa ‘Umar, tras la conquista del Quds (Jerusalen) fue al santuario del Profeta (s.), visitó su tumba y le saludó.

‘Umar ibn ‘Abdel Aziz, que fue un gran wali de Allah, solía enviar oficiales de Damasco a Medina con la misión de recitar salawat ante el santuario del Profeta (s.).

‘Abdullah ibn ‘Umar, al regreso de cada viaje, marchaba directamente a la tumba del Profeta (s.). Primero saludaba al Mensajero de Dios (s.) después a Abu Bakr as-Siddiq y finalmente a su propio padre. Imam Nafi’ dijo: Vi más de cien veces a ‘Abdellah ibn ‘Umar ir a la tumba del Profeta y decirle: "As salam aleika ia Rasul ul-lah" También un día Hadrat ‘Ali ibn Abi Talib fue a la mezquita y, cuando vio la tumba del Profeta, lloró, entonces dijo: "As salam aleika ia Rasul ul-lah".

Conforme a lo transmitido por Imam Abu Hanifa, cuando uno realiza el Hayy, debe completar primero su peregrinación a la Kaaba y, después, ir a Medina a visitar al Profeta.

Qadi ‘Iad, autor del libro Shifa’, Imam Nawawí, sabio de la escuela Shafi’i, e Ibn Humam, sabio de la escuela Hanafi, recogen que existe un acuerdo general en la ummah, sobre que es necesario visitar la tumba del Profeta. Algunos sabios dicen que es obligatorio (wayib). De hecho, visitar las tumbas en una sunna profética.

La aleya 64 de la surat un-Nisa declara:
Si, cuando se oprimieron a sí mismos, hubieran venido a ti, Allah los habría perdonado y, si el Mensajero hubiera pedido el perdón para ellos, habrían encontrado que Allah es Perdonador, Misericordioso.

Esta aleya indica claramente que el Mensajero de Dios puede interceder y que su intercesión (shafa’) será aceptada.

También se nos ha ordenado visitar el santuario del Mensajero (s.) y pedirle que interceda por nosotros ante Dios Altísimo. Existe un hadiz que recoge que dijo el Mensajero de Dios (s.): "Es conveniente que una persona salga para un largo viaje con el único objeto de visitar tres mezquitas". Se refiere a la Mezquita sagrada de la Meca, la Mezquita del Mensajero en Medina y la Mezquita Lejana (Al-Aqsa) en Jerusalen. Por esa razón, aquellos que hacen el Hayy y no van a visitar la tumba del Profeta (s.), serán privados de su recompensa.
Existe un hadiz que recoge que dijo el profeta (s.):
"No hagáis de mi santuario un lugar de fiesta"
Hadrat ‘Abd al-Azim al-Munziti, un maestro en hadices, ha comentado este hadiz diciendo:
"No consideréis que es suficiente con visitar mi tumba solamente una vez al año, como un día festivo ¡Tratad de visitarla continuamente!"
De hecho, no está permitido realizar la obligación obligatoria en el cementerio. Se ha dicho que este hadiz podría significar: "No fijéis un día señalado para visitar mi tumba, como si fuera un lugar de fiesta."

Judios y cristianos, cuando visitaban a los profetas, solían hacerlo en grupo, tocando instrumentos, cantando canciones y actuando ceremoniosamente. Este hadiz implica que no debemos organizar un bullicio festivo con cosas prohibidas, en los días festivos. No debemos tocar flautas o tambores o actuar ceremoniosamente durante nuestra visita. Debemos visitarle y saludarle, rezar y marchar silenciosamente, sin prolongar nuestra estancia.

Dice el Imam Abu Hanifa que la visita a la tumba del Profeta (s.) era la costumbre mas valiosa, y hay algunos maestros que dicen que es obligatorio (wayib), por ello visitar la tumba del Profeta (s.) es considerado una ofrenda en la escuela Shafi’i.

En efecto, en un hadiz qutsi, Allah Ta’ala dice:
¡Oh Muhammad! Si Yo no te hubiese creado, no habría creado nada.
Como se recoge en el libro Maktubat de Hadrat al-Imam ar-Rabbani, vol. III, carta 122. El hadiz refleja lo mucho que Allah ama al Mensajero (s.). Incluso una persona corriente no se negaría a una petición realizada en nombre de la persona que ama. Es facil para la persona que ama hacer algo por el amor que siente hacia su amado.Si una persona dice: "¡Oh Dios mío! Por el amor a Tu amado Muhammad (s.) yo te pido tal cosa" este deseo no le será negado.
As-Seied Ahmad ibn Zaini Dahlan, mufti de la Meca, fue un gran sabio y el Sheij al-Kutaba’ en la escuela Sahfi’i. Escribió muchas obras, tales como: Julasat ul-Kalám fi baiani umara’i balad al-Harám, Fir raddi ‘alal Wahhabiiati atba’u madhabi Ibn Taimiiah, Ad-Durar as-Saniiah fi raddi ‘alal Wahabiiah, en los que denunció el verdadero propósito de los Wahabis y probó con aleyas coránicas y hadices que estaban desviados.

En su obra Julasat ul-Kalam, menciona como engañaron a los ignorantes de entre los muslmanes y refuto sus argumentos uno a uno, probando que sus palabras eran mentiras y calumnias. En él leemos:
"Es aceptable y permisible pedirle a Dios por mediación del Mensajero (s.) una vez fallecido, igual que cuando estaba vivo, de la misma manera que es permisible pedir a Dios por mediación de los awliiah y de los musulmanes píos, como lo muestran los hadices."

Las páginas 167, 170, 191, 208, 248, 353, 414, 416, 482,486 y 505 de la obra wahabi Fath ul-Mayid, son una sátira contra los musulmanes. Los sabios de Ahl us-Sunnah dicen que es únicamente Allah quien crea, otorga el beneficio o el perjuicio y la aniquilación. El no tiene socio. No los profetas, ni ningún otro ser vivo o muerto pueden crear, beneficiar o perjudicar. Sin embargo, al ser amantes siervos de Allah, nos beneficiamos de las bendiciones que ellos reciben. Los Wahabis creen que eso es válido para los vivos, pero no para los muertos. En la obra Fath ul-Mayid, pág 504, leemos: "Quien pide a una persona muerta, o viva pero ausente, deviene politeísta. Una persona puede ser requerida para aquello que tiene poder, pero no esta permitido solicitar de alguien lo que sólo pertenece al poder de Allah"
Y en la página 136 dice:
"Pedir bendiciones ante la tumba de un musulmán pío es politeísmo, semejante a adorar a los ídolos al-Lat y Manat."
Y en la pág 208 dice:
"Es politeísmo pedir a los muertos lo que uno necesita, o rogar a través de los muertos. Pedirle a una persona muerta es ignorancia y Dios no lo permite, ya que ellos no han sido designados intermediarios para interceder ni se les ha permitido hacerlo. El requisito previo para la intercesión es la fe, pero la persona que interroga a los muertos solicitándoles su intercesión es un politeísta y eso le incapacita para recibir clemencia."
Pero, en la página 200 se contradice con estas valoraciones y dice:
"Los cielos temen a Dios. Dios ha dotado de sentido a los cielos y estos poseen capacidad de percepción. Esta declarado en el Corán que la tierra y los cielos alaban a Dios. Los compañeros del Profeta (s.) escuchaban a las rocas rezar y alabar a Dios cuando el Mensajero las tomaba en sus benditas manos.. La columna de la mezquita del Profeta, llamada Hannana, gemía y su base rezaba y alababa a Dios."
Eso muestra la simpleza de decir que los profetas y los awliia’ no sienten, cuaando, por otro lado, se reconoce que las montañas y las rocas y columnas sienten y son conscientes.
Los Wahabis devienen politeístas al decir que los vivos pueden hacer de intermediarios ante Dios, pero los muertos no, pues ello significa que los vivos oyen y sienten, pero no los muertos y por acusar de politeísmo a quienes que creen esto, cuando la realidad es que es solamente Dios quien siente y crea y que las personas, vivas o muertas, son únicamente intermediarios entre las personas y Dios.

El rumor que atribuye a Abu Hanifa la prohibición de pedir a Allah por mediación del Mensajero (s.), como dice la obra Los comentarios al Corán de ‘Alusi’s, es falso ya que ningún sabio de la ummah ha recogido jamás ese comportamiento en Abu Hanifa. Al contrario, todos los sabios han recogido en sus obras que está permitido.
Los términos Tawassul, tashaffu’, istighaza y tawayyud, poseen todos el mismo significado: intercesión y todas son acciones permisibles.

En As-Sahih de al-Bujari se recoge que dijo el Mensajero (s.):
"El Día del Juicio las gentes pedirán primero la intercesión de Hadrat Adán."
Hadrat Bilal ibn Hariz, uno de los notables compañeros del Mensajero, fue una vez junto a él (s.) y le dijo: "¡Oh Mensajero de Dios! ¡Te pido en beneficio de tu Ummah que llueva! Y llovió.
Los idólatras, que dicen que los ídolos pueden interceder por ellos, adoran a los ídolos, pero los creyentes que piden la intercesión de los profetas o de los awliia’, no les adoran.
El sagrado Corán declara:
"La intercesión sólo es posible con Su permiso."
En la oración que nos ha sido ordenado recitar después de la llamada al oración (Adán) se menciona que Allah a prometido a nuestro Profeta (s.) los atributos de la Fadilah y la Wasilah. Él declaró que el Profeta (s.) podría interceder por quien quiera que recitase esta oración, por aquellos que recitan salawat y por aquellos que visitan su tumba.
El hadiz: "Yo intercederé por aquellos que han cometido grandes pecados" demuestra que a él (s.) se le permitirá interceder por cualquiera que tenga fe
De los cuarenta hadices de la página 130 de Shawahid ul-Haqq, el decimotercero dice:
"Yo intercederé el Día del Juicio. Diré: ¡Oh Dios mío! Pon en el Paraíso a aquellos que tienen fe del tamaño de un grano de mostaza."
Al-Bujari también recogió este hadiz.
Istigaza significa tawassul, poner a alguien como intermediario, pedir su ayuda y a través de él. Pedir shafa’a de alguien, quiere decir rezar a Dios para que uno pueda dejar este mundo con fe en que, en el momento de su último suspiro, tendrá Su amor.
En la obra Wahabi Fath ul-Mayid, en la página 323 dice:
"Es politeísmo pedir la intercesión de alguien ausente. Dios ordena la guerra contra los politeístas."
En cambio, el Profeta (s.) solía decir: "¡Oh Muhammad, me estoy acercando a mi Señor al ponerte a ti como intermediario." Tras su fallecimiento, los compañeros solían recitar esta oración frecuentemente.
Un hadiz transmitido por at-Tabarani recoge que dijo el Mensajero (s.):
"Cuando una persona que esté sola en el desierto pierda algo ha de decir: ¡Oh siervos de Allah, ayudadme! Pues Allah posee siervos a los que no puedes ver."
Ibn Hayyar al-Makki, en su comentario Al-Idah al-Manasik, dijo que esta oración ha sido verificada numerosas veces.
Como fue transmitido por Abu Daud y por muchos otros, el Mensajero de Dios (s.) una tarde en que estaba viajando, dijo: "Oh tierra de Dios, pongo mi confianza en Allah contra tus enemigos." (Julasat ul-Kalam, Bab us-Salam, Mecca, 1305; Isik Kitabevi, Estambul 1395 (1975)
El Imam Abu Hanifa dijo:
"Estaba yo en Medina y Sheij Ayub As-Sahtiani, que era un pío musulmán bien conocido, entró en la mezquita as-Sharif, donde lo encontré. El eminente Sheij estaba frente a la tumba del Profeta y de espaldas a la qibla, luego se marchó."
El eminente Ibn Yama’ escribió en su libro Al-Mansak al-Kabir:
"Al visitarla, después de hacer una oración de dos raka’t y de rogar cerca del mimbar, debe uno situarse en el lado enqiblado de Huyrat as-Sa’ada, dejando a la izquierda la bendita cabeza del Mensajero (s.) a dos metros de distancia de la pared de al-Marqad ash-Sharif (el noble mausoleo del profeta (s.), entonces, dejando atrás la pared de la qibla y volviendose lentamente hasta encarar el Muwayahat as-Sa’ada deberás saludarle. Esto es así en todas las escuelas (madáhib)."
‘Abd el-Ghani an-Nabului, explicando el vigesimo tercero de "Los desastres causados por la lengua" escribe: "Es makruh (desaconsejable) decir mientras se ruega: "Por el derecho de los profetas" o "por el derecho de este o aquel wali vivo o muerto" y pedir a Dios por alguien diciendo esto, porque se ha dicho que ninguna criatura tiene derechos adquiridos ante Dios, es decir, que Dios no está obligado a hacer lo que cualquiera desea."
Esto es cierto, aunque Dios ha prometido a Sus siervos amados reconocerles un derecho sobre Sí mismo y este derecho es que Él aceptará sus deseos. Dice en el Sagrado Corán: "Es una obligación para Mí ayudar a os creyentes."
Y en Al-Fatwa al-Bizaziyya se dice: "Es lícito pedir algo por amor al Profeta o a un wali, vio o muerto, mencionando su nombre" (Al-Hadiqa).
Como se ve, los sabios musulmanes dicen que está permitido rogar a Dios amparándose en el derecho y el amor que Dios ha concedido a Sus amados. Ningún sabio a dicho que pueda ser politeísmo que alguien realice un ruego con la idea de que el hombre posee derechos sobre Dios. Sólo los Wahabis lo dicen.
Hadimi en "Los desastres causados por la lengua" dice también: "Por tu derecho ¡Oh Rasul ul-lah! Y en las batallas pedía la ayuda de Dios por el derecho de los pobres de entre los muhayyirin (los compañeros del Profeta que emigraron de Meca a Medina). Muchos sabios musulmanes han rogado "por el amor de aquellos a los que Tú das cuando ellos Te piden" y "Por el derecho de Muhammad al-Ghazali y de quien escriba estas oraciones en sus libros." (Hadimi, Bariqa, Estaambul, 1284).
El libro Al-Hisn al-Hasin está lleno de estas oraciones. Está escrito en ‘Alusi’s Ghaliyya qque, cuando el Profeta Adán (a.s.) pidió ser perdonado por el derecho del Profeta Muhammad (s.), Dios Altísimo declaró: "Muhammad es quien Yo más amo de entre todas mis criaturas. Te perdono por su derecho. Si no hubiese sido por él no te habría creado."
Los Wahabis escriben: "Imam Zain ul-‘Abidin vio a un hombre rezando ante la tumba del Profeta (s.) y le interrumpió citándole el hadiz: Recita salaawat por mí. Dondequiera que estés, tus saludos me serán transmitidos." El evento se sigue relatando incorrectamente para concluir: "por tanto, está prohibido ir junto a la tumba y rezar y recitar salawat, para evitar que las tumbas se transformen en lugares festivos. A todos aquellos que van a la tumba del Profeta a rezar la oración ritual obligatoria, les está prohibido aproximarse a su tumba con intención de saludarle. Ninguno de sus compañeros lo hizo y previnieron contra aquellos que lo intentasen." Fath al-Mayid, pág. 259. En él también se dice que el gobierno saudí colocará soldados junto a la tumba del Profeta (s.) para evitar que los musulmanes lo hagan. (pág. 234).

Hadrat Yusuf an-Nabhani, en muchas partes de su libro sobre el Wahabismo, refuta esas mentiras: "El Imam Zain ul-‘Abidin no prohibió jamás visitar la bendita tumba del Profeta (s.). Prohibió las conductas inconvenientes e ilícitas durante la visita. Su nieto, Imam Yafar as-Sádiq, solía visitar la tumba del Profeta y permanecer junto a la columna que está en dirección a Rawda, saludaba y decía: Su bendita cabeza está hacia este lado. El decía: No hagáis de mi tumba un lugar festivo, en el sentido de que: no visitemos su tumba únicamente los días festivos, sino que lo hagamos cada día." (Shawahid ul-Haqq, pág. 80, 3ª edición, El Cairo, 1385 (1965)
Abu ‘Abdellah al-Qurtubi escribe en su At-Tadhkira:
"Los actos de la ummah del Profeta(s.) le son comunicados cada mañana y cada tarde" (pág. 88 y 106) y "Cuando el califa al-Mansur se encontraba visitando la tumba del Profeta (s.) preguntó a Imam Malik: ¿Debo ponerme de cara a la qibla o la tumba del Mensajero? A lo que Imam Malik le respondió: ¿Cómo puedes apartar tu cara del Mensajero de Dios" Por él, tú y tu padre Adán seréis perdonados." (pág. 89 y 116)

El Imam An-Nawawi dice en su Adhkar, pág, 98: "Es sunnah visitar las tumbas del Profeta (s.) y de los musulmanes pios y permanecer en ellas un largo rato."

Ibn Humam en su Fath al-Qadir, pág. 100, recoge el hadiz transmitido por ad-Dar al-Qutni y al-Bazzar, que transmite que dijo el Mensajero de Dios (s.): "Si alguien viene a mi tumba con la única intención de visitarme, tendrá derecho a que yo interceda por él el Día de Juicio."

Dios favoreció a los awliia’ con karamat (poderes milagrosos). Sus poderes se mantienen tras su muerte, con frecuencia. Están capacitados para ayudar, incluso después de muertos. Es permisible tomarlos como intercesores ante Dios, pero se les debe pedir de forma correcta. No es permisible decir: "Te daré esto o lo otro si tú me concedes lo que te pido o curas la enfermedad de mi pariente" como dicen algunas gentes ignorantes. De todas formas, esto no puede considerarse un acto de kufr, pues incluso la gente ignorante sabe que el wali no puede realizar por sí mismo lo que le pide, sino que lo hace por que Dios se lo permite. Piensa que el wali es un ser humano amado por Dios y dice: "Por favor, pide a Dios que me conceda lo que Le pido, pues Él no rechaza tus ruegos." De hecho, el Mensajero de Dios dijo: "Existe mucha gente que es considerada común y sin mérito, pero que son criaturas amadas por Dios y, cuando desean algo, Dios se lo concede."

Este hadiz viene también recogido en el libro Wahabi Fath ul-Mayid.
Imam Ahmad, As-Shafi’i, Malik y Abu Hanifa, dijeron que está bien (jair) obtener báraka visitando las tumbas de las gentes pías. Aquellos que dicen pertenecer a Ahl us-Sunnah o que pertenecen a una de las escuelas (madáhib) sunnis deben atenerse a lo que estos imames dicen. Si no lo hacen así, no se puede decir que ellos sean gente de la sunnah.

En el libro Al-fatawa al-Hindiyya, capítulo"Ir al Hayy en lugar de otro", del Sheij Nizam Mu’in ud-Din an-Naqshabandi (1068-1118 ( 11658-1707) Impreso en El Cairo en 1310. 3ª edición en 1393 (1973), se recoge que: "Es permisible dedicar la recompensa (zawab)de una acción de adoración (‘ibada) a otra persona. Por tanto se puede entregar a otra persona la recompensa obtenida por la oración, el ayuno, la limosna, la perefrinación, la recitación del Corán, el dikr, las visitas a las tumbas de los profetas, mártires y musulmanes píos, de amortajar a un cadáver y de todos los actos de caridad y buenas acciones." Por este párrafo se comprende de paso que visitar las tumbas de los cercanos a Dios permite obtener recompensa.

Los Wahabis dicen: "Es causa de kufr y de shirk construir un mausoleo sobre una tumba; que aquellos que rinden culto o aquellos que sirven en los mausoleos, enciendan lamparillas de aceite o velas y ofrendar limosnas por las almas de los muertos." Según ellos, los habitantes de al-Haramain (Meca y Medina) han venido adorando los mausoleos y los muros desde hace mucho tiempo.

Construir un domo sobre una tumba es haram (prohibido) si se hace por ostentación u ornamentación. Si es para proteger la tumba de la destrucción, sólo lo consideran makruh (desaconsejable). Si se piensa que un ladrón o un animal puede destruir su interior, es permisible, pero no debe hacerse de ello un lugar de visita. No debe decirse que deben ser visitados en ciertos momentos y menos hacer tawassul (pedir intercesión) o recitar Corán por el muerto si se pasa por delante de una tumba.

No es makruh sepultar cadáveres en una construcción hecha con anterioridad, los compañeros sepultaron al Mensajero de Dios (s.) y a los dos primeros califas en un edificio ya construido y ninguno de ellos estuvo en contra. Los hadices al respecto indican que tal cosa no puede considerarse una herejía. El gran sabio islámico Ibn ‘Abidin escribió: "Algunos sabios consideran que es makruh poner un sudario, un sombrero o un turbante sobre la tumba de un musulmán piadoso o un wali." El libro: Al-Fatawa al-Huyya dice que tal cosa es makruh si se pretende mostrar a todo el mundo la grandeza del difunto, no sea que por ello sea insultado, ya que los que visiten una tumba deben ser respetuosos y guardar buenos modales.

En efecto, los actos que no son prohibidos en al-Adil.lat ush-Shar’iiah (la normativa islámica) deben ser juzgados conforme a la intención con que se realizaron. Es cierto que en la época de los Sahaba (los compañeros del Profeta (s.) no se construyeron cúpulas sobre las tumbas, ni se colocaron sobre ellas sarcófagos de piedra o de madera, ni se cubrieron con ropajes, pero ninguno de ellos estuvo en contra de enterrar al Profeta (s.) y a sus dos primeros califas en una habitación.
Todos los libros de fiqh dicen que, tras el tawwaf de despedida a la Kaaba, es preciso salir de la Mezquita al-Haram caminando hacia atrás, como un acto de respeto a la Casa de Dios. No es algo que los Sahaba hiciesen, perro su respeto a la Kaaba era tan evidente en todos los detalles que, nuestro sabios, hicieron obligatorio salir de la Mezquita de al-Haram caminando hacia atrás para inculcarnos el mismo respeto por ella que el que maanifestaban los compañeros del Profeta (s.). Por esa razón, hicieron lícito el cubrir las tumbas y los mausoleos de los musulmanes pios y de los awliia’con ropajes y construir cúpulas sobre ellas, en señal de respeto, para inculcar en las gentes el mismo respeto hacia ellos como mostraban los Sahaba. ‘Abd el-Ghani an-Nabulusi explica este punto con detalle en su libro Kashf an-Nur que junto con la obra de Yalal ud-Din as-Suyuti, Tanwir al-Halak fi imkaani ru’iat in-Nabiyihaaran wal malak, fueron editadas en una sola obra por Isik Kitabevi, con el título Al-Minhat al-Wahabiiah, en Estambul, 1974.

El cementerio de Baqi, situado en la bendita ciudad de Medina, muy cerca de la tumba de Mensajero (s.) poseía muchos mausoleos llamados "mash had" (lugar de martirio). Los Wahabis los destruyeron todos. Excepto los Wahabis, ningun sabio islámico ha dicho que sea politeísmo o kufr visitar las tumbas o construir una cúpula sobre ellas. Excepto a esta gente desviada, nunca se ha visto a ningún musulmán demoliendo los mausoleos de los muertos.

Al final del libro Halabi-i Kabir, leemos: "Si una persona decide hacer un cementerio en un terreno de su propiedad y en él hay un espacio libre, es permisible que alguien construya en él un mausoleo con cúpula con la idea de enterrar cuerpos. En caso de que no hubiese sitio en el cementerio para enterrar más cuerpos, ese mausoleo deberá ser demolido para habilitar más espacio a las tumbas, ya que ese espacio pertenece a la fundación que gobierna el cementerio y fue destinado para enterramiento de las personas." Si el construir mausoleos con cúpulas hubiese estado considerado señal de politeísmo, o si se hubiese considerado que las tumbas con bóvedas eran ídolos, nunca se hubiese considerado permisible su construcción.

El famoso libro Wahabi Fath al-Mayid dice en la pág. 133: "¿Quien intente conseguir bendiciones (tabarruk) con un árbol, una piedra, una tumba o algo similar, deviene politeísta. Las tumbas han sido convertidas en ídolos al haber construido cúpulas sobre ellas. La gente de los tiempos pre-islámicos (Yahilía) también solía adorar a las personas pías y las estatuas. Hoy en día, en las tumbas y los mausoleos se hace eso y cosas peores. Intentar obtener bendiciones en las tumbas de las personas pías es como adorar al ídolo Al-Lat. Esos politeístas imaginan que los awliia’ escuchan y responden sus oraciones y súplicas. Dicen que se aproximan a los muertos para hacer ofrendas y dar limosnas. Todos esos actos son un grave politeísmo. El politeísta es politeísta incluso si se denomina a sí mismo de otra manera. Rogando a los muertos con respeto y ternura, degollando animales, realizando ofrendas y actos similares, cometen politeísmo, no importa como ellos lo denominen. Los politeístas de estos tiempos le llaman a eso "ta’zim" (mostrar respeto) y "tabarruk" (obtener bendiciones) para que parezca tolerable lo que hacen."

He recogido en mis libros las respuestas que los ‘ulama’ islámicos dan a esas acusaciones calumniosas y ofensivas con que los Wahabis insultan a Ahl us-Sunnah. Mencionaré un parrafo del libro Al-usul al-arba’ fi tardid al-Wahabiiah (Los cuatro pilares para refutar a los Wahabis) para mostrar al lector como los Wahabis se desvían y engañan a sí mismos y llevan a los musulmanes a la ruina: "El Corán, el hadiz, los dichos y hechos de Salaf as-Salihin y de la mayoría de los sabios, señalan que es permisible monstrar respeto (ta’zaim) a otro que a Allah subhana hu wa ta’ala. La aleya 32 de la surat ul-Hayy, establece:
"Cuando alguien respeta las cosas sagradas (sha’a’ir) de Dios, ese sentimiento procede del respeto que tienen a Dios en sus corazones."
Sha’a’ir significa "indicaciones, signos". Hadrat ‘Abd el Haqq ad-Dahlawi dice: Sha’a’ir es el plural de sha’ira, que significa "señal" (‘alama). Cualquier cosas que recuerde a Alla ta’ala al verla, es una señal de Dios. La aleya 158 de la surat ul-Baqara dice:
"As-Safa y al-Marwa figuran entre las señales de Dios."

Como se deduce claramente de esta aleya, las colinas de Safa y Marwa no son las únicas señales de Dios Altísimo. Existen más y no sólo en ‘Arafat, Muzdalifa y Mina.

Shah Wali ul-lah ad-Dahlawi, escribe en la página 69 de su obra Huyyat ul.Lahil Baligha: "Las grandes señales de Dios Altísimo son cuatro: el Corán, la Kaaba, el Profeta (s.) y las oraciones obligatorias." Y en la página 30 de su obra Altaf al-Quds, dice: "Amar las señales de Allah ta’ala significa amar todo aquello que recuerda a Allah. Amar a los awliia’ de Allah ta’ala es lo mismo." Y en un hadiz recogido en el Musnad de Ibn Abi Shaiba y en Kunuz ad-daqa’iq de al-Manawi, se recoge que dijo el Profeta (s.): "Observar el rostro de los amigos de Dios (awliiah ul-lah) es un acto de adoración, pues nos recuerdan a Dios Altísimo."

Por esa razón, los awliia’ se encuentran también entre las señales. Si las colinas de Safa y Marwa situadas junto a la Kaaba, entre las cuales caminó la madre del profeta Ismail, Hadrat Hayyar (a.s.) se encuentran entre las señales de Allah y son motivo de que recordemos a esa bendita madre ¿Por qué los sitios donde Hadrat Muhammad, que es la mejor de las criaturas y el Amado de Dios Altísimo, nació y creció, los sitios donde adoró a Dios Altísimo, emigró, hizo la oración y pasó, así como su tumba bendita, la de su familia purificada y sus nobles compañeros, no han de contarse entre la señales?

En un hadiz transmitido por An-Nasai y por At-Tirmidi se recoge que el Profeta (s.) ordenó a un hombre ciego que le había pedido que rezase por su curación, que hiciese la ablución y una oración de dos raka’ y , tras ella, que dijese:

"Allah humma, inni as’aluka wa atawahhahu ‘alaaika bi nabiika Muhammadi, nabi ir-rahma. Ia Muhammadu inni atawahhahu bika ila rabbi fi hayati hadihi li takdiya li. Allah humma fa shafi’hu fi ia".
En la que el Mensajero (s.) le encominda ponerle a él como intercesor para que, así, su oración sea aceptada. Los compañeros solían usar esta súplica que también se recoge en el libro Al-Hisn al-Hasin con su cadena de transmisión y en su comentario se dice que el sentido de la súplica es: ¡Oh Dios mío yo me dirijo a Ti y Te pido a través de Tu mensajero Muhammad, el Mensajero de la Misericordia...
Estas súplicas muestran que es permisible poner como intermediarios a aquellos que Dios ama, y rezar a Dios diciendo: "¡Oh Dios mío, por el amor que Tu les tienes concédeme lo que Te pido!"

Sheij ‘Alî Mahfud (m. 1361(1942)) uno de los grandes sabios de la Universidad Al-Azhar, ponderó mucho a Ibn Taimiiah y a ‘Abdu en su libro Al-Ibda’, no obstante escribió:
"No es correcto decir que los awliia’ dirigen los asuntos mundanos tras su muerte, curando enfermedades, rescatando a quienes están a punto de ahogarse, ayudando a los que están frente al enemigo y encontrando las cosas perdidas. Es erróneo decir que, dado que los awliia’ tienen una gran posición espiritual, Allah les ha permitido realizar esas tareas, y de esa manera, ellos pueden hacer lo que deseen y que quien se refugia en ellos no está equivocado. Pero lo que sí es cierto es que, entre sus awliia’, Allah bendice a quienes Él quiere y por su generosidad (karamat) Él cura a los enfermos, rescata a los que están a punto de ahogarse, ayuda a quienes están frente al enemigo y hace que se encuentre las cosas perdidas. Es lógico y también el Corán nos lo enseña." Sheij ‘Alî Mahfud, Al-Ibda’, pág. 213, El Cairo 1956.

‘Abdullah ad-Dasuqi y Iusuf ad-Dajwi, profesores de la Universidad de Al-Azhar, escriben comentarios elogiosos sobre el libro, al final del mismo.

Hadrat ‘Abdel Gani an-Nabulusí escribió: "un hadiz qudsi que Al-Bujarí recogió de Abu Hurairah, dice que dijo el Profeta (s.): Dios Altísimo declaró: "mis siervos humanos no pueden acercarse a Mí con nada mejor que realizando sus deberes obligatorios (fard). Cuando se esfuerzan en la realización de actos de adoración suplementarios, eso me agrada tanto que Yo soy el que oye por sus oídos, ve por sus ojos, toma por medio de sus manos y camina por sus pies y les daré lo que me pidan. Si ellos confían en Mí, Yo les protegeré."

Los actos de adoración suplementarios aquí mencionados son, tal y como está recogido en Maraq al-Falah y en las anotaciones de At-Tantawi, la sunnah y los actos suplementarios de aquellos que hacen lo obligatorio. Este hadiz, pues, establece que: "Quien tras realizar los actos obligatorios, se esfuerza en actos de adoración suplementarios (nawáfil) obtendrá el amor de Dios y sus ruegos serán aceptados." ‘Abdel Gani an-Nabulusí, Al-Haqiqat an-Nadiyya, pág. 182, Estambul, 1290.

Estén vivos o muertos, cuando estas personas ruegan por otros a su Señor, éstos consiguen lo que desean. Ellos oyen aunque estén muertos. Igual que no lo hicieron cuando estaban vivos, no se pliegan ante los deseos de los que llegan a ellos con las manos vacías, pero ruegan por ellos. Por esa razón, un hadiz declara que:
"Cuando estés en un problema, pide ayuda a aquellos que moran en las tumbas."

De hecho, un musulmán continúa siendo un musulmán cuando esta muerto igual que lo era cuando estaba vivo. Los profetas continúan siendo profetas tras u fallecimiento igual que lo fueron mientras estaban vivos, pues es el alma de un hombre la que es musulmana y cuando el hombre muere su alma no cambia. Este hecho esta recogido en el libro ‘Umdat al-‘aqâ’id del Imam ‘Abdullah as-Nasafí, Londres, 1259 (1843) Así mismo, los awliia’ continúan siendo awliia’ después de muertos igual que cuando estaban vivos. Aquel que no lo cree es un ignorante.

Hemos probado en otra obra nuestra que los awliia’ poseen karamat tras su muerte igual que las poseyeron en vida. (Al-Hadiqa, pág. 230).

El maestro hanafi Ahmad ibn Sayyid Muhammad al-Makki al-Hamawi y los maestros safi’i, Ahmad ibn Ahmad as-Suya’i y Muhammad ash-Shawbari al-Misri, escribieron libros en los que prueban que los awliia’ poseían karamat (poderes milagrosos), que su karamat continuaba después de sus fallecimiento y que tawassul (pedirles su intercesión ante Allah) e istigáza (suplica) ante sus tumbas, era permisible.

Estas tres obras fueron publicadas juntamente con Ad-durar as-sauniiah fir-raddi ‘alal wahabiiah de Hadrat Ahmad Zaimi Dahlan, en el Cairo, el año 1319 (1901) y en 1347 (1928). Reproducción fotográfica de Isik Kitabevi, Estambul, en 13396 (1976).

En un hadiz verdadero, que los maestros del hadiz Hudhaima, Ad-Dara Qutni y at-Tabaraní recogieron, ‘Abdullah ibn ‘Umar declara que escuchó decir al Profeta: Interceder por aquellos que visiten mi tumba será obligatorio para mí.

Imam Al-Manawi recoge también este hadiz en su libro Kumuz ad-Daqa’iq, añadiendo que el Mensajero de Allah (s.) dijo también: Tras mi muerte, visitar mi tumba será como visitarme cuando estaba vivo.
Los hadices:
Se ha vuelto lícito (halal) para mí interceder por aquellos que visiten mi tumba
recogido por Imam al-Bazzar y transmitido por ‘Abdullah ibn ‘Umar
Y:
En el Día del Juicio, yo intercederé por aquellos que vinieron a Medina a visitar mi tumba.
recogido en el Sahih de Muslim y transmitido también por ‘Abdullah ibn ‘Umar
Son hadices marfu’ y conocidos por la mayoría de los musulmanes.
At-Tabarani, ad-Dara Qutmi y ‘Abd ar-Rahman ibn al-Fawzi recogen el hadiz en el que se transmite que dijo el Profeta (s.):
Aquel que realice el Hayy y después visite mi tumba, será como si me hubiese visitado cuando estaba vivo.
Y ad-Dara Qutmi recoge este otro, alusivo a quienes, cuando hacen el Hayy, no visitan la tumba del Mensajero de Dios (s.) sin tener una excusa válida:
Aquel que realice el Hayy y no visite mi tumba, me habrá herido.

‘Abd al-‘Azir, rector de la Universidad islámica de Medina, escribió en su Tahqiq wa Isah: "Ninguno de los hadices arriba mencionados recomendando la visita al santuario del Profeta, tienen cadena de transmisión (isnad) o documentación alguna. El Sheij al-Islam Ibn Taimiiah dice que todos ellos son "mawdu".

Los rechaza como hacen todos los Wahabis, a pesar de que la cadena de transmisión de todos ellos esta recogida en el octavo volumen de los comentarios a Al-Mawahib de Az-Zarkami y al final del cuarto volumen de Wafa al-Wafa de As-Samhudi. En estos libros se recoge que estos hadices son correctos (hasan) y que los comentarios de Ibn Taimiiah carecen de fundamento.

El rector e instructor de la Universidad de Medina trata de ese modo de calumniar los escritos de los sabios (‘ulama’) de Ahl us-Sunnah y de extender los dogmas Wahabis por todo el mundo, con sus libros.

Los Wahabis, para hacer creer a los musulmanes y a los no musulmanes que ellos son los verdaderos musulmanes, siguen una nueva política: han fundado un centro islámico llamado Rabitat al-Alamía al-Islamía en Meca, reuniendo a los ignorantes y contratando hombres con estudios religiosos, escogiéndolos en cada país y pagándoles grandes sueldos. Gracias a la ignorancia de estos hombres sobre los libros de los maaestros de Ahl us-Sunnah, pueden utilizarlos como instrumentos de sus planes. Desde este centro ellos defienden en todo el mundo las tesis heréticas del Wahabismo, a las que califican de "fatwas de la unidad islámica mundial".

Existen muchos hadices relatando como Rasul ul-lah estaba vivo en su tumba en una clase de vida desconocida. Hay numerosas pruebas de que son hadices correctos. De ellos, los dos siguientes están recogidos en seis famosos libros de hadices:
"Yo oiré el salawat (Allah humma sal.li ’ala Muhammadin wa Ali Muhammad- Oh Allah, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad) recitado en la distancia"
"Si una persona recita salawat en mi tumba, Allah envía a un ángel que me informa de ello y yo intercederé por él el Día del Juicio."

Si un musulmán acude a la tumba de otro musulmán al que conocía cuando estaba vivo y le saluda, el musulmán fallecido le reconocerá y contestará a su saludo.

Un hadiz transmitido por Ibn Abid Dunya así lo recoge y añade: "y el muerto se siente feliz"
Si una persona saluda a los muertos que no conoce, estos le estarán agradecidos y le responderán a sus saludos. ¿Cómo es posible que, mientras los musulmanes y los mártires reconocen a quienes les saludan y les responden, Rasulullah (s.) no pueda hacerlo? Así como el sol en el firmamento ilumina el mundo entero, Rasulullah (s.) responde al mismo tiempo a todos los que le saludan. En un hadiz se recoge que dijo el mensajero: "Tras mi muerte, oiré como oigo cuando estoy vivo". Otro hadiz transmitido por Abu Ya’la dice: "Los profetas están vivos en sus tumbas y rezan la oración obligatoria."

Ibrahim ibn Bishar y Saied Ahmad ar-Rifa’i, y muchos awliiah dijeron que ellos habían escuchado la respuesta de Rasulullah (s.) cuando habían ido a su tumba y le habían saludado.

El gran maestro islámico Jahl ad-Din as-Suyut escribió el libro Sharaf al-muhkam en respuesta a una pregunta de si era cierto que Sayyid Ahmad ar-Rifa’i había besado la santa mano de Rasulullah. En este libro, él prueba mediante evidencias tradicionales que Rasulullah estaba vivo en su santuario y que el oía y rspondía alos saludos. Y cuenta como en la noche del Mi’ray (viaje del Profeta a los cielos en cuerpo y alma) Rasulullah vio a Hadrat Moises rezando junto a su tumba.

Un hadiz relatado por Aisha relata que dijo el Mensajero de Dios (s.): "Sufro las consecuencias de la comida envenenada qie ingerí en Jaibar. Por culpa de ese veneno mi aorta casi no funciona." Este hadiz demuestra que, además de la profecía, Allah a otorgado a Hadrat Muhammad (s.), el mejor de los seres creados, el maqam del martirio.

Allah dice en la surah Ale Imran, aleya 169: Y no consideréis que aquellos que fueron matados en el camino de Dios están muertos, sino que están vivos juntos y mantenidos junto a su Señor.

Sin duda, este gran profeta, que fue envenenado en la senda de Dios, se encuentra en lo alto de esta honorable posición que esta aleya menciona.

El hadiz transmitido por Ibn Hibban dice que dijo el Mensajero de Dios: El santo cuerpo de los profetas no se pudrirá jamás. Si un musulmán recita salawat para mí, un ángel me lo comunica y dice. Fulano el hijo de fulano te envía salawat y te saluda. Hadrat Abu Darda uno de los que estaban acompañando en ese momento al Mensajero de Dios (s.) le preguntó: ¿También te lo comunicará tras tu fallecimiento? Y el Profeta (s.) le contestó: Sí, también estaré informado de ello tras mi muerte, pues le está prohibido a la tierra descomponer el cadáver de los profetas. Ellos están vivos después de su fallecimiento y están protegidos.

El califa ‘Umar, tras la conquista del Quds (jerusalen) fue al santuario del Profeta (s.), visitó su tumba y le saludó.
‘Umar ibn ‘Abdel Aziz, que fue un gran wali de Allah, solía enviar oficiales de Damasco a Medina con la misión de recitar salawat ante el santuario del Profeta (s.).

‘Abdullah ibn ‘Umar, al regreso de cada viaje, marchaba directamente a la tumba del Profeta (s.). Primero saludaba al Mensajero de Dios (s.) después a Abu Bakr as-Siddiq y finalmente a su propio padre. Imam Nafi’ dijo: Vi más de cien veces a ‘Abdellah ibn ‘Umar ir a la tumba del Profeta y decirle: "As salam aleika ia Rasul ul-lah" También un día Hadrat ‘Ali ibn Abi Talib fue a la mezquita y, cuando vio la tumba del Profeta, lloró, entonces dijo: "As salam aleika ia Rasul ul-lah".

Conforme a lo transmitido por Imam Abu Hanifa, cuando uno realiza el Hayy, debe completar primero su peregrinación a la Kaaba y, después, ir a Medina a visitar al Profeta.

Qadi ‘Iad, autor del libro Shifa’, Imam Nawawí, sabio de la escuela Shafi’i, e Ibn Humam, sabio de la escuela Hanafi, recogen que existe un acuerdo general en la ummah, sobre que es necesario visitar la tumba del Profeta. Algunos sabios dicen que es obligatorio (wayib). De hecho, visitar las tumbas en una sunna profética.
La aleya 64 de la surat un-Nisa declara:
Si, cuando se oprimieron a sí mismos, hubieran venido a ti, Allah los habría perdonado y, si el Mensajero hubiera pedido el perdón para ellos, habrían encontrado que Allah es Perdonador, Misericordioso.

Esta aleya indica claramente que el Mensajero de Dios puede interceder y que su intercesión (shafa’) será aceptada.

También se nos ha ordenado visitar el santuario del Mensajero (s.) y pedirle que interceda por nosotros ante Dios Altísimo. Existe un hadiz que recoge que dijo el Mensajero de Dios (s.): "Es conveniente que una persona salga para un largo viaje con el único objeto de visitar tres mezquitas". Se refiere a la Mezquita sagrada de la Meca, la Mezquita del Mensajero en Medina y la Mezquita Lejana (Al-Aqsa) en Jerusalen. Por esa razón, aquellos que hacen el Hayy y no van a visitar la tumba del Profeta (s.), serán privados de su recompensa.
Existe un hadiz que recoge que dijo el profeta (s.):
"No hagáis de mi santuario un lugar de fiesta"
Hadrat ‘Abd al-Azim al-Munziti, un maestro en hadices, ha comentaado este hadiz diciendo:
"No consideréis que es suficiente con visitar mi tumba solamente una vez al año, como un día festivo ¡Tratad de visitarla continuamente!"

De hecho, no está permitido realizar la obligación obligatoria en el cementerio. Se ha dicho que este hadiz podría significar: "No fijéis un día señalado para visitar mi tumba, como si fuera un lugar de fiesta."

Judios y cristianos, cuando visitaban a los profetas, solían hacerlo en grupo, tocando instrumentos, cantando canciones y actuando ceremoniosamente. Este hadiz implica que no debemos organizar un bullicio festivo con cosas prohibidas, en los días festivos. No debemos tocar flautas o tambores o actuar ceremoniosamente durante nuestra visita. Debemos visitarle y saludarle, rezar y marchar silenciosamente, sin prolongar nuestra estancia.

Dice el Imam Abu Hanifa que la visita a la tumba del Profeta (s.) era la costumbre mas valiosa, y hay algunos maestros que dicen que es obligatorio (wayib), por ello visitar la tumba del Profeta (s.) es considerado una ofrenda en la escuela Shafi’i.

En efecto, en un hadiz qutsi, Allah Ta’ala dice:
¡Oh Muhammad! Si Yo no te hubiese creado, no habría creado nada.
Como se recoge en el libro Maktubat de Hadrat al-Imam ar-Rabbani, vol. III, carta 122. El hadiz refleja lo mucho que Allah ama al Mensajero (s.). Incluso una persona corriente no se negaría a una petición realizada en nombre de la persona que ama. Es facil para la persona que ama hacer algo por el amor que siente hacia su amado.Si una persona dice: "¡Oh Dios mío! Por el amor a Tu amado Muhammad (s.) yo te pido tal cosa" este deseo no le será negado.

As-Seied Ahmad ibn Zaini Dahlan, mufti de la Meca, fue un gran sabio y el Sheij al-Kutaba’ en la escuela Sahfi’i. Escribió muchas obras, tales como: Julasat ul-Kalám fi baiani umara’i balad al-Harám, Fir raddi ‘alal Wahhabiiati atba’u madhabi Ibn Taimiiah, Ad-Durar as-Saniiah fi raddi ‘alal Wahabiiah, en los que denunció el verdadero propósito de los Wahabis y probó con aleyas coránicas y hadices que estaban desviados.

En su obra Julasat ul-Kalam, menciona como engañaron a los ignorantes de entre los muslmanes y refuto sus argumentos uno a uno, probando que sus palabras eran mentiras y calumnias. En él leemos:
"Es aceptable y permisible pedirle a Dios por mediación del Mensajero (s.) una vez fallecido, igual que cuando estaba vivo, de la misma manera que es permisible pedir a Dios por mediación de los awliiah y de los musulmanes píos, como lo muestran los hadices."

Las páginas 167, 170, 191, 208, 248, 353, 414, 416, 482,486 y 505 de la obra wahabi Fath ul-Mayid, son una sátira contra los musulmanes. Los sabios de Ahl us-Sunnah dicen que es únicamente Allah quien crea, otorga el beneficio o el perjuicio y la aniquilación. El no tiene socio. No los profetas, ni ningún otro ser vivo o muerto pueden crear, beneficiar o perjudicar. Sin embargo, al ser amantes siervos de Allah, nos beneficiamos de las bendiciones que ellos reciben. Los Wahabis creen que eso es válido para los vivos, pero no para los muertos. En la obra Fath ul-Mayid, pág 504, leemos: "Quien pide a una persona muerta, o viva pero ausente, deviene politeísta. Una persona puede ser requerida para aquello que tiene poder, pero no esta permitido solicitar de alguien lo que sólo pertenece al poder de Allah"
Y en la página 136 dice:
"Pedir bendiciones ante la tumba de un musulmán pío es politeísmo, semejante a adorar a los ídolos al-Lat y Manat."
Y en la pág 208 dice:
"Es politeísmo pedir a los muertos lo que uno necesita, o rogar a través de los muertos. Pedirle a una persona muerta es ignorancia y Dios no lo permite, ya que ellos no han sido designados intermediarios para interceder ni se les ha permitido hacerlo. El requisito previo para la intercesión es la fe, pero la persona que interroga a los muertos solicitándoles su intercesión es un politeísta y eso le incapacita para recibir clemencia."
Pero, en la página 200 se contradice con estas valoraciones y dice:
"Los cielos temen a Dios. Dios ha dotado de sentido a los cielos y estos poseen capacidad de percepción. Esta declarado en el Corán que la tierra y los cielos alaban a Dios. Los compañeros del Profeta (s.) escuchaban a las rocas rezar y alabar a Dios cuando el Mensajero las tomaba en sus benditas manos.. La columna de la mezquita del Profeta, llamada Hannana, gemía y su base rezaba y alababa a Dios."

Eso muestra la simpleza de decir que los profetas y los awliia’ no sienten, cuaando, por otro lado, se reconoce que las montañas y las rocas y columnas sienten y son conscientes.

Los Wahabis devienen politeístas al decir que los vivos pueden hacer de intermediarios ante Dios, pero los muertos no, pues ello significa que los vivos oyen y sienten, pero no los muertos y por acusar de politeísmo a quienes que creen esto, cuando la realidad es que es solamente Dios quien siente y crea y que las personas, vivas o muertas, son únicamente intermediarios entre las personas y Dios.

El rumor que atribuye a Abu Hanifa la prohibición de pedir a Allah por mediación del Mensajero (s.), como dice la obra Los comentarios al Corán de ‘Alusi’s, es falso ya que ningún sabio de la ummah ha recogido jamás ese comportamiento en Abu Hanifa. Al contrario, todos los sabios han recogido en sus obras que está permitido.
Los términos Tawassul, tashaffu’, istighaza y tawayyud, poseen todos el mismo significado: intercesión y todas son acciones permisibles.

En As-Sahih de al-Bujari se recoge que dijo el Mensajero (s.):
"El Día del Juicio las gentes pedirán primero la intercesión de Hadrat Adán."
Hadrat Bilal ibn Hariz, uno de los notables compañeros del Mensajero, fue una vez junto a él (s.) y le dijo: "¡Oh Mensajero de Dios! ¡Te pido en beneficio de tu Ummah que llueva! Y llovió.
Los idólatras, que dicen que los ídolos pueden interceder por ellos, adoran a los ídolos, pero los creyentes que piden la intercesión de los profetas o de los awliia’, no les adoran.

El sagrado Corán declara:
"La intercesión sólo es posible con Su permiso."
En la oración que nos ha sido ordenado recitar después de la llamada al oración (Adán) se menciona que Allah a prometido a nuestro Profeta (s.) los atributos de la Fadilah y la Wasilah. Él declaró que el Profeta (s.) podría interceder por quien quiera que recitase esta oración, por aquellos que recitan salawat y por aquellos que visitan su tumba.

El hadiz: "Yo intercederé por aquellos que han cometido grandes pecados" demuestra que a él (s.) se le permitirá interceder por cualquiera que tenga fe
De los cuarenta hadices de la página 130 de Shawahid ul-Haqq, el decimotercero dice:
"Yo intercederé el Día del Juicio. Diré: ¡Oh Dios mío! Pon en el Paraíso a aquellos que tienen fe del tamaño de un grano de mostaza."

Al-Bujari también recogió este hadiz.
Istigaza significa tawassul, poner a alguien como intermediario, pedir su ayuda y a través de él. Pedir shafa’a de alguien, quiere decir rezar a Dios para que uno pueda dejar este mundo con fe en que, en el momento de su último suspiro, tendrá Su amor.
En la obra Wahabi Fath ul-Mayid, en la página 323 dice:
"Es politeísmo pedir la intercesión de alguien ausente. Dios ordena la guerra contra los politeístas."
En cambio, el Profeta (s.) solía decir: "¡Oh Muhammad, me estoy acercando a mi Señor al ponerte a ti como intermediario." Tras su fallecimiento, los compañeros solían recitar esta oración frecuentemente.
Un hadiz transmitido por at-Tabarani recoge que dijo el Mensajero (s.):
"Cuando una persona que esté sola en el desierto pierda algo ha de decir: ¡Oh siervos de Allah, ayudadme! Pues Allah posee siervos a los que no puedes ver."

Ibn Hayyar al-Makki, en su comentario Al-Idah al-Manasik, dijo que esta oración ha sido verificada numerosas veces.
Como fue transmitido por Abu Daud y por muchos otros, el Mensajero de Dios (s.) una tarde en que estaba viajando, dijo: "Oh tierra de Dios, pongo mi confianza en Allah contra tus enemigos." (Julasat ul-Kalam, Bab us-Salam, Mecca, 1305; Isik Kitabevi, Estambul 1395 (1975)

El Imam Abu Hanifa dijo:
"Estaba yo en Medina y Sheij Ayub As-Sahtiani, que era un pío musulmán bien conocido, entró en la mezquita as-Sharif, donde lo encontré. El eminente Sheij estaba frente a la tumba del Profeta y de espaldas a la qibla, luego se marchó."
El eminente Ibn Yama’ escribió en su libro Al-Mansak al-Kabir:
"Al visitarla, después de hacer una oración de dos raka’t y de rogar cerca del mimbar, debe uno situarse en el lado enqiblado de Huyrat as-Sa’ada, dejando a la izquierda la bendita cabeza del Mensajero (s.) a dos metros de distancia de la pared de al-Marqad ash-Sharif (el noble mausoleo del profeta (s.), entonces, dejando atrás la pared de la qibla y volviendose lentamente hasta encarar el Muwayahat as-Sa’ada deberás saludarle. Esto es así en todas las escuelas (madáhib)."

‘Abd el-Ghani an-Nabului, explicando el vigesimo tercero de "Los desastres causados por la lengua" escribe: "Es makruh (desaconsejable) decir mientras se ruega: "Por el derecho de los profetas" o "por el derecho de este o aquel wali vivo o muerto" y pedir a Dios por alguien diciendo esto, porque se ha dicho que ninguna criatura tiene derechos adquiridos ante Dios, es decir, que Dios no está obligado a hacer lo que cualquiera desea."

Esto es cierto, aunque Dios ha prometido a Sus siervos amados reconocerles un derecho sobre Sí mismo y este derecho es que Él aceptará sus deseos. Dice en el Sagrado Corán: "Es una obligación para Mí ayudar a os creyentes."

Y en Al-Fatwa al-Bizaziyya se dice: "Es lícito pedir algo por amor al Profeta o a un wali, vio o muerto, mencionando su nombre" (Al-Hadiqa).

Como se ve, los sabios musulmanes dicen que está permitido rogar a Dios amparándose en el derecho y el amor que Dios ha concedido a Sus amados. Ningún sabio a dicho que pueda ser politeísmo que alguien realice un ruego con la idea de que el hombre posee derechos sobre Dios. Sólo los Wahabis lo dicen.

Hadimi en "Los desastres causados por la lengua" dice también: "Por tu derecho ¡Oh Rasul ul-lah! Y en las batallas pedía la ayuda de Dios por el derecho de los pobres de entre los muhayyirin (los compañeros del Profeta que emigraron de Meca a Medina). Muchos sabios musulmanes han rogado "por el amor de aquellos a los que Tú das cuando ellos Te piden" y "Por el derecho de Muhammad al-Ghazali y de quien escriba estas oraciones en sus libros." (Hadimi, Bariqa, Estaambul, 1284).

El libro Al-Hisn al-Hasin está lleno de estas oraciones. Está escrito en ‘Alusi’s Ghaliyya qque, cuando el Profeta Adán (a.s.) pidió ser perdonado por el derecho del Profeta Muhammad (s.), Dios Altísimo declaró: "Muhammad es quien Yo más amo de entre todas mis criaturas. Te perdono por su derecho. Si no hubiese sido por él no te habría creado."

Los Wahabis escriben: "Imam Zain ul-‘Abidin vio a un hombre rezando ante la tumba del Profeta (s.) y le interrumpió citándole el hadiz: Recita salaawat por mí. Dondequiera que estés, tus saludos me serán transmitidos." El evento se sigue relatando incorrectamente para concluir: "por tanto, está prohibido ir junto a la tumba y rezar y recitar salawat, para evitar que las tumbas se transformen en lugares festivos. A todos aquellos que van a la tumba del Profeta a rezar la oración ritual obligatoria, les está prohibido aproximarse a su tumba con intención de saludarle. Ninguno de sus compañeros lo hizo y previnieron contra aquellos que lo intentasen." Fath al-Mayid, pág. 259. En él también se dice que el gobierno saudí colocará soldados junto a la tumba del Profeta (s.) para evitar que los musulmanes lo hagan. (pág. 234).

Hadrat Yusuf an-Nabhani, en muchas partes de su libro sobre el Wahabismo, refuta esas mentiras: "El Imam Zain ul-‘Abidin no prohibió jamás visitar la bendita tumba del Profeta (s.). Prohibió las conductas inconvenientes e ilícitas durante la visita. Su nieto, Imam Yafar as-Sádiq, solía visitar la tumba del Profeta y permanecer junto a la columna que está en dirección a Rawda, saludaba y decía: Su bendita cabeza está hacia este lado. El decía: No hagáis de mi tumba un lugar festivo, en el sentido de que: no visitemos su tumba únicamente los días festivos, sino que lo hagamos cada día." (Shawahid ul-Haqq, pág. 80, 3ª edición, El Cairo, 1385 (1965)

Abu ‘Abdellah al-Qurtubi escribe en su At-Tadhkira:
"Los actos de la ummah del Profeta(s.) le son comunicados cada mañana y cada tarde" (pág. 88 y 106) y "Cuando el califa al-Mansur se encontraba visitando la tumba del Profeta (s.) preguntó a Imam Malik: ¿Debo ponerme de cara a la qibla o la tumba del Mensajero? A lo que Imam Malik le respondió: ¿Cómo puedes apartar tu cara del Mensajero de Dios" Por él, tú y tu padre Adán seréis perdonados." (pág. 89 y 116)
El Imam An-Nawawi dice en su Adhkar, pág, 98: "Es sunnah visitar las tumbas del Profeta (s.) y de los musulmanes pios y permanecer en ellas un largo rato."

Ibn Humam en su Fath al-Qadir, pág. 100, recoge el hadiz transmitido por ad-Dar al-Qutni y al-Bazzar, que transmite que dijo el Mensajero de Dios (s.): "Si alguien viene a mi tumba con la única intención de visitarme, tendrá derecho a que yo interceda por él el Día de Juicio."

Dios favoreció a los awliia’ con karamat (poderes milagrosos). Sus poderes se mantienen tras su muerte, con frecuencia. Están capacitados para ayudar, incluso después de muertos. Es permisible tomarlos como intercesores ante Dios, pero se les debe pedir de forma correcta. No es permisible decir: "Te daré esto o lo otro si tú me concedes lo que te pido o curas la enfermedad de mi pariente" como dicen algunas gentes ignorantes. De todas formas, esto no puede considerarse un acto de kufr, pues incluso la gente ignorante sabe que el wali no puede realizar por sí mismo lo que le pide, sino que lo hace por que Dios se lo permite. Piensa que el wali es un ser humano amado por Dios y dice: "Por favor, pide a Dios que me conceda lo que Le pido, pues Él no rechaza tus ruegos." De hecho, el Mensajero de Dios dijo: "Existe mucha gente que es considerada común y sin mérito, pero que son criaturas amadas por Dios y, cuando desean algo, Dios se lo concede."

Este hadiz viene también recogido en el libro Wahabi Fath ul-Mayid.

Imam Ahmad, As-Shafi’i, Malik y Abu Hanifa, dijeron que está bien (jair) obtener báraka visitando las tumbas de las gentes pías. Aquellos que dicen pertenecer a Ahl us-Sunnah o que pertenecen a una de las escuelas (madáhib) sunnis deben atenerse a lo que estos imames dicen. Si no lo hacen así, no se puede decir que ellos sean gente de la sunnah.

En el libro Al-fatawa al-Hindiyya, capítulo"Ir al Hayy en lugar de otro", del Sheij Nizam Mu’in ud-Din an-Naqshabandi (1068-1118 ( 11658-1707) Impreso en El Cairo en 1310. 3ª edición en 1393 (1973), se recoge que: "Es permisible dedicar la recompensa (zawab)de una acción de adoración (‘ibada) a otra persona. Por tanto se puede entregar a otra persona la recompensa obtenida por la oración, el ayuno, la limosna, la perefrinación, la recitación del Corán, el dikr, las visitas a las tumbas de los profetas, mártires y musulmanes píos, de amortajar a un cadáver y de todos los actos de caridad y buenas acciones." Por este párrafo se comprende de paso que visitar las tumbas de los cercanos a Dios permite obtener recompensa.

Los Wahabis dicen: "Es causa de kufr y de shirk construir un mausoleo sobre una tumba; que aquellos que rinden culto o aquellos que sirven en los mausoleos, enciendan lamparillas de aceite o velas y ofrendar limosnas por las almas de los muertos." Según ellos, los habitantes de al-Haramain (Meca y Medina) han venido adorando los mausoleos y los muros desde hace mucho tiempo.

Construir un domo sobre una tumba es haram (prohibido) si se hace por ostentación u ornamentación. Si es para proteger la tumba de la destrucción, sólo lo consideran makruh (desaconsejable). Si se piensa que un ladrón o un animal puede destruir su interior, es permisible, pero no debe hacerse de ello un lugar de visita. No debe decirse que deben ser visitados en ciertos momentos y menos hacer tawassul (pedir intercesión) o recitar Corán por el muerto si se pasa por delante de una tumba.

No es makruh sepultar cadáveres en una construcción hecha con anterioridad, los compañeros sepultaron al Mensajero de Dios (s.) y a los dos primeros califas en un edificio ya construido y ninguno de ellos estuvo en contra. Los hadices al respecto indican que tal cosa no puede considerarse una herejía. El gran sabio islámico Ibn ‘Abidin escribió: "Algunos sabios consideran que es makruh poner un sudario, un sombrero o un turbante sobre la tumba de un musulmán piadoso o un wali." El libro: Al-Fatawa al-Huyya dice que tal cosa es makruh si se pretende mostrar a todo el mundo la grandeza del difunto, no sea que por ello sea insultado, ya que los que visiten una tumba deben ser respetuosos y guardar buenos modales.

En efecto, los actos que no son prohibidos en al-Adil.lat ush-Shar’iiah (la normativa islámica) deben ser juzgados conforme a la intención con que se realizaron. Es cierto que en la época de los Sahaba (los compañeros del Profeta (s.) no se construyeron cúpulas sobre las tumbas, ni se colocaron sobre ellas sarcófagos de piedra o de madera, ni se cubrieron con ropajes, pero ninguno de ellos estuvo en contra de enterrar al Profeta (s.) y a sus dos primeros califas en una habitación.

Todos los libros de fiqh dicen que, tras el tawwaf de despedida a la Kaaba, es preciso salir de la Mezquita al-Haram caminando hacia atrás, como un acto de respeto a la Casa de Dios. No es algo que los Sahaba hiciesen, perro su respeto a la Kaaba era tan evidente en todos los detalles que, nuestro sabios, hicieron obligatorio salir de la Mezquita de al-Haram caminando hacia atrás para inculcarnos el mismo respeto por ella que el que maanifestaban los compañeros del Profeta (s.). Por esa razón, hicieron lícito el cubrir las tumbas y los mausoleos de los musulmanes pios y de los awliia’con ropajes y construir cúpilas sobre ellas, en señal de respeto, para inculcar en las gentes el mismo respeto hacia ellos como mostraban los Sahaba. ‘Abd el-Ghani an-Nabulusi explica este punto con detalle en su libro Kashf an-Nur que junto con la obra de Yalal ud-Din as-Suyuti, Tanwir al-Halak fi imkaani ru’iat in-Nabiyihaaran wal malak, fueron editadas en una sola obra por Isik Kitabevi, con el título Al-Minhat al-Wahabiiah, en Estambul, 1974.

El cementerio de Baki, situado en la bendita ciudad de Medina, muy cerca de la tumba de Mensajero (s.) poseía muchos mausoleos llamados "mash had" (lugar de maartirio). Los Wahabis los destruyeron todos. Excepto los Wahabis, ningun sabio islámico ha dicho que sea politeísmo o kufr visitar las tumbas o construir una cúpula sobre ellas. Excepto a esta gente desviada, nunca se ha visto a ningún musulmán demoliendo los mausoleos de los muertos.

Al final del libro Halabi-i Kabir, leemos: "Si una persona decide hacer un cementerio en un terreno de su propiedad y en él hay un espacio libre, es permisible que alguien construya en él un mausoleo con cúpula con la idea de enterrar cuerpos. En caso de que no hubiese sitio en el cementerio para enterrar más cuerpos, ese mausoleo deberá ser demolido para habilitar más espacio a las tumbas, ya que ese espacio pertenece a la fundación que gobierna el cementerio y fue destinado para enterramiento de las personas." Si el construir mausoleos con cúpulas hubiese estado considerado señal de politeísmo, o si se hubiese considerado que las tumbas con bóvedas eran ídolos, nunca se hubiese considerado permisible su construcción.

El famoso libro Wahabi Fath al-Mayid dice en la pág. 133: "¿Quien intente conseguir bendiciones (tabarruk) con un árbol, una piedra, una tumba o algo similar, deviene politeísta. Las tumbas han sido convertidas en ídolos al haber construido cúpulas sobre ellas. La gente de los tiempos pre-islámicos (Yahilía) también solía adorar a las personas pías y las estatuas. Hoy en día, en las tumbas y los mausoleos se hace eso y cosas peores. Intentar obtener bendiciones en las tumbas de las personas pías es como adorar al ídolo Al-Lat. Esos politeístas imaginan que los awliia’ escuchan y responden sus oraciones y súplicas. Dicen que se aproximan a los muertos para hacer ofrendas y dar limosnas. Todos esos actos son un grave politeísmo. El politeísta es politeísta incluso si se denomina a sí mismo de otra manera. Rogando a los muertos con respeto y ternura, degollando animales, realizando ofrendas y actos similares, cometen politeísmo, no importa como ellos lo denominen. Los politeístas de estos tiempos le llaman a eso "ta’zim" (mostrar respeto) y "tabarruk" (obtener bendiciones) para que parezca tolerable lo que hacen."

He recogido en mis libros las respuestas que los ‘ulama’ islámicos dan a esas acusaciones calumniosas y ofensivas con que los Wahabis insultan a Ahl us-Sunnah. Mencionaré un parrafo del libro Al-usul al-arba’ fi tardid al-Wahabiiah (Los cuatro pilares para refutar a los Wahabis) para mostrar al lector como los Wahabis se desvían y engañan a sí mismos y llevan a los musulmanes a la ruina: "El Corán, el hadiz, los dichos y hechos de Salaf as-Salihin y de la mayoría de los sabios, señalan que es permisible monstrar respeto (ta’zaim) a otro que a Allah subhana hu wa ta’ala. La aleya 32 de la surat ul-Hayy, establece:
"Cuando alguien respeta las cosas sagradas (sha’a’ir) de Dios, ese sentimiento procede del respeto que tienen a Dios en sus corazones."

Sha’a’ir significa "indicaciones, signos". Hadrat ‘Abd el Haqq ad-Dahlawi dice: Sha’a’ir es el plural de sha’ira, que significa "señal" (‘alama). Cualquier cosas que recuerde a Alla ta’ala al verla, es una señal de Dios. La aleya 158 de la surat ul-Baqara dice:
"As-Safa y al-Marwa figuran entre las señales de Dios."
Como se deduce claramente de esta aleya, las colinas de Safa y Marwa no son las únicas señales de Dios Altísimo. Existen más y no sólo en ‘Arafat, Muzdalifa y Mina.

Shah Wali ul-lah ad-Dahlawi, escribe en la página 69 de su obra Huyyat ul.Lahil Baligha: "Las grandes señales de Dios Altísimo son cuatro: el Corán, la Kaaba, el Profeta (s.) y las oraciones obligatorias." Y en la página 30 de su obra Altaf al-Quds, dice: "Amar las señales de Allah ta’ala significa amar todo aquello que recuerda a Allah. Amar a los awliia’ de Allah ta’ala es lo mismo." Y en un hadiz recogido en el Musnad de Ibn Abi Shaiba y en Kunuz ad-daqa’iq de al-Manawi, se recoge que dijo el Profeta (s.): "Observar el rostro de los amigos de Dios (awliiah ul-lah) es un acto de adoración, pues nos recuerdan a Dios Altísimo."

Por esa razón, los awliia’ se encuentran también entre las señales. Si las colinas de Safa y Marwa situadas junto a la Kaaba, entre las cuales caminó la madre del profeta Ismail, Hadrat Hayyar (a.s.) se encuentran entre las señales de Allah y son motivo de que recordemos a esa bendita madre ¿Por qué los sitios donde Hadrat Muhammad, que es la mejor de las criaturas y el Amado de Dios Altísimo, nació y creció, los sitios donde adoró a Dios Altísimo, emigró, hizo la oración y pasó, así como su tumba bendita, la de su familia purificada y sus nobles compañeros, no han de contarse entre la señales?

Tercera Parte

¿¡Por qué, entonces, los Wahabis destruyen esos lugares!?

Cuando leemos el Sagrado Corán de manera atenta e imparcial, es fácil observar que muchas aleyas expresan (ta’zim) respeto por el Mensajero (s.). En la Surat ul-Huyurat (49) se declara:
"¡Oh aquellos que creéis! ¡No os adelantéis a Dios y a Su enviado y temed a Dios! ¡Dios todo lo oye, todo lo sabe!
¡Creyentes! ¡No elevéis vuestra voz por encima de la voz del Profeta! ¡No le habléis en voz alta, como hacéis entre vosotros! Os expondríais a hacer vanas vuestras obras, sin daros cuenta.
Quienes bajan la voz en presencia del Enviado y de Dios, son aquellos cuyos corazones Dios ha probado con Su taqwa. Él olvidará sus pecados y les otorgará una grandísima recompensa.
La mayoría de los que te llaman desde fuera de tus habitaciones privadas, son gentes sin conocimiento. Más les valdría esperar a que tú salieras donde ellos se encuentran.
Dios es Indulgentísimo, Misericordioso
(aleyas 1 a 5)

Es evidente, para aquel que lee y reflexiona sobre estas cinco aleyas, lo mucho que Dios Altísimo pide que se respete (ta’zim) a Su amado Profeta (s.) y la importancia de Su orden a la Ummah, para que seamos respetuosos y modestos ante él. La importancia de ello puede medirse por la recompensa que obtiene quien se dirige al Mensajero (s.) en un tono bajo y respetuoso. Estas aleyas descienden como una reprimenda para los setenta miembros de la tribu de Banu Tamim, quienes habían interpelado al Profeta (s.) en Medina, gritándole irrespetuosamente, desde el exterior de su casa.

Los Wahabis dicen hoy que ellos pertenecen a la tribu de Banu Tamim. Quizás fue por esa razón que el Mensajero de Dios (s.) dijo señalando a la región del Nayd:

"La gente violenta y tortuosa está en el Este y desde allí comenzará el Satán su labor de desunión."

Otro de los nombres que se utiliza para designar a los Wahabis es "Naydis", ya que provienen del país de Nayd, en el Este de la península arábiga.

La desunión anunciada en el hadiz mencionado, llegó doce siglos después, cuando los Wahabis procedentes del Este, llegaron al Hiyaz arrebatando las posesiones a los musulmanes, matando a los hombres y esclavizando a las mujeres y a los niños, cometiendo peores actos que los cometidos jamás por los incrédulos.

En las aleyas anteriores, la reiteración de la frase: "¡Oh aquellos que creéis!" muestra que todos los musulmanes, a lo largo de los siglos, hasta el Último Día, están obligados a ser respetuosos con el Mensajero (s.) Si la orden hubiera sido dirigida a los compañeros únicamente, habría dicho: "¡Oh compañeros del Profeta!", de la misma forma que el Corán especifica: "¡Oh esposas del Profeta!" y "¡Oh gentes de Medina!". Esta misma frase: "¡Oh aquellos que creéis!" viene en las aleyas que establecen la oración obligatoria, el ayuno, la peregrinación, el zakat (impuesto) y otros actos de adoración (‘ibadat) obligatorios (fard) para todos los musulmanes hasta el Día del Juicio. Así pues, la idea Wahabi de que "El Profeta debía ser respetado mientras estaba vivo, pero no se debe manifestar ningún acto de respeto o petición de ayuda tras su muerte", no tiene fundamento a la vista de estas aleyas.

Las aleyas anteriores indican que también es necesario mostrar respeto (ta’zim) hacia otras personas cercanas a Dios.

La aleya 104 de la sura Al-Baqara dice: ¡Oh aquellos que creéis! No digáis "Râ’inâ" (¡Venos!) (al Profeta), decid "Undurnâ" (¡Mira por nosotros) y escuchad ! (las órdenes de Dios).

Los creyentes solían decirle al Profeta (s.) "Râ’inâ" (Mira por nosotros) pero "Râ’inâ" también significa "arruinar", "estropear" en hebreo y los judíos usaban esta palabra para dirigírsela al Profeta (s.) en este sentido. Al tener este doble significado, Dios Altísimo prohibió a los creyentes su uso, protegiendo así al Profeta (s.) de que se le faltase el respeto. Para que esta orden abarcase a todos los musulmanes hasta el fin de los tiempos, utilizó la frase: ¡Oh aquellos que creéis!.

En la aleya 33 de la Surat ul-Anfal (8), Dios Altísimo declara: "Dios no les castigará mientras tú estés con ellos." Y promete no castigarles hasta el fin del mundo. Está aleya contradice la afirmación Wahabi de que el Profeta murió y se transformo en polvo.

Ellos destruyen los lugares benditos heredados del Mensajero de Dios (s.) Dicen que estos lugares hacen a la gente caer en el politeísmo. Si fuera politeísmo rezar a Dios Altísimo en los lugares sagrados, Él no habría ordenado acudir al Hayy (pergrinación a la Meca); el Mensajero de Dios (s.) no habría besado la Piedra Negra (Al-Hayyar al-Aswad) mientras realizaba el tawaf (las circunvalaciones rituales a la Kaaba, La Casa de Dios); nadie debería rezar en ‘Arafat y en Muzdálifa, lanzar piedras en Mina y caminar entre Safa y Marwa y estos lugares santos no deberían haber sido respetados.

Cuando Sa’ad ibn Ma’az, el cabecilla de los Ansar, llegó donde los musulmanes estaban reunidos con el Profeta (s.), éste dijo: "Poneos en pie ante vuestro líder."

Esta orden pretendía hacer los honores a Sa’ad. Es un error decir que venía motivada por que Sa’ad estaba enfermo y necesitaba que se le ayudase a bajar de su montura. Si así hubiese sido, el Mensajero (s.) habría dirigido su orden a uno o dos de ellos y le habría llamado Sa’ad y no "vuestro líder".

Cada vez que ‘Abdullah ibn ‘Umar iba de Medina a la Meca para realizar el Hayy, paraba y rezaba y suplicaba en los santos lugares en los que el Mensajero se había sentado, esperando obtener bendiciones por ello. Solía poner sus manos en el mimbar (púlpito) del Mensajero de Dios (s.) y después las pasaba por su rostro.

También Imam Ahmad ibn Hambal solía besar el mimbar, para obtener bendiciones (tabarruk).

Los Wahabis dicen, por un lado, que son Hambalis, pero por otro, califican de politeísmo lo que hacía el Imam del madhab que dicen seguir. Luego su pretensión de ser Hambalis es falsa.

El Imam Ahmad Ibn Hambal puso la camisa de Imam As-Shafi’i en agua y luego bebió de esa agua, para obtener bendiciones. Hadrat Jalid ibn Zaid Abu Ayub Al-Ansari restregó su rostro contra la bendita tumba del Mensajero de Dios y, cuando alguien le pidió que se levantase, dijo: "¡Déjame! No he venido hasta aquí por el suelo o las piedras de este lugar, sino para obtener audiencia del Mensajero de Dios."

"Los compañeros solían buscar bendiciones en las cosas que habían pertenecido al Mensajero (s.): el agua que él usaba para hacer la ablución, su bendita camisa, sus zapatos, su anillo, en resumen, por acariciar cualquiera de las cosas por él utilizadas.

Hadrat Umm Salama, la Madre de los Creyentes, tomó un pelo de su bendito cabello (s.). Cuando llegaba a ella alguien enfermo, ponía este pelo en agua y daba de beber esta agua al enfermo. La gente solía beber en su bendito vaso (s.) para obtener salud. La tumba de Al-Bujari olía a almizcle y las gentes solían coger tierra de allí para obtener bendiciones.

Los ‘ulama’ del hadiz y del fiqh toleran estos actos y los consideran legítimos, pero los Wahabis los prohiben y califican de politeísmo e incredulidad." (Al-Usul al-arba’a, parte I)

En tiempo de los Sahaba y de los Tabi’un (la segunda generación de seguidores del Profeta) y hasta el final del primer milenio, hubo muchos awliiah y sulahâ (plural de Sâlih: recto, pío). La gente solía visitarlos y obtener bendiciones de ellos y también os ruegos que pedían a Dios a través de ellos. No era necesario pedir tawassul (intercesión) de los muertos o conseguir bendiciones (tabarruk) de cosas sin vida. Que esas acciones fuesen raras en esos días, no quiere decir que estuviesen prohibidas. Si hubiesen estado prohibidas, habría surgido gente previniendo contra ellas, pero ningún ‘alim (sabio) lo hizo.

Con el comienzo de los Últimos Tiempos, se han incrementado las innovaciones (bid’a) en el Din y el descreimiento. Los jóvenes han sido defraudados por los enemigos del Islam disfrazados de autoridades científicas y religiosas y, debido al éxito obtenido por la irreligiosidad y la apostasía, los dictadores y los tiranos, esclavos de su ego, han dado gran apoyo a estas corrientes. El número de ‘ulama’ y de awliia’ ha decrecido considerablemente y se ha convertido en algo obligatorio acudir a las tumbas y a los objetos heredados de los awliia’ para obtener bendiciones.

Los ‘ulama islámicos son unánimes al considerar que estas prácticas son legales y no deben ser dificultadas por los gobernantes. Los escritos de los ‘ulama sobre este asunto están recogidos en Ad-Durar as–Saniiah fir raddi ‘alal Wahabiiah de Ahmad ibn Zaini Dahlau, Egipto 1319 y 1347. Reproducción fotográfica de Isik Kitabevi. Estambul 1395 (1975).
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