22 enero 2012

Vamos a comprender mejor el sagrado Corán

Los rasgos para establecer la condición de Mensajero del Profeta del Islam son los que ya hemos expuesto. Las condiciones y señales evidentes que deben existir en cada portador de un mensaje celestial se muestran en nuestro Profeta.

Profecía y Mensaje están estrechamente vinculados al indicio que muestra la relación entre la demandante condición de profeta con el ámbito supra-natural. El milagro es la evidencia más clara y objetiva que desarma a aquellos que ilógicamente niegan la profecía, porque demuestra que la afirmación del profeta está basada en una realidad.

Todos los profetas tuvieron un único objetivo en el cumplimiento de su misión divina, sus enseñanzas eran de un tipo similar, sin perjuicio de las peculiaridades de la misión de cada uno, y las realidades que expusieron sobre el ámbito supra-natural sólo se diferencian en el grado de detalle. Es cierto que hay diferencias en cuanto a los actos de culto y las relaciones sociales; un principio común subyace a las diferentes formas que tienen en cuenta las características específicas de cada edad y representan un proceso evolutivo.

Parece que una de las razones de la variación en los milagros es que, en los tiempos de profetas anteriores, la gente se inclinaba a creer sólo en base a las observaciones materiales de los objetos visibles, aquellos que no contenían ningún contenido espiritual. Las directrices impuestas al pensamiento humano por los profetas y sabios de la época, encaminaron la atención de las personas hacia el ámbito privado, que a su vez era el factor más importante que los separaba de Dios, conduciendo sus mentes a estancarse. La destrucción de esa restringida manera de pensar, por lo tanto, fue un objetivo principal de los profetas.

Los mensajeros, la paz sea con ellos, fueron enviados por Dios para erradicar esta fuente de error, al confrontar a los videntes y adivinos con hechos de un tipo similar a los que éstos presentaban, pero disfrutando de una ventaja especial que los colocaba fuera de toda competencia.

Mediante el poder del milagro, los mensajeros negaron y destruyeron la causa principal de los actos humanos erróneos: la separación de los seres humanos de Dios y su deslumbramiento ante los actos realizados por los adivinos de la época, que esclavizaba sus espíritus. Mediante la demostración de sus propios milagros y el establecimiento de los principios reales de la religión divina, abrieron las puertas de la orientación, el crecimiento y el desarrollo hacia la perfección, vinculando a Dios todas las dimensiones y actividades de la vida humana. Todo ello expresa la verdadera naturaleza del milagro.

El Profeta del Islam comenzó a transmitir su mensaje celestial en medio de una sociedad donde las preocupaciones de la gente giraban exclusivamente en torno a un elocuente discurso, a una composición poética hermosa o a la excelencia literaria. Precisamente, esta concentración en un campo de actividad que no puede ser contado entre las preocupaciones básicas y vitales del ser humano, es un factor importante que explica la prolongación del estancamiento del pensamiento y la falta de atención a la fuente de la existencia.

En este contexto, Dios dota a su Profeta con un arma, el Corán, que aunque al parecer pertenecía a la misma categoría que las obras literarias de la época, tenía características singulares y sorprendentes que estaban más allá de la capacidad del ser humano para producirlas.

La dulzura de las palabras del Corán y la atracción ejercida por los versículos del libro de Dios, llenó los corazones de los árabes con una nueva sensación y percepción. Su profunda atención se fijó en esta confianza divina que había sido dirigida hacia ellos, en esta obra inimitable. Versados como estaban en las artes y sutilezas de la retórica, se dieron cuenta de que la extraordinaria elocuencia del Corán iba más allá del poder del hombre para producirla. Resultaba imposible que alguien pudiese escuchar el Corán y comprender su significado sin ser afectado profundamente por su poder de atracción. Desde el comienzo de la Revelación, el Corán fue, ya desde entonces, el factor más importante que encauza al ser humano hacia la religión de Dios.

Por otra parte, si el profeta del Islam hubiera realizado un milagro aparte del Corán, dada su estructura mental, no solo no habría tenido ningún sentido para la gente sino también habría abierto un camino para todo tipo de dudas y vacilaciones. No obstante los árabes de esa época, quienes fueron atendidas por el Corán nunca podrían tener duda acerca de su extraordinaria elocuencia, por lo que ellos eran muy conscientes de todos los misterios de la retórica ya que vivían entre ellos, maestros de la lengua y la composición literaria.

Al mismo tiempo, de ahí que el Corán ha llegado a ser un milagro eterno y dispuesto a propagar la ciencia y el aprendizaje entre los seres humanos, ha considerado también como un milagro científico. Se ha expuesto de manera más elocuente, realidades de una naturaleza metafísica junto con todo lo que alude (aunque son escasos) a la felicidad de la miseria del ser humano. Si bien para los no familiarizados con el idioma árabe, su prodigio casi no es sensible, se puede percibir su naturaleza milagrosa de los significados y contenidos.

La limitación en el tiempo de los milagros realizados por los profetas anteriores era una indicación de la transitoriedad de sus religiones así como de las leyes que trajeron. Por el contrario, el milagro que acredita la profecía de Muhammad (p), no puede ser temporal y limitado, porque su mensaje es universal y representa la culminación de todas las religiones anteriores; su profecía requiere un milagro eterno, una prueba brillante y elocuente de su inmortalidad.

Un mensaje permanente debe manifestar a la humanidad un milagro permanente, que avance con el tiempo, que de la misma manera que ofreció una prueba convincente a la gente del pasado, puede hacer lo mismo con la gente del futuro. Un milagro efímero que sea imperceptible para las generaciones futuras, no puede se considerado como una fuente de referencia válida o como criterio para el futuro.

Por esta razón, el Corán se presenta como un milagro permanente y duradero, como la manifestación final de la revelación de Dios. El propio Corán dice:
“La Palabra de tu Señor, el Corán, es completamente cierta y justa. Nadie puede alterar la Palabra de Dios. Él es Omnipotente, Omnisciente.” (6:115)

Desde el primer día, cuando presentó su religión como una facultad del pensamiento universal, cuya influencia no conocía límites geográficos ni étnicos, el profeta del Islam revela esta prueba de su naturaleza de Mensajero a toda la humanidad, como una prueba viviente que representaba el último capítulo de la historia de las misiones y de los movimientos proféticos.

El Corán no es un arma ideológica que puede ser usada temporalmente para elevar un sistema social de un nivel inferior a otro superior, en un periodo concreto de la historia, sino que presenta la ideología permanente del ser humano que vive en el orden social e intelectual del Islam.

El milagro que acompaña a la misión del amado Profeta del Islam pone fin a todos los mensajes anteriores, como si hubiesen sido transmitidos para un tiempo determinado. En su estilo único, el Corán proporciona al ser humano toda la orientación necesaria, ayudándonos del conocimiento de las circunstancias que llevaron a la revelación de algunos versículos, de la mención de relatos históricos, de las descripciones de los acontecimientos que tuvieron lugar durante la vida del Profeta o mediante varios símiles y ejemplos que afectan a las diferentes cuestiones de la vida humana. Así, el Corán conduce al ser humano hacia un grado superior. Tras analizar las historias y los hechos contenidos en el Corán, que incluyen además un modo distintivo de la sintaxis coránica, es posible deducir ciertos principios generales.

Aunque el descenso gradual y ordenado de la revelación coránica fue considerado como un defecto desde el punto de vista de las personas superficiales e ignorantes, de hecho, debería ser reconocido como un factor decisivo en el triunfo del mensaje del Profeta, dadas las condiciones de la época y los acontecimientos con los que se enfrentó.

Así como las enfermedades crónicas requieren un tratamiento a largo plazo, una lucha continua contra los factores que constantemente impiden al ser humano percibir las verdades de la existencia, y que se interponen en el camino de su crecimiento y desarrollo, debe cimentarse en una sólida base y en una organización social integral. Solamente entonces será capaz de alcanzar sus objetivos en un período de tiempo y guiar a los seres humanos a su último propósito: salvarse de la autoalienación.

Aquellas soluciones cuya eficacia no trascienda los eventos limitados por el tiempo y el espacio, no serán capaces de resolver los problemas del ser humano. El Islam representa el único sistema capaz de responder a esos problemas debido a la atención que presta a todos los fenómenos.

Para los musulmanes, milagro del Corán es una cuestión de fe religiosa; para los intelectuales e investigadores, se trata de una cuestión de creencia científica. El Corán posee una notable amplitud y riqueza, tanto en lo que atañe a su visión del mundo y a su contenido científico, como a su capacidad para guiar a la persona y la sociedad. Todavía hay muchos asuntos en el Corán que llaman a la investigación y esperan a ser descubiertos por una indagación adicional.

La extraordinaria riqueza del Corán

El Corán representa la principal fuente de todas las investigaciones relativas a la doctrina islámica de pensamiento. Además, en todos los siglos y en todas las partes del mundo, no solo puede servir como base para una sociedad desarrollada y libre, que permite a las capacidades y potencialidades ocultas del ser humano florecer en todas sus dimensiones, sino que establece una ruta de acceso hacia la sociedad ideal y el gobierno de Dios.

Más de catorce siglos han transcurrido desde la revelación del Corán. A lo largo de este período, la humanidad ha sufrido numerosos cambios, pasando por varias etapas de desarrollo y progreso, en las que ha alcanzado un conocimiento más completo de los misterios de la creación. Sin embargo, el Corán en ha mantenido todo momento su presencia orgullosa y digna en el escenario de la historia humana.

Cuando este primer milagro llegó a existir, en un tiempo en que las bases del pensamiento humano no se habían desarrollado completamente, sirvió para demostrar categóricamente la condición de Mensajero del Profeta del Islam. En la época actual, cuando el ser humano descubre en el Corán las indicaciones más y más evidentes de su concordancia con su propio progreso en la percepción, en el conocimiento y la civilización, el Corán sigue en pie como un milagro permanente, histórico, y como una prueba universal vital de la veracidad del Último profeta. El incremento del conocimiento humano y la apertura de nuevos horizontes de pensamiento nos han dado la oportunidad de beneficiarnos más plenamente del Corán que las generaciones pasadas.

Si el Corán hubiera sido capaz de establecerse sólo en un segmento de tiempo determinado y en un entorno espacial limitado, no podría avanzar milagrosamente junto con el tiempo. La razón de la vitalidad eterna y de la autenticidad del Corán es que siempre ha sido una fuente de guía espiritual y un orden frente a los avatares del tiempo.
La historia da testimonio de que la aparición del último profeta y su modo de actividad dentro de la sociedad marcaron el comienzo de una nueva etapa en el pensamiento humano, en el raciocinio, en el desarrollo y expansión de la voluntad y, además, en la independencia del ser humano. En su impulso hacia la madurez, el ser humano ha avanzado en sus investigaciones, desde la etapa de mera observación a la de pensamiento y, así, un examen profundo y exacto de los fenómenos ocupó el lugar de la asunción simplista. Todo esto está indicado por el hecho de que la aceptación, por parte de los seres humanos, de la verdadera fe ya no estaba basada en los milagros que involucran fenómenos sobrenaturales o extraordinarios, como fue el caso con la misión de los profetas anteriores.

Recurrir a la fe basada de conocimiento, lo que el Corán invita a los humanos en varias ocasiones, representa en sí mismo el milagro obrado por el mensaje celestial del Islam. La confianza en los milagros sensoriales no habría sido compatible con la naturaleza del mensaje divino final y con su objetivo de salvar al ser humano y fomentar el crecimiento de su intelecto. Dios, por tanto, prepara al ser humano a lo largo de miles de años, para recibir la versión final.

Nuestras investigaciones sobre el Corán sólo pueden ser útiles cuando vaciamos nuestra mente de todas las ideas y actitudes preexistentes, porque las convicciones fanáticas sobre el contenido del Corán producirán nada más que estancamiento mental e inmovilidad. Esta es una trampa que cualquier investigador consciente debe evitar.

Es una realidad innegable que el Corán es demasiado elevado como para ser un libro producto de las ideas y opiniones de un grupo de académicos. Aún más imposible resulta que lo haya producido una sola persona o que haya sido recogido por ella a partir de otras fuentes, máxime tratándose de una persona que era iletrada, que ni siquiera había estudiado y que había crecido en el medio ambiente degenerado de la Península Arábiga de aquel momento, un ambiente que era totalmente ajeno a la ciencia y a la filosofía.

Si tenemos en cuenta el sistema y programa ejecutivo propuesto por el Corán para la elevación del ser humano y compararlo con las leyes y los sistemas del pasado, nos damos cuenta de que no solo no ha pedido prestado nada de ellos, sino también no se parecía a ellos. Representa un fenómeno totalmente nuevo, original y sin precedentes en su carácter fundamental, y entre sus nobles objetivos son la transformación de las sociedades humanas y su reestructuración sobre la base de la justicia, la igualdad y la libertad de las masas oprimidas y marginadas.

El Corán habla detallamente de la historia de los profetas anteriores y de sus comunidades, refiriéndose constantemente a los acontecimientos que ocurrieron durante sus misiones. Cuando nos enfrentamos a los relatos contenidos en el Corán, los acontecimientos se nos presentan en contacto directo con la realidad, de una manera sin precedentes. Todas las referencias que abarcan, directas e indirectas, nos familiarizan con la esencia misma de la Verdad. Es, pues, totalmente imposible que las narraciones del Corán sean tomadas de la Toráh o de los Evangelios. El Corán cuenta siempre las historias de profetas en un marco positivo, cambiándolos y modificándolos a fin de purgarlos de toda ignominia y los elementos contrarios al monoteísmo puro, a la razón y al pensamiento religioso. Una copia habría dado lugar a la mera imitación, y habría sido completamente negativa.

El Dr. Maurice Bucaille, erudito francés, dice lo siguiente: "En Occidente, los Judíos, cristianos y ateos son unánimes en afirmar (sin una pizca de evidencia) que Mahoma escribió el Corán o lo había escrito como una imitación de la Biblia. Se afirma que los relatos de la historia religiosa en el Corán reanudan las historias bíblicas. Esta actitud es tan atolondrada como afirmar que Jesús engañó a sus contemporáneos inspirándose en el Antiguo Testamento durante su predicación: el pleno Evangelio de Mateo se basa en esta continuación del Antiguo Testamento.

La existencia de una enorme diferencia entre la descripción bíblica y los datos del Corán acerca de la creación, nos hace subrayar una vez más que las acusaciones formuladas contra Muhammad (p) desde los inicios del Islam, en el sentido de que copiaba las descripciones bíblicas, son totalmente gratuitas. En cuanto a la creación se refiere, esta acusación es totalmente infundada. ¿Cómo podría un hombre que vivió hace 1.400 años hacer correcciones en la descripción existente de tal manera que se eliminasen los materiales científicamente inexactos, afirmando por su propia iniciativa  aquello que la ciencia habría  sido capaz de modificar desde aquel tiempo? Esta hipótesis es completamente insostenible. La descripción de la creación ofrecida en el Corán es muy diferente a la de la Biblia."

Teniendo en cuenta estos factores, ninguna persona amante de la verdad puede concebir un origen que no sea la revelación divina para el Corán, el cual no es sólo un libro sino también una prueba de la condición del Mensajero y una manifestación de los milagros que apoyaron al Profeta.

El Corán, lo que llegó a ser el milagro profundo, brillante y eterno del Mensajero de Dios, permite que las enseñanzas y leyes del Islam preserven su validez a través del tiempo. Los mandamientos e instrucciones divinas se reflejaron en frases y oraciones que se tienen por milagrosas, expresando así la voluntad de Dios para la preservación de la religión frente a los asaltos de enemigos rencorosos y de la frustración de sus conspiraciones.

A través de la permanencia y de la estabilidad del molde en el que los mandamientos de Dios forman un único conjunto, estos enemigos que se posicionarían en su contra con el fin de distorsionarlos, fallan permanentemente en el logro de su objetivo: las enseñanzas eternas y las leyes de Dios van a perdurar en el tiempo, inmunes al cambio o a la distorsión.

Otro aspecto milagroso del Corán que ha tenido un gran efecto, es la transformación revolucionaria que ha producido en la civilización humana. Una cuestión que llama la mayor atención en el estudio del Islam es el hecho de que no recibió la ayuda de factores externos a sí mismo cuando empezó a crear el núcleo de una sociedad universal a partir de un pueblo disperso y desunido que carecía de toda ciencia y del pensamiento libre y que ni siquiera trataba de unificar sus tribus constituyentes. Y con ese comienzo, además, funda una civilización única, grande y espiritual. Todos los factores para alterar el mundo, para proponer una legislación internacional bajo el lema de la unidad entre razas, pueblos y clases sociales, para crear un movimiento de salvación del pensamiento y de ennoblecimiento de la sabiduría, se derivan del texto del Corán, de la cultura que surgió a partir de este libro y del orden islámico. El Islam nunca se basó en un gobierno o un poder situado fuera de la sociedad creada por él mismo.

Incluso los agresores que atacaron a los países islámicos y triunfaron sobre los musulmanes, gracias a su superioridad militar, perdieron su dominio al final, cuando se enfrentaron con el poder espiritual del Islam, adoptando la religión de la gente que habían conquistado. La historia de las naciones no registra ningún otro ejemplo de un agresor victorioso, adoptando la religión del pueblo derrotado.

Referencia: Sayyid Muytaba Mousavi Lari
Traducido por: Amir Abbas Mousaví

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