Vida del Imam Musa Ibn Yafar al-Kadzim-P- El septimo de los inmaculados imames

C O N T E N I D O

INTRODUCCIÓN       3

EL IMÂM AL-KÂDZIM (P) Y EL GOBIERNO
 ‘ABBASÍ        5

LA DESGRACIA DE “FAJ”   8

LOS ENFRENTAMIENTOS DEL IMÂM       10

DEBATES Y DISCUSIONES CIENTÍFICAS  13

CULTO Y ADORACIÓN        16

LAS VIRTUDES DEL IMÂM18

Su indulgencia, perdón y paciencia…………………………… 18

Su dádiva y generosidad…………………………………………. 19

ALGUNOS DICHOS DEL IMÂM       21

COMPROBACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE SU IMÂMATO          23

1.- ‘Alî Ibn Ÿa‘far:………………………………………………. 23

2.- ‘Umar Ibn Abân:…………………………………………….. 23

3.- Zurârah:………………………………………………………… 23

4.- Mansûr Ibn Hâzim:…………………………………………. 24

5.- Shaîj Al-Mufîd:………………………………………………. 24

ALGUNOS DE LOS DISCÍPULOS DEL IMÂM         26

1.- Ibn Abî ‘Umaîr:……………………………………………… 26

2.- Safwân Ibn Mihran:………………………………………… 27

3.- Safwân Ibn Yahîâ:…………………………………………… 27

4.-‘Alî Ibn Îaqtîn:………………………………………………… 27

5.- Mu’min Tâq:…………………………………………………. 29

6.- Hishâm Ibn Hakam:………………………………………… 29

INTRODUCCIÓN

Es la madrugada del 7 de Safar del año 128 d.H. (sábado 6 de noviembre de 745 d.C.), en la aldea de Abûâ’[1]reina un ambiente diferente; los rayos del Sol han iluminado a las palmeras hasta su cintura y las largas sombras de éstas caen sobre los techos de adobe de las casas del pueblo.

El ruido de los camellos y las ovejas que apresuran a sus pastores y se preparan para salir a herbajar, siembra en los corazones la alegría del amanecer y llena los oídos con el regocijo de la vida.

Contiguo a la aldea y sobre la laguna de la cual las mujeres toman agua pura y cristalina, circula la brisa suave produciendo olas por donde transita y algunas golondrinas vuelan apresuradas y regocijantes sobre ésta; repentinamente, sumergen en el agua sus pechos encarnados como si fueran los pechos ardientes de las aves de ‘Amul Fîl[2]. Un poco más allá, una palmera solitaria, abre sus ramas como una sombrilla sobre una tumba y en esta madrugada, una mujer se encuentra tumbada sobre un sepulcro, besa su tierra con respeto, llora en silencio… Algo murmura bajo sus labios. La brisa hace llegar algunas de sus palabras y frases, al parecer dice:

“Saludos sean para ti ¡Oh, Âminah! ¡Oh, gran Señora, madre del Profeta! Dios te perdone a ti que falleciste lejos de tu ciudad natal.

Soy Hamîdah, tu nuera; llevo en mi vientre a un niño, hijo de uno de tus descendientes y con el dolor que desde anoche comenzó, sospecho que este niño venturoso, no tardará en nacer.

¡Oh, gran Señora! Mi esposo me dio la buena nueva que este niño será el séptimo heredero de tu hijo Muhammad, el Profeta del Islam.

¡Oh, mi Señora! Pide a Dios que mi hijo nazca saludable”.

El Sol del amanecer asciende detrás de las ramas de la palmera solitaria que se encuentra cerca de la tumba, mientras su luminosidad la cubre.

Hamîdah se levanta con entereza y firmeza y sacudiendo sus ropas que se han empolvado camina rumbo a la ciudad, pesada y con cuidado, colocando una mano sobre su vientre, tal y como lo hacen las mujeres embarazadas.

Una hora más tarde, cuando el Sol ilumina con más intensidad la aldea, y en su resplandor las aves revolotean en el celeste cielo, se escuchan alaridos de alegría… y mi imaginación me hace ver como algunas mujeres corren alegres y activas de un lado a otro entre las callejuelas de ésta.

¡Oh! En este momento dos mujeres se acercan presurosas a la laguna y llenan con agua las grandes jarras de barro que llevan en sus manos.

Mi imaginación se pone alerta para escuchar las nuevas.

Una dice: “Cuando el Imâm As-Sâdiq (P) se enteró del nacimiento de su hijo dijo:

“Ha nacido mi heredero, el Imâm, y la mejor creación de Dios…”.[3]

“¿Acaso sabes que nombre le pusieron?” Pregunta otra.

“Creo que, inclusive antes de que naciese, lo llamaban Mûsâ (Moisés)”. Le responde.

* * *

Mis ojos de la imaginación divisan a un pastor al otro lado de la laguna, que sin saber lo que sucede en la aldea, lleva a pastar a sus ovejas…

En un momento mi imaginación supone que ese pastor es el Profeta Moisés (P) y ese, el arenoso desierto de Sinaí.

Ahora, regresando a la realidad, este Moisés que acaba de nacer ¿con cuál Faraón de su tiempo tendrá que enfrentarse?

EL IMÂM AL-KÂDZIM (P) Y EL GOBIERNO ‘ABBASÍ

El Imâm Mûsâ Ibn Ÿa‘far Al-Kâdzim (P) tenía cuatro años cuando cayó el pérfido gobierno de la Dinastía Omeya.

Como consecuencia de la política que seguían los Omeyas, dando únicamente importancia a los de raza árabe, sus traiciones, fraudes, explotaciones y el sistema de gobierno en contra de los iraníes, provocó que la gente se rebelara en su contra;

sobre todo los iraníes que deseaban volver a tener un gobierno islámico verdadero, tal y como el que vivieron durante el corto período del califato del Imâm ‘Alî (P). Los encargados políticos, aprovechando los deseos de la gente -sobre todo la simpatía que sentía este pueblo hacia ‘Alî (P) y su gobierno-, y con el pretexto de entregar el califato a aquellos a quienes pertenecía, vencieron a los Omeyas con la ayuda del persa Abû Muslim Al-Jurâsânî (109-137 H.L./728-755 d.C.); empero en lugar de entregar el califato al sexto Imâm, Ÿa‘far Ibn Muhammad, Imâm As-Sâdiq (P) colocaron en el trono a Abû Al-‘Abbâs Safâh ‘Abbâsî.[4]

Y así fue como en el año de 132 H.L./749 d.C., una nueva dinastía inició su gobierno, con una imagen falsa, sosteniendo que eran partidarios del Profeta y sus herederos; pero no únicamente eran igual de traicioneros, corruptos y renegados que los Omeyas, sino que en muchos casos eran peores que ellos. La única diferencia existente entre estos dos, es que el gobierno de los Omeya no duró mucho tiempo y el reinado (no califato) de los ‘abbasíes en Bagdad duró hasta el año de 656 H.L./1258 d.C., o sea, quinientos veinticuatro años.

Así es, el séptimo Imâm, se enfrentó durante su vida con el gobierno corrupto de gobernadores tales como Abû Al-‘Abbas As-Saffâh, Al-Mansûr Al-Daûâniqî, Al-Hâdî, Al-Mahdî y Hârûn.

La existencia de estos alevosos era suficiente para enfadar al Imâm. Desde Al-Mansûr hasta Hârûn, todos y cada uno de ellos le ocasionaron muchas molestias y todo aquello que no hicieron no fue por que no quisieron, sino porque no pudieron.

Abû Al-‘Abbas Safâh murió el año 136 H.L./754 d.C. y su hermano Al-Mansûr Al-Daûâniqî tomó el poder en sus manos. Él construyó la ciudad de Bagdad (144 H.L/762 d.C.)y mató a Abû Muslim, y cuando aseguró su gobierno no se detuvo ni un momento para encarcelar, matar, molestar y quitar las pertenencias a los descendientes de ‘Alî (P); él mató al Imâm As-Sâdiq (P) y a la mayoría de los grandes de esta familia.

Era un hombre astuto al cual le gustaba verter la sangre de los demás, era malicioso, avaro, codicioso y alevoso. En la historia quedó registrada la traición que hizo a Abû Muslim Jurâsânî, después de que éste lo ayudó a conquistar el califato.

El Imâm Al-Kâdzim (P) tenía veinte años cuando Al-Mansûr martirizó a su padre, y hasta los treinta años este Imâm no dejo de mostrar su oposición hacia Al-Mansûr y su gobierno sofocante, teniendo que ayudar y entrevistarse con sus seguidores a escondidas.

Al-Mansûr murió el año 158 H.L./775 d.C., su hijo Muhammad Al-Mahdî (158-169H.L./755/785 d.C.) tomó las riendas del gobierno en sus manos. La política del gobierno de Mahdî ‘Abbasî era engañosa.

Cuando subió al trono, puso en libertad a la mayoría de los prisioneros shiíes que su padre había encarcelado, y les regresó los bienes que éste les habían quitado. Sin embargo vigilaba sus pasos de lejos y su corazón estaba lleno de odio hacia ellos. Inclusive obsequiaba una gran cantidad de monedas a los poetas que componían versos en contra de la familia de ‘Alî (P), como ejemplo en una ocasión entregó a “Bashâr Ibn Bard” setenta mil dirham y a “Marwân Ibn Abî Hafs” dio cien mil dirham.

Mal gastaba gran cantidad del tesoro público en fiestas, vino y mujeres. Únicamente para la boda de su hijo Hârûn desembolsó cincuenta millones de dirham.[5]

Durante el gobierno de Al-Mahdî la fama del Imâm incrementó. Sus cualidades, abstinencia, sabiduría y liderazgo brillaban al igual que la luna llena en una noche obscura; grupo a grupo la gente a escondidas se aliaba a él y del manantial de su sabiduría eterna, saciaban la sed espiritual de éstos.

Los espías ponían a Al-Mahdî al tanto de lo que sucedía; éste temió por su califato por lo cual ordenó que trasladaran al Imâm de Medina a Bagdad en donde lo encarceló.

“Abû Jâlid Zubâlaî” cuenta: Los encargados de obedecer esta orden, cuando regresaban de Medina acompañados del Imâm, bajaron de sus monturas en Zubâlah.

En una oportunidad y sin que se dieran cuenta sus custodios, el Imâm me pidió que le comprara algunas cosas. Entristecí, y le dije: “Siento temor por vuestra vida con el sólo pensar que os vais a entrevistar con ese sanguinario”.

Yo no temo, tú espérame tal día en tal lugar”. Me dijo.

El Imâm continuó su viaje a Bagdad; y yo temeroso, contaba los días, hasta que llegó el día esperado. Fui al lugar acordado, mi corazón palpitaba fuertemente; me sobresaltaba con el menor ruido. Poco a poco oscurecía, cuando de repente vi venir a alguien. Quería levantarme y volar hacia él, pero temí que fuese otro y mi secreto fuese descubierto.

Quedé inmóvil. El Imâm se acercó montando un asno. Cuando sus brillantes ojos me vieron, manifestó:

“¡Abû Jâlid, no dudes!… –Y continuó diciendo– En un futuro me llevarán nuevamente hacia Bagdad, entonces nunca regresaré…”.

Y sucedió tal y como este inmaculado había predicho.[6]

Fue, en ese primer viaje, cuando Al-Mahdî hizo que llevaran al Imâm a Bagdad y lo encarceló. Al-Mahdî tuvo un sueño en el que vio que el Imâm ‘Alî (P) leía esta aleya coránica:

﴿ فَهَلْ عَسَيْتُمْ إِنْ تَوَلَّيْتُمْ أَنْ تُفْسِدُوا فِي الأَْرْضِ وَ تُقَطِّعُوا أَرْحامَكُمْ

“¿Si os volvéis poderosos, os exponéis a corromper en la tierra y a cortar vuestros lazos de sangre?” [7]

Relata el cronista: Había entrado la media noche cuando Al- Mahdî me mandó llamar. Temeroso y apresurado me dirigí hacia él, escuché que pronunciaba esa aleya. Entonces me dijo: “Ve, y trae de la cárcel a Mûsâ Ibn Ÿa‘far (P)”. Lo traje. Al-Mahdî se levantó y lo besó; después lo sentó junto a él y le contó su sueño.

Continúa el cronista: En ese mismo instante ordenó que llevaran al Imâm de regreso a Medina. Por temor a lo que pudiese suceder, esa misma noche prepararon su equipaje y ya en la madrugada el Imâm se encontraba rumbo a Medina”.[8]

A pesar del gobierno sofocante de los ‘abbasíes, el Imâm en Medina se dedicó a guiar, preparar y enseñar a los Shî‘ah; hasta que en el año 169 H.L./785 d.C., murió Al-Mahdî y su hijo Al-Hâdî (169-170 H.L./785-786 d.C.) tomó el trono.

Al-Hâdî, contrario a su padre, no respetaba la democracia y en forma abierta era terco con los descendientes de ‘Alî (P), inclusive olvidó todo aquello que había prometido a su padre. La mayor infamia que llevó a cabo, fue lo sucedido en el enfrentamiento de “Faj”.

LA DESGRACIA DE “FAJ”

Husaîn Ibn ‘Alî, uno de los alíes de Medina a quien como resultado del hostigamiento se le había terminado la paciencia, se reveló en contra de Mahdî tal y como lo acordó con el Imâm Al-Kâdzim (P)[9]; y acompañado de un grupo de alrededor de trescientos hombres se dirigió de Medina a La Meca.

El ejército de Al-Mahdî en un lugar de nombre Faj sitió a Husaîn Ibn ‘Alî y a sus adeptos, y ahí fue donde sucedió una desgracia similar a la de Karbalá: cortaron las cabezas de todos los mártires y las trajeron a Medina, las pusieron a la exposición de la gente en una reunión dónde se encontraba un grupo de los descendientes del Imâm ‘Alî (P), tales como el Imâm Al-Kâdzim(P). Nadie se atrevió a pronunciar palabra alguna, a excepción del Imâm Al-Kâdzim (P) cuando vio la cabeza de Husaîn Ibn ‘Alî, líder del movimiento de Faj, manifestó:

“Somos de Dios y regresaremos a Él; juro por Dios que alcanzó el martirio siendo un musulmán y un hombre honesto; ayunaba en demasía y las noches las pasaba en vela, ordenaba el bien y vedaba el mal, en su familia no había alguien que se le asemejara”.[10]

Al-Hâdî, además de su perversión política, era un hombre corrupto y bebedor que vivía disfrutando de los deleites mundanales.

En una ocasión entregó a Yûsuf Saîqal, por haber dicho unos poemas con buen tono, tal cantidad de dirhams que podía ser comparada con la carga de un camello.[11]

“Ibn Dâb Nâmî”relata: “En una ocasión fui a ver a Al-Hâdî; sus ojos estaban rojos a raíz del vino que había bebido y de lo que se había desvelado. Me pidió que le contara un cuento respecto al vino, se lo dije en forma de poema, y después de anotarlo me entregó cuarenta mil dirhams”.[12]

“Ishâq Al-Maûsilî” un conocido músico árabe dijo: “Si Hâdî no hubiese muerto, nosotros hubiésemos construido de oro, las paredes de nuestras viviendas”.[13]

Hâdî murió el año 170 H.L./786 d.C. y Hârûn se convirtió en ¡el Rey del Islam![14]En ese entonces, Imâm Mûsâ Al-Kâdzim(P) contaba con cuarenta y dos años de edad.

Durante el gobierno de Hârûn (170-193 H.L./786-809 d.C.), el poder, dominio, hurtos y deleites de los ‘abbasíes llegaron a su culminación. Hârûn, al final de la ceremonia del juramento de lealtad nombró a “Yahîâ bar Makî” –uno de los iraníes que pretendía ese puesto– como su ministro, dándole poder completo y absoluto en todos los asuntos, inclusive en otorgar y quitar el puesto a quien él considerase conveniente; y siguiendo la costumbre de esa época, Hârûn le entregó su anillo como muestra de apoyo.[15]Hârûn se dedicó a malgastar el tesoro público en bebidas, mujeres, compra de joyas y juegos.

La utilidad anual del tesoro público era de quinientos millones y doscientos cuarenta dirhams, mientras que en esa época, el costo de una oveja era de un dirham[16], y Hârûn derrochaba ese dinero.

Entregó un millón de dirhams a un poeta de nombre “Asya‘”, por pronunciar una poesía.[17]Al poeta “Abû Al-‘Atâhîah” y al compositor “Ibrâhîm Al-Maûsilî”, por algunos versos, cantos y melodías les obsequió a cada uno, cien mil dirhams y cien trajes.[18]

En el castillo de Hârûn vivía un gran grupo de mujeres cantantes que poseían bellas voces, ellas tocaban música de esa época utilizando diferentes instrumentos musicales.[19]Hârûn sentía una atracción especial por las joyas; en una ocasión pagó cien mil dinares por un anillo.[20]

Gastaba diez mil dirhams en comida por día, y a veces preparaban hasta treinta platillos diferentes.[21]En una ocasión Hârûn pidió un guiso con carne de camello; cuando lo trajeron, Ÿa‘far bar Makî le preguntó: “¿Acaso el califa sabe cuanto costó preparar este manjar?”

“Tres dirhams”. Le respondió.

“No, juro por Dios que hasta el día de hoy se han gastado cuatro mil dirhams; ya que desde hace tiempo todos los días matan a un camello, para que esté preparado por si acaso el califa apetece ese día comer, carne de camello”.[22]

Hârûn era adicto al juego y a la apuesta, bebía en demasía, inclusive algunas veces invitaba a los que se encontraban presentes en la corte[23]; a pesar de todo, para engañar a la gente, disimulaba en algunos asuntos islámicos: participaba en la peregrinación, solicitaba a algún predicador que lo aconsejara e inclusive lloraba.

LOS ENFRENTAMIENTOS DEL IMÂM

Hârûn se encontraba muy disgustado por la disconformidad de la familia de ‘Alî (P), y por ello hizo hasta lo imposible para terminar con ellos y humillarlos ante la sociedad; entregaba grandes cantidades de dinero a los poetas que se habían vendido a la corte, para que dijesen cosas contrarias de la familia de ‘Alî Ibn Abî Tâlib (P). Por ejemplo: ordenó que llevaran a Mansûr Al-Namarî – por un poema que había dicho en contra de la familia del Imâm ‘Alî–, a donde se encontraba el tesoro público para que tomara cuanto quisiese.[24]

Exilió a todos los alíes (seguidores de ‘Alî) de Bagdad a Medina, y mató o envenenó a un gran grupo de estos.[25]Inclusive lo molestaba el que la gente fuese a visitar la tumba del Imâm Husaîn (P), por ello ordenó que destruyeran la tumba así como las casas que la rodeaban, y que cortaran el azufaifo que se encontraba cerca de la tumba.[26]

 


[1]Aldea que se encuentra entre la ciudad de Medina y La Meca

[2]Hace referencia al Sura Al-Fîl, 105:3-4.

[3]Kâfî, t.I, p.476.

[4]Los revolucionarios que derrocaron a la dinastía Omeya llevaron a cabo una gran traición, puesto que colocaron en el trono a la dinastía ‘Abbasí en lugar de los ‘Alíes, evitando así que el califato retornara a sus verdaderos dueños.

En un principio Abû Salamah y Abû Muslim Al-Jurâsânî invitaban a la gente para que se sumaran a los alíes, sin embargo, desde el comienzo pretendían entregar el califato a los ‘abbasíes, y fue así como Imâm As-Sâdiq (P) con una profunda visión política, rechazó sus propuestas, ya que sabía perfectamente que ellos no se habían revelado para apoyarlo a él y que tenían otros planes. Ver la obra Milal wa Nihal Shahrestânî, t.I, p.154, imp. Egipto; Târîj Îa‘qubî, t.III, p.89; Bihâr Al-Anwar, t.I1, p.142.

[5]Haîât Al-Imâm, t.I, pp.439-454.

[6]Bihâr, t.XLVIII, pp.71-72.

[7]Sura Muhammad, 47:22.

[8]Târîj Baqdâd, t.XIII, pp.30-31.

[9]Maqâtil At-Tâlibîn, p. 447.

[10]Maqâtil At-Tâlibîn, p.453, imp. en Egipto.

[11]Târîj At-Tabarî, t.X, p.592.

[12]Ídem, p.593.

Fundación Cultural Oriente

Equipo de escritores de la Fundación Dar Rah-e Haqq
Traducción del persa:
Martha Golzar y Rahmatul.lah Golzar
La AsambleaMundialde Ahl-ul Bayt (a.s.)