El acuerdo nuclear con Irán

Sheij Abdul Karim Paz

El acuerdo alcanzado entre las cinco potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial y por ello, auto designados miembros permanentes del Consejo de “Seguridad” de las Naciones, más Alemania, con la República Islámica de Irán, es un triunfo, no solo para Irán, sino para todos los pueblos. La causa de ello radica en el reconocimiento que implica hacia la República Islámica de Irán y su consiguiente consolidación. La República Islámica representa un sistema y un Estado que ha sido demonizado desde el triunfo de su revolución popular en 1979 (conjuntamente con el triunfo ese año de la revolución sandinista en Nicaragua), hasta nuestros días (aún continúa a diario esa demonización en los medios hegemónicos). Pues queda en evidencia que tan malo no era. Y eso solo echa por tierra todo el mar de mentiras que se han dicho hasta la fecha.

Las condiciones de esta negociación entre potencias que todas ellas portan armas atómicas, sancionando a otra porque podría llegar a tenerla, muestra una imagen del mundo injusta. Un mundo basado en la fuerza militar de los poderosos y millonarios, no en la virtud y la justicia. Un mundo donde esas potencias están dotadas de armas nucleares y quien encabeza la mesa negociadora del lado de esas potencias, Estados Unidos, es el único que las ha empleado hasta el momento. Encima, Estados Unidos dice que el acuerdo es para proteger a Israel que posee más de doscientas bombas atómicas no declaradas pero reconocidas y que no permite ninguna inspección de la Agencia Internacional de Energía Nuclear que depende de Naciones Unidas. La misma Agencia que en el caso de Irán es súper estricta y lo inspecciona a diario mediante cámaras instaladas en sus centrales nucleares que funcionan  en forma permanente y visitas repentinas sin previo aviso. Eso es una imposición de intereses abusivos por parte de Estados Unidos y otras potencias. “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”, es la lógica de dominación de este tipo de potencias que encabeza Estados Unidos y de cuya opresión, las naciones pujan por liberarse conformando un necesario campo multipolar para enfrentarlo. Una lógica de dominación sin el menor atisbo de ética y coherencia de conducta.

Para el campo multipolar, las negociaciones diplomáticas entre las potencias y la nación persa, a pesar de todo lo que tienen de abusivo sobre Irán -una nación a la que se quiere someter y hacer rendir-, no deja de ser un signo de fuerza de parte de la República Islámica que anima a las naciones que quieren generar un poder independiente de la tutela norteamericana – europea.

Sabemos en Argentina de la arrogante postura de Inglaterra, que no se aviene a sentarse a negociar su robo a sangre y fuego de las Malvinas. Ha quedado –por ahora-  impune su crimen cuando hundió el crucero General Belgrano para evitar un arreglo diplomático y desencadenar la guerra para justificar su reconquista de las islas. Las Naciones Unidas (en realidad, divididas y dominadas la mayoría), una vez más mostraron su debilidad ante los caprichos criminales de las potencias. Por lo tanto, es obvio, a diferencia de lo que hacen con Irán, que  las potencias anglosajonas no gustan de negociar sus posesiones pirateadas.

He ahí el mérito de la República Islámica y su valiente y noble pueblo. Es en este sentido que decimos que el reconocimiento al poder nuclear soberano de uso pacífico es un triunfo de Irán y de los pueblos libres. A lo largo de las negociaciones durante estos años, Estados Unidos pretendía, en un principio,  que Irán desmantelase por completo su infraestructura nuclear como si fuese el más débil de sus vasallos, un absurdo total (Menem parcialmente sí lo hizo). Irán pagó un alto precio para conseguir que se le reconozca su derecho. Las sanciones impuestas le causaron muchas muertes en los hospitales por falta de insumos o caída de aviones comerciales por falta de repuestos, pero no bajó los brazos y finalmente, Obama dijo: “No pudimos conseguir algo mejor que esto”. Reconoció que el pueblo iraní está con su gobierno en el tema de su derecho nuclear con fines pacíficos y jamás va a aceptar por vía de imposiciones renunciar a ello.

Lo cierto es que antes de que Obama se diese cuenta de este hecho, los iraníes tuvieron que soportar otras políticas desestabilizadores contra su legítimo derecho, no meramente el nuclear, sino de su propia existencia, de su auto determinación y subsistencia,  como intentos fallidos de golpes de Estado diseñados desde la sede de la embajada norteamericana en Teherán – bautizada por los iraníes como “nido de espías”-; actos terroristas de dirigentes, primer ministro, presidente, presidente de la Corte Suprema, diputados, personalidades y hacia el final, ocho años de guerra impuesta, los asesinatos selectivos del Mossad de sus científicos nucleares en las calles de Teherán, etc. Todos estos agentes iraníes o iraquíes en su momento que llevaron a cabo estos actos terroristas contra la República Islámica de Irán son aliados del gobierno de Estados Unidos. Algunos de ellos oficiaron de “testigos” puestos por la CIA a disposición del juez Galeano o el fiscal Nisman para que éstos acusen a Irán por el tema de la voladura de la Amia en Buenos Aires.

La cuestión del acuerdo entre las potencias e Irán continúa. En los próximos dos meses, los congresos de Irán y Estados Unidos revisarán minuciosamente el acuerdo firmado por los diplomáticos. Veremos cómo lo evalúan y si es factible un acuerdo más ampliado o modificado en la letra chica. Seguro esta etapa será mucho más difícil,  sobre todo a partir de que los republicanos han manifestado su oposición, aún antes de revisarlo. Del lado de Irán también será revisado el acuerdo, y es de esperar que el camino esté más allanado para su aceptación porque el líder marcó de antemano los límites que no se debían transgredir mediante las pretensiones excesivas del grupo encabezado por Estados Unidos.

Unos puntos que deberán aclararse bien son los que hacen al mecanismo de supervisiones para el levantamiento de las sanciones. En el pasado, la Agencia Internacional de Energía Nuclear de las Naciones Unidas estuvo a cargo de esa tarea y ahora  seguirá a cargo de ella. Desgraciadamente la estructura desbalanceada de las Naciones Unidas en su conjunto no la vuelven un organismo del todo fiable tal como se vio en el pasado. Bajo permanente presión norteamericana, sus informes nunca son equitativos y siempre lo que exige a los débiles no es ni remotamente lo que es capaz de exigir a los poderosos. En sus informes suelen referir que no vieron nada que delate que Irán posee un arma atómica o está detrás de producirla pero subsisten sus dudas sobre ello, por lo que nunca liberan del todo a Irán tal como lo desea Estados Unidos.

Irán pedía que el levantamiento de las sanciones fuese inmediato a la firma del acuerdo, pero Estados Unidos se opuso y solo accedió  levantar algunas pocas sanciones según parece. Lograr un mecanismo justo para que estén garantizados los derechos del más débil es una cuestión difícil e Irán no puede confiar meramente en la palabra sin que existan reaseguros firmes en este punto.

Otro tema es el control y supervisión dentro de los límites establecidos por la Agencia Internacional de Energía Nuclear y no por fuera de esas reglas establecidas universalmente como quiere Estados Unidos. Fuera de esos estándares comunes a todos los países miembros de la Agencia Internacional de Energía de las Naciones Unidas, Estados Unidos quiere extender los controles a los centros militares iraníes. La República Islámica de Irán sostiene que esa pretensión es desmedida de parte de Estados Unidos que posee una presencia militar desmesurada en la región del Medio Oriente y rodea a Irán con bases y portaviones que no le permiten de ningún modo a Irán bajar la guardia o revelar sus arsenales a los agentes que no tardarán en dar toda la información a los militares en Estados Unidos e Israel.

Si bien Irán ha logrado mantener intacta su capacidad de desarrollo en el campo de la investigación nuclear así como el enriquecimiento necesario de energía nuclear para uso pacífico, también es cierto que ha tenido que reducir mucho su producción y lo que vaya a requerir de ella en el futuro habrá de ser procurado con ayuda internacional dentro del plazo del acuerdo. Esto genera una dependencia y la pregunta es quién garantizará que las potencias no violen este suministro a la hora que Irán lo requiera o no le pongan condiciones excesivas para hacerlo.

En definitiva, ante el imperialismo y la presión de las potencias, es necesario mantenerse fuerte en todo momento. No es cuestión de bajar la guardia ante la algarabía de un acuerdo, que si bien todo entendimiento que resulte de un diálogo es bienvenido en principio, el acuerdo no debería debilitar la soberanía e independencia de Irán a futuro porque no le perdonarán su postura independiente y altiva frente al dominio basado en la fuerza que imponen los poderosos. Esto, lo sabe Estados Unidos, es un mal ejemplo para el resto de los países. A todos nos gustaría creer que este acuerdo es en serio y pondrá fin a años de enemistad con Irán, pero también se sabe que mientras sigan los bombardeos al Yemen, mientras se siga apoyando en muchas partes al ISIS con bombardeos absolutamente ineficaces y con mucha frecuencia, extrañamente,  las ayudas que botan los aviones  van para el ISIS y la bombas para los pueblos y ejércitos iraquíes y sirios. Mientras, además, se siga tolerando a Israel que humille y oprima a los palestinos, no se puede ser muy optimista.

Lo dicho no va en contra de aceptar el camino del diálogo siempre preferente al de la guerra, de ninguna manera, le damos siempre la bienvenida al diálogo cuando hay condiciones para el mismo. Lo mismo, se puede decir con respecto a las personas más dialoguistas,  quienes buscan el  camino para encontrar las soluciones de modo pacífico. Es una gran victoria diplomática para todos, sin duda. Pero ante los enemigos de la paz, hay que estar prevenidos. Ante los excesos que pretenden imponer a los pueblos y a los gobiernos de corte popular hay que estar atentos y hay que ser cautos a la hora de creer que todo está resuelto con este acuerdo. Muchas leyes pueden ser muy buenas pero el sistema de poder abusivo las deja como letra muerta en un papel, su aplicación es una deuda siempre pendiente. Es lo que sucede, por ejemplo, en el derecho universal a la salud, la educación, la vivienda digna, la libre circulación, libertad de conciencia, trabajo digno, la no explotación y tantas otras leyes hermosas escritas en letra dorada, pero existentes para muchos en el límite de esos marcos dorados, no en la realidad.

Por eso, las palabras del líder Ayatullah Jamenei, no deben ser tomadas como opuestas al acuerdo diplomático, sino deben tomarse como expresiones frente a los excesos y desmesuras de quienes quieren a un Irán derrotado y humillado, algo que está muy lejos de suceder, más bien todo lo contrario.

Autor: Sheij A. Paz
islamoriente.com